Further Vexations Further Vexations

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The Black Dog The Black DogFurther Vexations

7.4 / 10

The Black Dog  Further Vexations SOMA / PIAS SPAIN

Tras una introducción breve, “Radio Scarecrow” (Soma, 2008) se abría con una larga suite que The Black Dog quisieron titular “Train By The Autobahn”, presumiblemente para rendir tributo a Kraftwerk. La influencia del cuarteto de Düsseldorf en el trío de Sheffield no se puede considerar decisiva del todo, pero como ocurre en cualquier proyecto dedicado a la música electrónica, siempre hay rastros (de carmín, o de aceite, o de lo que sea) que son imposibles de borrar o disimular, por muy escondidos que estén. Tanto en aquel disco como en éste se nota un gusto por el sonido del hierro y el silbido del vapor, ya sea en notas que suenan con el chasqueo del metal golpeado en un yunque o por ritmos que van a velocidades humanas como las de la bicicleta o el tren. En cierta manera, el techno que defienden The Black Dog es contrario a los ritmos supersónicos de las naves espaciales o el moderno AVE: artesanales, chapados a la antigua, tirando a conservadores. “Radio Scarecrow”, como LP, se justificaba por ese clasicismo. “Further Vexations” lo mantiene y, aquí viene lo peliagudo del asunto, lo potencia.

La historia de The Black Dog hay que entenderla en dos fases; lo que ahora se publica con ese nombre como reclamo no tiene nada que ver con lo que fue el trío original. En el principio, The Black Dog –o Black Dog Productions, que era la colección de alias que usaban sus tres fundadores– eran Ken Downie, Andy Turner y Ed Handley. Andy y Ed oficializaron una escisión en 1996 para concentrarse en un proyecto paralelo – Plaid, con una carrera de más a menos en Warp–, mientras que Ken se quedaba con el nombre artístico, aunque sin el capital humano para llevarlo adelante. Era el menos dotado para la producción de los tres, y los diez años siguientes fueron de bandazos y apatía –se dice que por un desapego indisimulado hacia la música, y con un reforzamiento de su afición por las viejas civilizaciones eurasiáticas: las asirias, egipcias, sumerias, babilónicas y persas–, hasta que se oficializó una refundación de The Black Dog con los dueños de Dust Science Recordings, Martin y Richard Dust. Ellos iban a ser los reconductores de un nombre mítico con una cotización por los suelos de la bolsa techno, con Ken Downie como banderín de enganche. Llegó “Silenced” (Dust Science, 2005), y fue un buen comienzo. “Radio Scarecrow”, en cambio, fue volver a empezar desde lo más alto.

“Further Vexations” debería ser la continuación, pero las primeras escuchas confirman que es un estancamiento. Comienza con esos mismos sonidos del metal y el vapor, y con un título muy propio de la edad dorada de la IDM como “Biomantric L-if-e”, y en su hora larga de viaje plantea escenarios y paisajes propios del techno inglés en los primeros años de la década de los noventa. Juegan la baza del revivalismo sin pudor: aprovechando la buena prensa y el desahogado margen de ventas que permite en la actualidad lo que por ahí se llama ‘neo-Detroit’ –que viene a ser la insistencia en refundar el sonido de sugestión espacial del viejo techno americano, el de los vinilos de la serie Red Planet o el de Carl Craig en sus años mozos, o el de la primera etapa de Kenny Larkin–, The Black Dog se vuelcan en los pads suaves, en los ritmos al trote y en las citas cósmicas, esa música que da la idea de amaneceres plácidos, perezosos, y noches estrelladas bañadas de calma.

En ese sentido, hasta parece un disco conceptual: el tramo central, otra suite titulada “Northern Electronic Soul” –y que se mantiene a lo largo de tres pistas–, parece querer volver a forjar la alianza entre americanos del norte e ingleses del ídem: Detroit y Sheffield, escapismo sideral y crudeza siderúrgica, paz y nervio. Si “CCTV Nation” resume los minutos bulliciosos del disco, y la citada suite es la que lo lleva al trote ligero equidistante entre el electro y el techno de Model 500, los minutos de “Skin Clock” o “Tunnels Ov Set” dan la réplica atmosférica, abstracta o misteriosa del disco. De principio a fin es un trayecto agradable o absorvente, según el nivel de implicación de cada cual, un viaje de placer como esos cruceros que no llevan a ninguna parte. Lo que no puede ocultar otra realidad: The Black Dog esconden bajo un buen oficio y una pantalla seductora una falta clamorosa de ideas para llevar el techno –o su techno– al siguiente nivel, o como mínimo para hacerlo merecedor de este 2009 en su copyright. Puestos a hacer revival, hay revival con mejores intenciones. Por desgracia, no suena tan fino. Todo este álbum es un incómodo dilema.

Juan Pablo Forner

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