Future Rhythm Machine Future Rhythm Machine

Álbumes

Auntie Flo Auntie FloFuture Rhythm Machine

7.5 / 10

Las rachas no están para ser desaprovechadas, hay que sacarles todo el jugo, como cuando apuramos un cartoncito de zumo haciendo ese ruido burbujeante con la pajita. Brian D’Souza está en racha y tengo la sensación de que está sabiendo aprovecharla como mandan los cánones, dando sorbos demenciales a su vaso, engullendo hasta los detritus de pulpa. El hype le apoya más que nunca, tiene fans en las altísimas esferas de la escena underground de Clublandia –Andy Weatherall y Ricardo Villalobos entre sus adeptos–, ha convertido las sesiones Highlife en una referente clubber de calidad internacionalmente reconocido y no son pocos los que le han señalado como el mesías de la nueva electrónica mestiza.

Dice D’Souza, o sea, Auntie Flo, en una entrevista para la web de Fabric que cursó psicología en la universidad para estudiar los efectos de la música sobre el estado de ánimo de las personas. Y uno no puede despojarse de la sensación de que el tipo trabaja a dos niveles: enviando ondas subliminales de jolgorio a los centros de fabricación de serotonina del cerebro (sutilmente) y apostando por el hedonismo veraniego más por la cara (bongos y bañadores).

En lo primero, da en el clavo: sus sonidos están tratados con mano de terciopelo y anteponen el masaje neuronal al chunda-chunda reptiliano. Apetece conectar este álbum en tu materia gris. En lo segundo, también es un maestro: su forma de cargar los tracks con percusiones caribeñas, arrebatos africanos y azúcar glasé latino es lo mismo que invocar la fiesta por la fiesta, el gustirrinín por el gustirrinín. Y el cabrón lo hace con una frescura vigorizante, como si fuera uno de los pocos alquimistas de la world (electronic) music capaces de ejecutar esta pirueta de fusión sin sonar ridículo o descompensado.

Eso sí, nada que los fans no hubieran escuchado en sus anteriores singles, con el celebérrimo y aplaudidísimo “Highlife” como punto de referencia. De hecho este álbum, o mejor dicho, este mini-álbum, es la consolidación y exploración en profundidad de los destellos estilísticos de sus escasas referencias anteriores. Ha estado a la altura del hype, y eso es meritorio.

En esta línea continuista, “Future Rhythm Machine” consigue desprender el calor tonificante y los sonidos calmosos de las playas más remotas, de los rincones más paradisiacos. Es un disco para escuchar durante las vacaciones. Sentado en un patín acuático con tu novia. Armado con un canuto de hierba relajante. Lo bueno de este productor de Glasgow es que asume con suma naturalidad las injerencias exóticas –muchas veces mal interpretadas en el universo technoide– y las integra perfectamente en un manto de música de baile contemporánea, con tímidas referencias al deep house escocés y al minimal berlinés, pero con un denominador común en los fondos: bass que congela píloros y refresca gaznates como un gin tonic de Bombay Shappire en pleno agosto. Son estilos que funcionan como telones de fondo para que D’Souza experimente con lo que parecen sus auténticas pasiones: las polirritmias étnicas, el afrobeat en infinitas variantes, la calentura caribeña, la sensualidad tropical.

Así pues, los bajos de espuma de “Futurismo” se solapan con instrumentos asiáticos, tam-tams ritualísticos de la sabana y sintetizadores dramáticos. Los subgraves peritoneales y la cumbia alienígena de “Haven’t Got Anybody” conviven con cascadas de folklore indochino/latino/dominicano y teclados disco. El afrofunk de “Yllw Fllw” se retuerce en un colchón de bass que retumba en las sienes. Y la samba reparadora de “He Makes The People Come Together” se sostiene en una mezcla imposible de deep house y música beduina. También cuando se ayuda de voces, D’Souza consigue firmar minutos de mucha calidad. El ghetto-tech de carnaval brasileño con Esa Williams en “I Want To Blow Your Mind” rivaliza con la sensualidad de los recitados de Mamacita en la calentísima cumbia “La Samaria”: “No tengo más tiempo, me esperan en casa, la noche se acaba”, dice la chica. El drama de siempre, joder.

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