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Willie Isz Willie IszGeorgiavania

6.9 / 10

Willie Isz  Georgiavania LEX

Podríamos hablar, por ejemplo, de la crisis galopante que sacude al avant-rap desde hace años. Daba la impresión de que esto tenía que ser el futuro del hip hop –parecía razonable que eso de unir calle y futurismo fuera una buena idea; por dios, ¿cómo no podía serlo?–, pero el problema estaba en confundir futurismo, o experimentación, con excentricidad. Así no se puede tener rap avanzado: lo que se tiene es un conjunto de raperos que se miran el ombligo, maravillándose de sus ideas iluminadas, de su amplia capacidad para rimar ‘diet coke’ con ‘ad hoc’, y que se han distanciado de su público natural, el urbano y negro, a la vez que aburrían a los blancos, indies y con estudios universitarios, que permanecían como el único sector de aceptación social posible para estos vendedores de alfombras. Antes, Buck 65 era el rapero favorito de Thom Yorke, pero el canadiense se enredó en un laberinto de folk y canción protesta que ya no le aguanta nadie, y antes también Anti-Pop Consortium salían en la portada de The Wire. ¿Ahora? Se reunieron, pero a nadie le importó. Como si hubieran muerto.

Dicho esto, vayamos a Jneiro Jarel, una de las figuras que, en estos últimos años, ha estado cerca del trono vacante del avant-rap. Lo suyo es de manual: como si se hubiera leído los libros de Kodwo Eshun –y se hubiera reconocido en la teoría del afrofuturismo y el puente invisible del blackatlanticism, que es la línea histórica y emocional que une a la música y la cultura africana con la afroamericana–, el neoyorquino, pero afincado en Filadelfia, lleva años enfrascado en proyectos de destilación, renovación y embellecimiento intelectual de la música negra, reinterpretando hip hop y funk como mandan los cánones de revistas tan hipsters como Wax Poetics: pasando de la calle marrana y acudiendo a enfoques sancionados a favor por la intelligentsia como la blaxploitation, el coleccionismo de deep funk, el jazz fusión y los discos conceptuales. Aunque Jneiro cuenta con una década entera de beatmaking a sus espaldas –entre el avant-hip hop y el broken beat, es decir, entre un hip hop marciano y un jazz-funk microsampleado y muy del gusto europeo–, su nombre ha sido ampliamente aceptado en el circuito electrónico y del rap de gafas de pasta desde su anterior proyecto, Shape Of Broad Minds, cuyo único álbum, “Craft Of The Lost Art” (Lex, 2007), poliédrico laberinto de beats y homenajes a las leyendas del jazz que era el reflejo purista de lo que están haciendo productores mucho más vendidos al negocio como Danger Mouse: arsenal inacabable de samples imaginativos, conocimiento enciclopédico de la música negra, tanto que ese conocimiento les empuja a querer trascender, superar a los maestros, obligarse a entrar con letras de oro en esa misma historia.

Willie Isz es la colaboración de Jneiro Jarel con Khujo Goodie, uno de los raperos del grupo sureño Goodie Mob, lo que arroja un paralelismo inquietante. ¿No era el líder de Goodie Mob, Cee-Lo, el que trabaja con Danger Mouse en el proyecto Gnarls Barkley? Ojo con eso. ¿Es Willie Isz el intento de Jneiro una descarada y desesperada maniobra para hacer su propio Gnarls Barkley en versión indie? “Georgiavania” atufa a disco conceptual y programático al fusionar el estado de Georgia, orgullo del sur, con Transilvania, región de vampiros: Willie Isz imaginan un territorio en el que los negros son chupasangres –suposición: igual está enganchados a la serie “True blood” de HBO–, en el que el sur es un pantano infestado de mosquitos de metro ochenta que, en vez de picar en los brazos de la gente, son la propia gente y dicen ‘yo’, ‘biaaatch’ y ‘my nigga’, pero en plan educado, cultivado. “Georgiavania” es un estado mental y musical parecido al de “Stankonia” de OutKast, pero sin hits, sin penetración en la radio, sin incidencia entre el público negro, porque su fusión de rap, funk, electro, crunk y rock es como engendrar un hijo en probeta, mientras que lo de Outkast es sobre el mármol de la cocina y de tres en tres sin sacarla.

Demasiado arty, tanto, que pierde gran parte de encanto. Gnarls Barkley es un intento igualmente ambicioso y altivo, pero acaba siendo pop fresco, tarareable. Jneiro es de los que desprecia a las masas, ni siquiera tiene la habilidad de sus admirados Q-Tip o ?uestlove para rizarse el afro y ser el más negro del barrio, y así “Georgiavania” le queda entre freak –todo el rato hay voces que imitan a fantasmas, y ruidos inesperados– y solemne, perdido entre el futuro y el pasado en un presente que otros nombres han demostrado saber leer mejor que él, llámense MF Doom, Madlib o incluso esos Tanya Morgan de los que hace poco os hablaban aquí. Si haces hip hop, leer mucho puede ser un problema.

Juan Pablo Forner

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