Getting To Sirius Getting To Sirius

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Duffstep DuffstepGetting To Sirius

7.1 / 10

Duffstep  Getting To Sirius JOIN THE DOTS

El alias musical de Jeremy Duff es quizás uno de los más confusos de la escena. Cuando uno lee Duffstep inevitablemente piensa en la célebre cerveza de Los Simpson; y en dubstep. El resultante de esta unión de ideas es que el productor que se esconde bajo dicho alias reparte una suerte de dubstep cargado de samples de música comercial acompañados de wobble, algo parecido a lo que hizo Coki en su día con su “Spongebob”. Sin embargo, lo que Jeremy Duff factura con este alias está tan alejado de esta escisión cochina del dubstep como lo podría estar de la copla. El londinense tiene un pasado musical rico en otros contextos como el del house y el del 2step, además de su alter ego Duff Disco especializado en disco edits. Todo ese bagaje musical, además de un buen puñado de influencias dub, retazos de soul, funk y demás corrientes de tempo pausado y de allureelegante quedan plasmadas en este “Getting To Sirius”, que es de todo menos dubstep.

El debut en largo de Duffstep es uno de esos discos bonitos, brillantes no en resultado sino en sonoridad; un disco que aporta luminosidad pero cuya escucha es claramente nocturna (alejado de la pista de baile pero sí apropiado para esas primeras copas en el recogimiento del pub). Ninguna de las canciones destaca por encima de otra, no hay ningún tema que rompa la linealidad del sonido, ni para bien ni para mal. Un disco maravilloso para musicar un encuentro entre amigos delante de una cena especial, un buen baño caliente con bolitas de aceite perfumado o para descorchar una botella de vino con claras intenciones de cópula. Este detalle, el de la intención de copular, no creo que sea producto de mi imaginación únicamente. Entre los títulos de las canciones – “My Kiss”, “Your Touch”, “Love”– predomina el caudal léxico amatorio y sexy, de la misma manera que predominan el sonido de saxos, pianos o pellizcos de guitarras y bajos en la letanía, sonidos que invitan a aflojarse, como mínimo, la corbata. El tempo pausado de la mayoría de las canciones acerca el resultado a la electrónica pausada de los noventa – “Happy Days”, por ejemplo, podría caber perfectamente entre las producciones que hicieron célebre a Moby, mientras que “On & On” o “Close Your Eyes” tienen un regustillo entre el trip hop bristoliano y la electrónica lounge facturada por Thievery Corporation–.

Aunque Jeremy Duff desdoble sus nombres artísticos para delimitar sus facetas creativas, la desconexión entre ambas vertientes no es completa. Basta escuchar “Backseat”, que es como si Barry White se dedicara a hacer dub de nuevo cuño en la otra vida, o la mitad de “Close Your Eyes”, que muda su piel a mitad de canción para doblar su rítmica en una suerte de disco electroso. Y este cruce de estilos se agradece, pues añade un toque de chispa a un disco que, de lo contrario, sería demasiado lineal. Quedarse dormido en la bañera o, peor aún, quedarse dormido durante la cópula, no mola un carajo.

Mónica Franco

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