Frolicfon Frolicfon

Álbumes

Filfla FilflaFrolicfon

8.6 / 10

WEATHER / HEADZ

Se hace difícil seguir el hilo de un disco tan hermoso. Es el único pero que se le puede poner a esta colección de fotografías sonoras heterogéneas que bien podría funcionar como aglutinador de todo lo que ha dado de sí la música japonesa experimentadora o con prefijo post en los últimos diez años. Filfla es el alias de Keiichi Sugimoto, parte de Minamo, que ha llamado la atención de medio mundo con su segundo álbum con este nombre. Sin embargo, en “Frolicfon”, además de los miembros de Minamo, también colaboran Moskitoo y Ryan Francesconi, y es que, aparte del protagonismo de los entramados de guitarras, que muy bien podrían recordar a la última puesta en escena de Cornelius, destacan las baterías de Norihide Saji, nerviosas, encabritadas a veces, y con un horror vacui de lo más sano. “Frolicfon” es math rock experimental, ambient, lounge, pop dislocado, y hasta psicodelia, es un viaje en toda la extensión de la palabra, que ha conseguido abusar de elementos del post-rock que creíamos anclados en el pasado y presentarlos como algo nuevo, florido, oxigenado, pero sobre todo dinámico. Todos los temas del disco avanzan claramente, sin secretos; son esqueletos hermosos a los que hay que adivinarles la carne en la primera escucha, pero que después van creciendo músculo a músculo hasta hacerse grandes en la imaginación. Pueden evocar por igual polos tan opuestos como los Tortoise de “TNT” o los Pizzicato Five de Happy End of the World sin que chirríe ningún engranaje. El sonido de de Sugimoto ejerciendo de director de una orquesta imposible, aunque no sea del todo novedoso, abre en 2008 más puertas de esperanza en la experimentación que se encontraba dormida en los últimos años, conformando una nueva generación junto al resto de los jóvenes que usan el math-rock como inspiración, dispuestos a tomar una herencia que han recogido cansina, ajada y aburrida, y que ahora está lista para decir algo nuevo. Algo como que el hecho de indagar y probar con sonidos nuevos jamás debería haber estado reñido con los colores chillones y las sonrisas. Parecerá una simpleza ingenua pero no lo es. Menos mal que hay artistas y discos así de juguetones, porque sus padres tuvieron que sufrir que en sus discográficas les prohibieran sonreír en público.

Jorge Obón

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