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Álbumes

Soul Center Soul CenterGeneral Eclectics

7.8 / 10

Soul Center General Eclectics SHITKATAPULT

No recuerdo ningún disco de Thomas Brinkmann hecho en broma. Los recuerdo, eso sí, con mucho sentido del humor –o bastante ausencia de sentido del ridículo–, pero todos con un trasfondo muy serio desde la base. A veces, el alemán ha optado por el sample fuera de contexto –como cuando insertaba música de Mardi Gras sin salir del férreo esquema minimal techno en “Charleston”, el último corte de “Lucky Hands” (2005)–, pero nunca se podrá decir que sea un clown. Su último álbum publicado hasta la fecha, el siniestro “When Horses Die…” (Max.Ernst, 2008), era su exploración de la técnica de cantautor, le descubríamos escribiendo y masticando letras, operando con instrumentos como la guitarra, musitando letanías que podrían haber venido de lords oscuros como David Sylvian o David Tibet. En definitiva, sería difícilmente concebible que de Brinkmann llegara un álbum liviano y sin sobreesfuerzo conceptual, y por eso la primera reacción al ver una copia física de este “General Eclectics” es tan chocante: nunca antes T.B. había pensado en una portada tan escatológica –por si no se han fijado bien, es la abundante meada de un caballo–, a pesar de que en la nota de prensa se justifica como una referencia a la portada de “Haus Der Lüge” de Einstürzende Neubauten–, y en general nunca un disco suyo había sonado tan “alegre” dentro de la habitual rigidez estructural de su techno con olor de Colonia.

Digo alegre porque la mayor parte de los diez cortes tienen swing –en especial “Boot Box”, al que me parece detectarle un sample de las teclas del “Cantaloupe Island” (Herbie Hancock) y un deslizamiento armónico propio del jazz antiguo pre-bop– y también porque, aunque Brinkmann ha vuelto a su techno de siempre, muy de la escuela Profan / Studio 1 / Kompakt (primera etapa), lo complementa siempre con notas, voces o giros que ayudan a relajar los músculos de la cara: samples de difícil identificación cuyo origen él siempre se reserva –recordemos aquí que lo que firma Brinkmann con su nombre tiene orígenes diversos como la manipulación táctil y la mutilación del vinilo o los found sounds grabados en diferentes localizaciones; en cambio, Soul Center tiene una base siempre sampleada, en el origen viejos discos de Stax y Motown– y que le dan un sabor distinto a la mezcla. Este techno está cocinado con las mejores especias.

Por eso, siempre entran bien los discos de Brinkmann. Éste no es una excepción, aunque confieso que ya no me sorprende ni me estimula como hace unos cuantos años, cuando empecé a coleccionar algunos de los vinilos de aquella serie publicada en Max.Ernst en los que cada cara llevaba un nombre de mujer. El tipo de techno sigue siendo en esencia el mismo, no ha cambiado en lo fundamental –sí en detalles particulares–, y me cuesta encontrar algo que anime a pensar que ha habido una transformación completa de su método de trabajo que pueda repercutir en los resultados. De hecho, buena parte de “General Eclectics” suena old school –al techno del oeste alemán de finales de los 90, toda la escuela Mike Ink de la que Brinkmann es el primer y mejor discípulo– y también a cosas recientes como el sonido Spectral Sound ( “Walk With Me” tiene una voz que podría ser la del primer Matthew Dear) y, en especial, el de M_nus. De hecho, la grafía de “Fu_ky Du_ky”, con ese guión bajo, puede despertar sospechas sobre si se trata de un ataque, un homenaje o una referencia gratuita, pues suena a una versión musculosa del material clásico de Marc Houle o Troy Pierce.

Pero igual todo esto son fantasmas. Brinkmann vive aislado del mundo y de la escena, sin buscarse líos ni amistades, cómodo en su caravana, y su techno siempre es personal, nunca trabajado en respuesta a nada. Lo que sí hay es un hilo conductor invisible desde el segundo corte ( “Hal2010”) hasta el último ( “Dyr Bul Scyl”), que es el concepto de “futurismo”. Antes decía que no había grandes sorpresas en “General Eclectics”, y es cierto. Pero a la vez es uno de los discos más consistentes de inicio a fin de Brinkmann, y también uno de los más ricos en posibilidades para pinchar. No sorprende, sin duda, pero es útil, aprovechable, uno de los más hedonistas –funciona menos en casa que en el club; esto es una pequeña novedad–, y tiene dos detalles marca de la casa como son el sampleo de voces grabadas de los poetas futuristas rusos Vladimir Mayakovsky (“Dyr Bul Scyl”) y Aleksei Kruchenykh ( “Schumi(ichi)”). Por tanto, ese futurismo del álbum hay que entenderlo como un regreso a un momento anterior en el que se avistaban posibilidades que, hoy, en el presente, y con la perspectiva del tiempo, vemos que no se han cumplido, ni siquiera se han explorado. En el caso de Brinkmann, quizá subyace la frustración por ver cómo aquel techno rígido, formal y experimental de Colonia en el que él participó nunca tuvo como resultado un disco así, con un equilibrio admirable entre humor, experimentación e invitación al baile. Llega ya tarde, pero llega al menos.

Richard Ellmann

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