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Álbumes

Lone LoneGalaxy Garden

8.4 / 10

Matt Cutler es entrañable porque es transparente en sus intenciones y sus resultados. Lo que promete lo cumple y actúa con un candor que no muchos artistas de su generación comparten. Sus discos son excursiones escapistas a territorios utópicos y zonas sólo holladas por la imaginación más fértil y se vuelven tan adorables precisamente porque lleva esta fantasía –nostálgica, ingenua– a sus últimas consecuencias. No se sabe hasta qué punto es una nostalgia del fenómeno rave de los 90s –era un niño cuando toda Inglaterra se echaba al campo en aquellos maratones mascachapas de fin de semana–, pero sin duda lo que hace se explica por un deseo frustrante de haber vivido una época a la que sólo ha podido acudir vía documentación a posteriori y tras una sobredosis de escuchas de viejos discos de intelligent techno, hardcore breakbeat e imports llegados de Detroit y NY. Uno de los nuestros, vive dios que sí.

Decíamos que sus intenciones y resultados son cristalinos, y ahí está todo, a la vista, en el título de su nuevo álbum, “Galaxy Garden”: el deseo de explorar lugares remotos e inaccesibles y la esperanza de encontrar paraísos en otros planetas, arcadias siderales en las que, como en una nueva Edad de Oro, explota la naturaleza más maravillosa que se pueda imaginar, resuena música celestial y la nueva raza puede dedicarse a la holganza y al epicureísmo. Lone está completamente desapegado de la actualidad e incluso de la sociedad, y sus álbumes –y los últimos en mayor medida– son la búsqueda paciente de una salida, y si esa salida no existe, al menos son un refugio en el que ocultarse hasta que pase la tormenta; una torre de marfil, o una burbuja, en la que nunca dejan de sonar campanillas y pianos trotones, sintes deslizantes y voces de duendecillo malicioso. En esa torre, cómo no, sólo se escuchan viejos discos de Orbital, Acen, Beaumont Hannant, The Black Dog, Aqua Regia y 808 State, que sigue siendo los que, en su día, mejor supieron perfilar una alternativa a su tiempo presente. Con o sin ayuda del MDMA líquido –que queremos imaginar que compone el 70% de su organismo, en substitución del agua–, Lone ha vuelto a sugerir en “Galaxy Garden” una posibilidad de empatía, amistad, euforia y la opción de ser eternamente feliz.

Es su territorio y lo domina; lleva tiempo fabricando discos en los que acomodarse, y en los que primero sonaban breaks coloristas – “Lemurian” (2008) y Ecstasy & Friends (2009)–, una especie de downtempo pastoral en un mundo de silicio, y más tarde complicadas circunvoluciones rítmicas –con el tempo acelerado– con un elaborado armazón melódico y de niveles de profundidad en las capas de sonido. Como en el viejo techno inteligente, que era la mejor manera de entrar en un laberinto durante varios minutos sin miedo a quedarse encerrado para siempre, Lone nunca opta por el camino recto. Entra en sus piezas, las rodea, sube y baja, y finalmente, tras muchos giros, acaba mostrando la salida en el extremo opuesto y, de paso, va recreando épocas que le apetece recordar. Por ejemplo, “Crystal Caverns 1991”, con su polirritmia de doble hélice, responde con grandeza a los mejores momentos del hardcore de la época que indica el título; tanto ese corte como su continuación, “Raindance”, admiten que los “Trip To The Moon” de Acen son un perfecto espejo en el que mirarse: bleeps gentiles, frases de teclado que se rizan en un bucle armonioso, esa ascensión catedralicia a un plano de bienestar, esa jodida complejidad que te deja la cabeza hecha un ovillo. Sin duda, Lone ha conseguido la continuación lógica –y por momentos mejorada– de los difícilmente mejorables Emerald Fantasy Tracks y el que fuera su preámbulo, Echolocations EP.

Cuenta con las colaboraciones de Machinedrum “As A Child” es otro título de una semántica transparente, un funk cósmico que recuerda al deep house macizo de sellos como DJax-Up-Beats; “Cthulhu”, en vez de tentacular y submarino, es un ejercicio de techno espacial que admite un parecido razonable con lo más delicado de Underground Resistance o Sean Deason– y la de Anneka, que pone voces melosas a “Spirals”, otro trayecto cósmico con el beneplácito de pioneros británicos del techno de muchas dimensiones como A Guy Called Gerald o Stasis. Antes de todo eso, el disco ha manado tan fluido como un arroyo en primavera: no hay un solo momento que sobre –ni siquiera el breve interludio ambient “Stands Tidal Waves”, que está a la altura de los momentos beatless más logrados de Arne Weinberg o John Beltran–, y de principio a fin Lone protege al oyente en su burbuja de amor, en su innegociable lenguaje, que consiste en regresar al pasado para traer lo mejor de una época que recordamos feliz, boyante y ajena a las responsabilidades de la madurez. Si te preguntas por qué te ha decepcionado Wonky, la respuesta está en las muchas virtudes de “Galaxy Garden”. Y sí, ok, es un espejismo, no es prudente quedarse atrapado en su hechizo, pero es un espejismo tan real, una alucinación tan vívida, que decides que a la prudencia le pueden dar por culo. Me quedo.

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