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Russian Red Russian RedFuerteventura

8.1 / 10

Russian Red Fuerteventura SONY-BMG

Lourdes Hernández, vamos a hablar claro de una maldita vez, ha manufacturado uno de aquellos discos que a muchos les dará rabia ver entre los mejores del año. Como ya ocurrió con Christina Rosenvinge (la antes desaparecida, que no incomprendida, protagonista del típico chascarrillo “sí, aquella del chas y aparezco a tu lado”), que logró zafarse del olvido americanizado y nos brindó aquel comeback con “Tu Labio Superior” que fue como una puñalada para los puristas de todo grupo emergente, de moda y cultureta. Russian Red hizo lo propio con aquella auténtica rareza “I Love Your Glasses” (2008) y ahora ha imitado a Rosenvinge y su verdaderamente superior “La Joven Dolores” con un espléndido “Fuerteventura”, cantautorismo personalísimo amarrando cabos en un puerto antiguo, allá por los 50s o 60s, y con una tristeza serena y madura, como la del viejo marinero de Hemingway.

Por supuesto que hay una evolución, y los simpatizantes de su primer disco quedarán encantados con los baladones “Brave Soldier” (tema sentido, controlado, de factura clásica), o las referencias musicalmente claras en “Tarantino” o “Nick Drake”. Incluso “A Hat” podría haberse incluido en su debut como último latigazo de gorgorito. Pero lo que está claro es que los nuevos derroteros tiran hacia el baile favorito de los tímidos, aquel que recuerda a guateques donde se pirateaban producciones de los Beatles. Tenemos una referencia a She & Him en “January 14th , por ejemplo, y sé que muchos sonreirán al escuchar “The Sun The Trees” (empaque de banda a lo Belle & Sebastian, y un hostión en la boca a los que echaban de menos la réplica hispana de los de Glasgow). El croonismo aparece también (a lo Gene Pitney) en “Everyday Everynight” y, en general, el sorprendido detractor de Russian Red (cuya particularidad es criticarla y escucharla a la vez) quedará seguramente a pecho descubierto al comprobar que Lourdes no solamente ha ganado versatilidad sin perder un ápice su extrañeza existencial, su lamento bello, sino que sabe mover las caderas a lo Betty Boop sin resultar facilona ( “Fuerteventura”). Y quizás también se ponga de manifiesto, ahora hablando ya en general, la tremenda capacidad interpretativa de Russian Red. Con la voz más modulada que en el primer disco, ahora juega con el oyente a que descubra sus flecos tristes en las esquinas de una palabra. Gracias al eco, al detallismo, y los coros en “I Hate You But I Love You”, Lourdes, se transforma en una máquina del tiempo y viaja hacia un estudio de grabación de la Motown, pero con menos soul y más “Mad Men”.

Jordi Guinart

“Tarantino”

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