Gardens & Villa Gardens & Villa

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6.5 / 10

 Gardens & Villa  Gardens & Villa SECRETLY CANADIAN

Si es la mejor forma de gustar a alguien consiste en utilizar la imaginación, entonces Gardens & Villa van por otro camino y lo que desbordan es adulación. Adulan, sobre todo, a Yeasayer, a Prince, a Bowie, a The Beatles, a una extensa lista de celebrados visionarios. Y hay un problema en todo esto: rindiendo tanto tributo a los demás, lo que hacen es camuflar su formidable talento.

Hay, eso así, algunas excepciones notables en este su debut homónimo. “Chemtrails” es un glorioso ejemplo de glo-fi empapado de reverberación; desborda esa cualidad shoegaze que acaban difuminándose hacia los extremos, como una canción de Beach House. Se les puede incluso perdonar esa letra a la manera de John Lennon cuando iba demasiado subido de LSD, y también el gruñido de unos Grizzly Bear a los que saquean a conciencia, sobre todo porque las melodías les salen cadenciosas, afectadas, del mismo modo en que las armonías suenan lánguidas. Hay algunos adornos muy imaginativos, también, con los que consiguen un cierto sonido propio. Así es con “Star Fire Power”, que sigue el sendero synth-pop de Phoenix, mientras que “Black Hills” y “Cruise Ship” quedan maravillosamente envueltas de una vibración particular. De entre todas las canciones, hay una que destaca en especial: “Orange Blossom”, algo así como Prince con flautas de pan tocadas a media velocidad; es tan suave como R Kelly versionado con sonidos de Casio, su propia idea –encantadora, extravagante– de ese pop que habla sobre la depredación sexual: “ think of me like a swarm of bees / buzzing around your leaves / to pollinate means ecstasy / orange blossom / pheromones take me”, dicen.

Sin embargo, y por desgracia, Gardens & Villa se mueven por momentos también entre lo sublime y lo fuera de lugar. “Thorn Castles” plantea varias serias dudas (es como si Men At Work repitieran proclamas descerebradas sobre una demo de sonido new wave), y todavía más a la altura de “Spacetime”, una pieza tan trillada que parece la parodia de David Bowie que hicieron Flight Of The Concords. En “Sunday Morning” mi escepticismo florece: no parece haber rastro de su propio ingenio. Caminan lenta y pesadamente, como el “Revolver” de los Beatles sonando en un walkman con las baterías a punto de agotarse.

Gardens & Villa son cinco jóvenes muchachos de Santa Bárbara, California, apadrinados nada menos que por Richard Swift y que se tomaron la molestia de conducir durante 14 horas para irse a grabar con él. Están artísticamente enamorados del maestro, eso está también claro: han metabolizado su influencia con mucho orgullo. De todos modos, al componer canciones que remiten siempre a otras canciones y no a sus verdaderas posibilidades, Gardens & Villa han terminado por silenciar su talento. Resulta algo frustrante, pues hay mucho potencial aquí, pero lo que necesitan es independencia para así remontar el vuelo. Es difícil establecer una conexión emocional con un calco. Gardens & Villa tienen futuro, pero ahora mismo ofrecen poco más que nostálgicos réquiems de las memorias de otros, nostalgia por el amor perdido de otras personas.

Jessica Jordan-Wrench

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