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Yeasayer YeasayerFragrant World

7.2 / 10

Cuando Yeasayer anunciaron en mayo su tercer álbum de estudio, “Fragrant World”, y compartieron su primer adelanto, “Henrietta”, me volvió a invadir esa sensación que había tenido con “Sunrise / 2080” y “Ambling Alp”: el disco que se avecinaba prometía grandes sensaciones. Una vez con él en los oídos esa sensación se disipa tímidamente. Los brooklynitas nunca han sido una banda de hacer LPs redondos, pues tanto “All Hour Cymbals” y “ODD BLOOD” son algo irregulares, tampoco gustan de poner las cosas fáciles al oyente, pues a menudo, lo confunden con ritmos complejos, voces estrujadas y sonidos extraterrestres (aunque lo cierto es que el segundo sí hizo un acercamiento hacia un synth-pop algo más accesible de lo que acostumbraban). Podría decirse, pues, que funcionan mejor a la hora de hacer singles, porque la realidad es que les salen de puta madre, pero a la vez esta afirmación resultaría injusta ante un grupo tan atrevido, con tantas ganas de estirar los límites y sorprender a sus fans.

De todo esto hay en este “Fragrant World”, que tiene en “Henrietta” su mejor canción, pero que contiene muchos otros regalos escondidos en el subsuelo a la espera de que te decidas a destaparlos. Recordemos que esta gente es la misma que dejaron escuchar el disco tres semanas antes lanzando una ultra hipster “caza del tesoro” escondiendo vídeos con visuales psicotrópicos por todo internet. Esa hipótesis de que Yeasayer son una banda de singles se disipa en este caso. Para empezar, porque ni siquiera el tema lo es –según Secretly Canadian, el primero propiamente dicho es “Longevity”– y porque aunque lo fuese, ¿sonaría en un capítulo de “Entourage” o en el “FIFA” de turno como ocurrió con otras piezas en el pasado? No, “Henrietta” es irresistiblemente pegadiza, pero no es el pop goloso de “Ambling Alp”. Para empezar el tema es escurridizo a más no poder. Se dice basado en la historia de Henrietta Lacks, una mujer afroamericana cuyas células fueron cultivadas por un doctor sin su consentimiento ni conocimiento a principios de los 50s. Éstas fueron luego utilizadas ampliamente para la investigación científica. De ahí ese verso tan elocuente ( “we will live on forever”). El corte gusta por tener dos partes muy diferenciadas. Aunque empieza en una onda synth-funk bastante familiar para los fans, hacia la mitad, la pieza se libra de buena parte de esos elementos, para quedarse en un esqueleto tembloroso, narcótico y ambiental. Gradualmente recuperan los instrumentos que se dejan por el camino, incluido ese deliciosamente sugerente bajo. Aunque se le apliquen algunos efectos a la voz de Chris Keating, es aquí donde mejor luce, donde mejor se puede discernir lo que está cantando, porque hay otros pasajes en los que sólo las repetidas escuchas ayudan a dilucidar el mensaje.

Llegados a este punto, tampoco hay que confundir a la gente. “Fragrant World” no tiene drops de dubstep, sino más bien es la continuación lógica a años de fascinación por la experimentación y la psicodelia (esa fanfarrona etiqueta que se pusieron a ellos mismos, Middle Eastern-psych-snap-gospel, sigue aplicándose aquí), aunque, esta vez, llevada a extremos a ratos peligrosos. “Folk Hero Shtick” es tremendamente dispersa, tan impredecible e inestable como el Bosón de Higgs. El coro malsano que incluyen al principio podría hacer intuir que la cosa va a tomar unos derroteros oscuros, pero a eso del minuto y medio sale el sol y florece ese psych-pop al que tanto han recurrido en el pasado con mejores resultados y en el que aquí parecen querer mirarse en el espejo de los Beatles de “Tomorrow Never Knows”. Estas propiedades lisérgicas las llevan a mejor puerto en “Longevity”, que no en vano es el primer sencillo del álbum, y que adopta la forma de un R&B de ritmo pesado. Las referencias a Prince siguen estando en canciones como la ligeramente agresiva e inquieta “No Bones”. Sirve además para abonar el terreno para “Reagan’s Skeleton”, una explícita crítica al partido republicano, con patrones industriales y un beat que la hace infalible para la pista de baile. Hay algo, además, en su instrumentación que la hace asociarse con Hot Chip.

Son estas tres últimas canciones las más accesibles del lote, aunque como anexo podrían incluirse los tres primeros minutos de “Blue Paper”, que discurre por un new wave convencional hasta que llegados a ese punto sufre un rebobinado desquiciado y hasta suena en medio del mejunje una flauta. Por su parte, “Fingers Never Bleed”, es un ejemplo de que eso que a menudo llamamos pop experimental no tiene por qué ser contradictorio. Tiene un alto poder melódico emocional, pero a la vez no renuncia a juguetear con toda clase de sonidos esquizofrénicos, sintes alocados y un ritmo sincopado. Tan difícil es encasillar a “Fragrant World” en un estilo como todas y cada una de sus canciones. Es, pues, un producto de la era post-internet, que podría colocarse al lado del “Visions” de Grimes aunque estén a años luz musicalmente (consultar la crítica de ese disco para conocer con un poco más de profundidad dicho concepto cada vez más asentado en el vocabulario musical). Con paciencia hay tesoro.

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