Gemini Gemini

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Wild Nothing Wild NothingGemini

7.5 / 10

CAPTURED TRACKS

El arte menor de la polémica pop dicta que hay dos clases fundamentales de discos: aquellos que requieren un esfuerzo, que nunca nos revelarán su cara más dulce sino después de cierta brega, de una exposición continuada, atenta y paciente, y aquellos que por el arte del don pop (un don que tiene mucho que ver con la costumbre y las leyes de organización de nuestro aparato perceptual de acuerdo a principios de reconocimiento, de agrupación por semejanza o continuidad) gustan sin esfuerzo, se pegan a nuestras aurículas desde el primer momento. El disco de debut de Wild Nothing cabe con holgura en el segundo de esos grupos. Y no tanto por ser un disco redondo -que no lo es, ni mucho menos-, sino por caer en terrenos de costumbre; por encajar en esos modos de obrar que con el tiempo, y a fuerza de repetición, han acabado adquiriendo fuerza de precepto pop. En otras palabras: por mucha profundidad que aporte el reverb, por mucha base electrónica a la que se recurra, “Gemini” es un trabajo de intenciones revivalistas y formas eminentemente canónicas. Uno de esos discos que, aún sin aportar nada nuevo o distinto, sin apartarse demasiado del resto, nos gustan. Y nos gustan precisamente por eso: por lo encantadoramente familiares que pueden llegar a resultar tanto sus timbres, como las emociones que esos sonidos suscitan.

Es empezar a sonar “Live In Dreams”, con sus ánimos escapistas y su arrebato romántico ( “Our lips won't last forever and that's exactly why I'd rather live in dreams and I'd rather die”, reza el estribillo), y sentir como en la cabeza empiezan a arremolinarse nombres (The Cure, The Wake, Felt, The Field Mice, The Sea Urchins, The Go-Betweens... hasta puedes llegar a pensar en qué hubiera pasado si los primeros Hood hubieran sentido alguna vez nostalgia por la época heroica de Postcard y Sarah Records) que no te abandonan hasta que el disco suelta su última nota. Estamos pisando terreno conocido. Aunque en la guerra entre el desinterés por lo ya visto y la celebración del gozo nostálgico a menudo acabe ganando el segundo de los frentes. Esa victoria hay que achacarla a canciones exuberantes, adictivas y llenas de vida como “Summer Holiday” (todo un hit pop que hace gala de un interesante contrapunto entre la viveza de guitarras y ritmos y el humor perezoso con el que Jack Tatum despacha sus frases) o “Confirmation” (una canción que suena como cegada por su propia luz, a medio camino entre el post-punk frío de For Against, The Radio Dept. y el resplandor de la nueva hornada glo-fi). También a “Gemini” (una de las más Felt- ianas del lote, aunque en su último tramo se algodone y se eleve hacia el cielo del pop silbante, dreamy y nebuloso de ascendiente shoegaze), “My Angel Lonely” (aquí uno respira aires suecos, aunque no sepa decir por qué) y, sobre todo, “Chinatown”, la gran canción de este primer largo de Wild Nothing, estratégicamente colocada en su tramo final para dejar en el paladar un regusto muy dulce que podría de otro modo haberse quedado en resabio. Atiendan a la letra para ver que “Chinatown” es una canción triste, una plegaria nacida del más hondo desencanto, que sin embargo se percibe como expresión de puro gozo, como si fuera una gran sonrisa dibujada en el cielo de la lozanía pop. Formidable paradoja.

Algo más alejadas del centro estético del álbum se muestran temas como “Pessimist”, haciendo uso del loop y del sampler, congestionando las atmósferas como lo haría un Deastro privado de sus máquinas para el ritmo y con el ojo puesto en Cocteau Twins. O “The Witching Hour”, con sus guitarras dignas de Manuel Göttsching, una línea de bajo que le debe tanto a Simon Gallup como al dub, y una base seca, sorda, que invita a pensar en ese cuarto oscuro que fue la mente del productor Martin Hannett. A pesar de su carácter residual, ambas brillan por encima de más claras apuestas por la redondez pop como “O Lilac” o “Our Composition Book”. La primera juega en la misma liga que The Pains Of Being Pure At Heart, Minks o The Drums, pero a pesar de contar con melodías notables, el conjunto suena fallido, fatigado, o flaco, como a falta de un último hervor. La segunda es pura xerografía twee, una canción llena de brillos que cabría sin problemas al lado de Moving Pictures en el primer catálogo de Siesta. El problema es que cuesta encontrar emociones con poso entre sus candorosas formas.

Visto en perspectiva, “Gemini” es un álbum que ejemplifica buena parte de los valores, buenos y malos, del underground pop de ahora: es un disco que se las apaña para sonar suficientemente contemporáneo a pesar de su clara fijación por el pasado; que hace de su imperfección y sus aires espontáneos un grifo de supuesta frescura que sirve para ocultar a la vista las páginas de un obvio y patente libro de estilo. En última instancia es el talento para las melodías de Tatum el que hace de estas canciones algo verosímil (con vida y calado propio al margen de sus influencias). Un catálogo de hallazgos pop quizá no siempre bien resueltos, quizá pendientes de desarrollo, pero dueño de atractivos suficientes como para que se produzca el enganche. Habrá que ver si el efecto dura más allá de unos pocos meses.

Luis M. Rguez

Wild Nothing - Live In Dreams

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