Four Four

Álbumes

Bloc Party Bloc PartyFour

5.5 / 10

¿Había alguna necesidad de que volvieran? Bloc Party perdieron la poca cordura que les quedaba en 2008 con aquella broma de mal gusto llamada “Intimacy”. El éxito les sentó mal y les hizo convertirse en uno de los mayores cadáveres del siglo XXI. ¿El culpable? Sin duda, el ego de Kele Okereke, que arrastró al resto de la banda hacia un terreno sonoro sonrojante y vergonzoso que les hizo perder los pocos seguidores que aún aguantaban el chaparrón desde “Silent Alarm” (Wichita, 2005), un disco quizá sobrevalorado por su parroquia. Tras darse cuenta del error, que empezó a fraguarse mucho antes con “Flux”, aquel tema de “A Weekend In The City” (Wichita, 2007), Kele propició la desmembración del grupo y empezó a probar suerte como diva electrónica con dos EPs, “The Boxer” y “The Hunter”, música de gimnasio que no hizo más que atestiguar la preocupante crisis creativa que padecía.

Ya entrados en el verano del 2011, y a raíz de una entrevista manipulada por NME, el culebrón Bloc Party inauguraba un delirante nuevo capítulo. ¿La banda pretendía reunirse en el estudio, pero dejando a Kele en la cuneta? ¿Realmente Russell Lissack, Gordon Moakes y Matt Tong habían acabado tan hartos de reírle las gracias a su líder espiritual que ya no querían verle ni en pintura? Motivos para ello tenían de sobras. No obstante, nos lo creamos o no, un año después de aquellos chascarrillos ahora se pasean abrazándose y simulando ser amigos del alma. De este punto de reencuentro (por la pasta) comienza “Four”, un álbum en el que han querido fumigar la lacra electrónica de “Intimacy” y que, a su manera, pretende ser un déjà vu irregular de aquellos tiempos en los que eran la última promesa del post-post-punk inglés. Aunque eso sí, en buena parte de estas nuevas canciones sus primigenias señas de identidad las han barnizado con una mayor agresividad.

Este flaco favor viene dado por el productor Alex Newport, que creyéndose que volvía a trabajar con At The Drive-In o Melvins ha querido hacer de Bloc Party una pseudo banda hardcore post-púber. Por mucho que ahora quieran ir de machotes, ese doblete presidido por “So He Begins To Lie” o “3X3” desconcierta, y “Coliseum” suena a pastiche (aún recurriendo a la slide guitar del “Loser” de Beck). Únicamente el solo de guitarra de Lissack en “Kettling”, que trata sobre aquellos convulsos momentos que las calles de Londres vivieron el pasado año con los riots de Tottenham, se salva de este grito desesperado por reinventarse. No resuelve nada: sus féretros ya están siendo montados por algún poco impresionable carpintero.

Dejando la mala sangre aparcada, y excluyendo “Real Talk” (piensen en innecesario, intrascendente y todos los prefijos in- que les vengan a la cabeza) o la poca pegada de “Truth”, lo único destacable de este “Four” es que, en ocasiones, sí que se dignifica al retomar las sombras de lo mejor de sus dos primeros trabajos. “Day Four” podría haber entrado perfectamente dentro de los momentos más tiernos de su primer LP, así como esa incendiaria guitarra de “Team A”. Del mismo modo en que esas coquetas cuerdas que embelesan en “The Healing” o la ya conocida “Octopus” podrían haberse incrustado en “A Weekend In The City”. Este refrito nostálgico, más que necesario a estas alturas, es lo único que les podía mantener con vida.

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