From The Cradle To The Rave From The Cradle To The Rave

Álbumes

Shit Robot Shit RobotFrom The Cradle To The Rave

8.1 / 10

Shit Robot From The Cradle To The Rave DFA / COOP SPAIN - NUEVOS MEDIOS

Shit Robot no le ha puesto este título a su primer álbum por casualidad. Tampoco nadie le pone un nombre a su hijo por casualidad: hay razones íntimas, hay un relato invisible detrás de todo. “From The Cradle To The Rave” [que se traduce como “De La Cuna A la Rave”] está diciendo desde el principio que este disco va a ser un viaje en el tiempo y en la memoria, y cuyo destino es la música rave. Es decir, 1990, el momento en el que la música de baile en Inglaterra cambia para siempre, cuando la escena de baile en los clubes de Manchester, Leeds, Londres y Sheffield deja de nutrirse en buena parte de material de importación llegado de Estados Unidos y comienza a fabricarse su propia escena editorial –en las islas, pero también en el continente– para acompañar una ebullición humana que, por entonces, y tras dos tumultuosos veranos del amor, llenaba las campiñas de vida y unas ganas de diversión incontenibles. Marcus Lambkin nació y creció en Dublín, pero aquella onda expansiva estaba cruzando sin dificultad el Mar de Irlanda. En su aprendizaje musical ha quedado grabado a fuego aquel momento de confusión entre pasado retrofurista y futuro ciberdionisíaco, y es normal que cite el concepto rave en el título: ahí es donde, ya sea vital o conceptualmente, para él empieza todo.

Luego está la cuna: el viaje, en lugar de ser hacia delante y lanzarse a una recuperación nostálgica de la década de los noventa, Shit Robot lo emprende hacia atrás en busca de las fuentes del Nilo de aquel momento de explosión. Por eso la mayor parte de “From The Cradle To The Rave” tiene tantos momentos disco, electro, boogie y Chicago house sin ser exactamente un disco de intención retro, porque el origen de las raves, la misma génesis, el big bang, quizá haya que buscarlo –coincido con Simon Reynolds en su preámbulo al libro “Energy Flash”– en el “I Feel Love” de Donna Summer producido por Giorgio Moroder. Curiosamente, el álbum concluye con “Triumph”, tema que ya conocíamos por su publicación en 12” y que consiste en el momento más secuenciado, cósmico y mecánico –según la estética motorik de la música electrónica alemana de los años setenta– de un disco que, ya que hablamos de círculos y conexión entre extremos, tiene en su pieza de apertura ( “Tuff Enuff”) un clarísimo homenaje a los Kraftwerk de “Trans Europe Express” –pero no sólo eso–.

Este trabajo largo de Shit Robot se sitúa cerca de otro de los grandes álbumes editados por DFA en los últimos años. Más que situarse cerca, se sitúa enfrente, como ante un espejo. Hablo de Hercules And Love Affair y su enorme disco del mismo título (2008). Enfebrecido por su pasión disco y house, Andrew Butler practicó allí una disección concienzuda de la gran música de baile americana de los años ochenta, la que habitó en los clubes gay de la clandestinidad desde el Hi-Nrg hasta la consolidación del acid house. “From The Cradle To The Rave” parece tener la misma ambición arqueológica –o, al menos, el mismo deseo de repasar históricamente una época de aprendizaje emocional–, pero haciéndose fuerte en la dimensión geográfica europea. No es un disco americano porque, aunque edite DFA y tenga un fuerte peso ochentas, Shit Robot no se debe sólo a los pioneros de NY, el midwest y California. Aquí, además de canciones Hi-Nrg que perfectamente pudiera haber firmado Bobby O como “Take Em Up 2”, hay continuas citas al italodisco, el synth-pop inglés, los primeros ejemplos de bleep de Sheffield y (casi) concluye con una toma de italo-house agitado con hardcore, “I Got A Feeling”. Es un acercamiento completamente honesto, porque en aquellos años la música de baile no era pura y geolocalizada: los diálogos transatlánticos eran constantes, y en ese sentido el de Shit Robot es un disco de aire antiguo más rico que el de Hercules (aunque, que vaya por delante, no tan inspirado).

Está también menos enquistado en la tradición –menos esclavo de los clichés–: mezcla producciones de diferentes épocas, las décadas dialogan entre sí, como en “Tuff Enuff”, que empieza bleep y gira hacia Kraftwerk tal como lo haría, por ejemplo, Claude Vonstroke en una de sus producciones para el sello Dirtybird, o en esos giros de psicodelia techno británica al final de “I Found Love” o “Take Em Up 2”, que justo tras el homenaje al rap de Debbie Harry ( “Rapture” total) que ejecuta la voz femenina protagonista, parece transformarse en un viejo tema de Felix, conectando el Hi-Nrg de San Francisco con el Nu-Nrg de Londres. Es un disco celebratorio que comunica pasión por una época que ya sólo se recupera con ejercicios tan meditados como estos, y por eso ahí están “Simple Things (Album Edit)” y su brote ácido, entre Lil’ Louis y Tyree, el boogie-disco de “Answering Machine” y el híbrido mutante entre punk y disco, muy LCD Soundsystem –y corte más prescindible de todo el lote–, de “Grim Receiver”. Un álbum que no pierde la sonrisa, que anima a mirar atrás y que demuestra que, aunque la base sea nostálgica, siempre hay motivos para mirar adelante. Y así, situados en un hipotético 1990, habiendo revisado y desenterrado todo lo que se podía, quizá ya esté dando comienzo el verdadero revival de los noventa. Si es así, no puedo esperar más. Richard Ellmann

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