Funtown Comedown Funtown Comedown

Álbumes

Bonny Billy & The Picket Line Bonny Billy & The Picket LineFuntown Comedown

8.5 / 10

Bonny Billy & The Picket Line Funtown Comedown DRAG CITY

Si cogemos el remake cinematográfico y lo extrapolamos al entorno musical, entonces obtenemos, sin duda, el concepto de versión o cover: reformular una pieza ajena adaptándola a tu propio imaginario artístico. Al ir un paso más allá, ¿cuál es el equivalente musical a Michael Haneke dirigiendo una nueva versión de su propia “Funny Games” (1997) o, en un nivel más freak, a Takashi Shimizu realizando la versión hollywoodiense de su “Ju-On” (2002)? Está claro que, en estos casos, el motor de la revisión es el talonario sobre la mesa y la necesidad de adaptar el lenguaje audiovisual foráneo a unos patrones yankis que permitan su éxito en taquilla. ¿Qué otro incentivo que no sea un buen cheque puede tener un autor para volver a hacer algo que ya dio por terminado? Will Oldham lo tiene claro: la diversión pura y dura.

La diversión es precisamente la emoción que está presente ya desde el título de la última referencia del príncipe: “Funtown Comedown” es una rareza en la que Bonnie ‘Prince’ Billy (quien, en esta ocasión, auto-lesiona al ‘Prince’ de su nombre artístico y cambia el ‘Bonnie’ por ‘Bonny’) une fuerzas a The Picket Line para revisar su cancionero por la vía del bluegrass más desprejuiciado y jovial. Puro estado mental… Y no es broma. Según el propio Oldham, Funtown es la “comunidad metafísica” en la que se grabó la sesión en directo de la que se ha extraído este álbum. La orografía de este lugar inexistente queda a juicio de quien escucha, aunque no es difícil imaginar un pueblo repleto de ajadas tabernas de madera con puertas abatibles, de polvo en las calles y rastrojos rodantes empujados por el viento. Y muchas botas camperas. Y muchas briznas de hierba entre los labios. Y muchos gorros de cowboy… Estarás pensando en Nashville, Kentucky y los Apalaches. Pero la idea también pasa por un “Deadwood” versión siglo XXI (el escenario estaría en una esquina de The Gem, evidentemente).

El resultado, partiendo de un material de calidad incontestable como es la extensa obra de Will Oldham, no podía decepcionar. Aquí se incluyen canciones originalmente firmadas como Bonnie ‘Prince’ Billy, pero también hay composiciones de la época de Palace Brothers e incluso versiones ajenas (como “ Hemlocks And Primroses”, de Ralph Stanley, o “ Rambling Fever” de Merle Haggard) seleccionadas con un sublime tino genérico y una conglomerante voluntad de homogeneidad. Es curioso que, en un tracklist que recorre una historia de varias décadas, el sonido final caiga sobre quien escucha a modo de suave llovizna de verano: puedes reparar en cada una de las gotas por separado, pero cuando más la disfrutas es cuando corres a través de ella como si una cortina refrescante se tratara. Ya sé que estamos en invierno, pero la imaginación no tiene límites… y más con estas canciones con sabor a estío (y a tabaco de mascar) bañando tu ánimo.

Gran parte de la culpa de los logros de “Funtown Comedown” recae sobre la calidad del material de partida, pero sería imperdonable pasar por alto la pericia de The Picket Line como banda de acompañamiento que acaba dirigiendo las influencias de Bonny Billy hacia unas referencias que siempre han estado allá pero que (casi) nunca se habían perfilado con tanta claridad: Buck Owens, The Dillards, The Flying Burrito Brothers… Se nota que ésta es una formación de cuerda: con esa guitarra a medio camino entre el crepúsculo y el amanecer, ese contrabajo poderosísimo removiendo los cimientos de las canciones y ese banjo trontón y cachondo forzando la sonrisa a cada nuevo gesto musical. Pero no acaba aquí el cometido de The Picket Line: cuando es necesario, corean y gritan y palmean y cantan y braman como si un ancestral espíritu hillbilly se hubiera apoderado de sus manos, sus pies y sus cuerdas vocales.

Tomando el relevo de otras voces femeninas que se han trenzado con el aullido asilvestrado de Oldham (y entre las que siempre brillará especialmente Dawn McCarthy), Cheyenne Mize pone el dulce contrapunto a las derivas etílicas del príncipe: “ You Want That Picture”, “ Rider” o la deliciosa “ Lay And Love” significan un remanso de paz adormecida en contraposición a la fiesta beoda que Bonny Billy y The Picket Line se marcan en temas como “ May It Always Be”, “ Easy Does It” o “ Idle Hands Are The Devil’s Playthings” (una despedida por todo lo alto). Por encima del conjunto, una cumbre de intensidad alumbra al resto de composiciones: el díptico que funde las excelentes “ The Glory Goes” y “ Wolf Among Wolves” acaba estallando en un coro de gritos lupinos que no pillará por sorpresa a quien haya visto al príncipe en directo… o a quien haya escuchado su mejor directo publicado hasta la fecha: “ Summer In The Southeast” (Seanote, 2005).

Puede que “versionar” la obra propia sea algo que todos los artistas hacen cuando suben a un escenario dispuestos a afrontar el directo. Pero esto es algo diferente. Esto es, al fin y al cabo, la prueba definitiva de que a Bonnie ‘Prince’ Billy le gusta jugar y divertirse: adora montar charadas y fiestas noctámbulas regadas de alcohol y canciones. Y lo mejor de todo es que aquí no hay matón en la puerta ni dress code, lo que viene a significar que no necesitas ser un experto ni en este género ni en este artista para que te den la bienvenida en la urbe: todos estamos invitados a visitar Funtown. Sólo necesitas predisposición, una brizna de imaginación… y, sí, la cerveza de importación y las botas camperas también ayudan a sentirse ambientado.

Raül De Tena

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