Foundation Foundation

Álbumes

Breakage BreakageFoundation

7.1 / 10

Breakage  Foundation DIGITAL SOUNDBOY

El futuro del drum’n’bass pende de un fino cordel, un hecho de sobras palpable si se presta atención a los últimos lanzamientos que han tenido lugar. Un hecho legible si sigues espartanamente las palabras de Javier Blánquez. Breakage era uno de los cabecillas de la división d’n’b; sin embargo, como muchos otros, empezó a tomar caminos alternativos al sonido de la jungla. Se decidió por el dubstep y nos estuvo regalando pequeñas perlas –con apego mainstream, todo sea dicho– en forma de remixes (Sidney Samson y su archiefectivo Riverside, David Guetta o su última incursión en el campo, un remix para Aswad que no tira de dubstep, sino de ragga jungle, la ocasión lo requería). Así pues, lo designios del género pasan por la forma que tome este “Foundation”, su segundo largo. Además de lo que se avecina. Como pronto, el “Split The Atom” de Noisia, que, por lo que deducimos de su primer single, estará infectado de electro y techno con hype. Nada se sabe de otros nombres que hace unos años encendían pasiones, como Roni Size, que está de gira, por lo que su trabajo de estudio todavía tendrá que esperar. Al igual que Aphrodite, que visitará España en mayo para pinchar en Girona, Granada y Madrid. O Pendulum, que mantienen la base rítmica “tambor y bajo” pero le han añadido tantos elementos del pop convencional que no puedes evitar pensar en Linkin Park cuando los escuchas –sin que sea peyorativo, al loro–.

Tras escuchar “Foundation”, todo apunta a la disgregación del género –tal y como expresaba Blánquez– fruto del desarrollo de lo que hace años eran subgéneros del drum’n’bass; como una tragedia griega donde los hijos se acaban comiendo al padre, castrándole o cualquier majadería helenística de la época con semen, sangre y bichos raros (las filias sexuales más chungas enaltecidas como sagradas, menudos cracks los griegos…). James Boyle parece ser consciente del fatal fenómeno y estar más perdido que un pedo en un jacuzzi, así que se ha dejado acompañar por figuras del extrarradio sónico. Copones, como Burial (que debía tener una deuda con Boyle porque, literalmente, le ha regalado un tema; de Breakage no hay ni rastro en “Vial”) o Roots Manuva. Copines, como Kemo o Zarif, y copetes, como Newham Generals (teloneros del príncipe del grime Dizzee Rascal) o Donae’o. No se siente a salvo en el panorama; no se siente seguro de poder hacer algo relevante e innovador él solo. De hecho, en las canciones de este álbum en las que viene su única firma cuesta ver algo original: o se marca un corte de dubstep simplón que nada tiene que hacer en el actual mercado más que bulto (como en “Open Up”) o se va por las ramas del jungle más sobado (hablo de “Old Skool Ting” o de “Foundation”) o tiene que tirar de la burda copia para darle empaque al tema, como en “Higher” y su sobrecogedor grito acid, el mismo que abre el club mix de Hallelujah de Happy Mondays.

Sin embargo, cuando el corte viene firmado por alguien más, la producción mejora, parece que insuflada por la seguridad que da compartir la responsabilidad con otra persona. Primer ejemplo, “Hard”. Con una producción sencilla, algo parca y con olor a atmósfera tenebrosa, Boyle firma un tema dubstep con presencia. No es la bomba pero tiene gancho. Newham Generals dando lecciones de grime púrpura y la voz de David Rodigan por ahí ayudan a la hora de hacer juicios de valor. Segundo ejemplo, “Speechless”, con Donae’o. Un tema con ínfulas mercantiles, comercial como ninguno, que firmado por Justin Timberlake, Usher o R. Kelly ahora mismo sería de lo más rotado en la MTV. ¿Podría ser Breakage un productor de estrellas R&B en el futuro y provocar uno de los escándalos más sonados del transfuguismo musical? El tiempo lo dirá, pero “Speechless” parece el primer timbrazo a las puertas de un neo-soul inglés que últimamente parece tener poca presencia en el panorama musical. Tercer ejemplo, mi favorita, “Temper”. Simple, sobria, llana, asequible y, sin embargo, nerviosa, sobrecogedora y turbadora. Cinco minutos y medio de atmósferas asfixiantes acompañadas del eco de percusiones que repican a 180 bpms y la voz manipulada de Kemo dando lecciones casi en un susurro intimidador: “ wait a minute, don’t give up it / keep on breathing, keep on dreaming / play the game, pay attention / stay awake, stay awake” La canción también habla de perder el temperamento; curioso que lo haga justo en el momento en el que Breakage más recurre de él. La línea de estos ejemplos la siguen “Over” con Zarif, y “Justified” con Erin, aunque la segunda lo haga con más éxito. Dos temas con vocales femeninos, uno con clara vocación UK funky, género todavía virgen en el disco. El otro más próximo al dubstep parco y sencillo de “Hard”, donde todo el protagonismo se lo lleva la parte vocal a cargo de Erin, que convierte lo que podría haber sido un corte más en este disco en un tema al que se puede calificar de “bonito”.

James Boyle ha conseguido salir del atolladero: hacer un disco de drum’n’bass en los tiempos que corren. Para ello, lo primero ha sido repudiar el drum’n’bass en los interludios y apostar por las ramas del género matriz. O sea, tirarse de la moto descaradamente antes de que ésta se estrelle. Y lo segundo, empezar a probarse en otras lides, sin arriesgar demasiado y haciendo gala de comedimiento y sencillez, que ha resultado ser la fórmula más efectiva del productor. Señores amigos y amantes del drum’n’bass, agiten su mano y despidan al último de sus desertores: Breakage.

Mónica Franco

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar