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Ólafur Arnalds Ólafur ArnaldsFound Songs

8.3 / 10

Ólafur Arnalds  Found Songs ERASED TAPES

Es islandés, está hundido, hay que buscarle referentes –si hablamos de estilo– entre las figuras más accesibles del minimalismo y la revisión post-clásica de finales del siglo pasado: Ólafur Arnalds promete con su segundo álbum, que en realidad son veinte minutos concisos y desoladores, lo mismo que Nico Muhly cuando debutó con “Speaks Volumes” (2006) en el sello Bedroom Community –laxa conexión islandesa–. Si Muhly era un joven que tenía los discos de Philip Glass en un altar –ahora es ayudante, arreglista y hombre de confianza del compositor neoyorquino– y un futuro prometedor por delante, que le ha llevado recientemente a grabar la banda sonora de El Lector y a producir el último disco de Grizzly Bear, entonces Arnalds podría ser lo mismo con la figura de Michael Nyman como boya. Que se sepa, el islandés no está trabajando con la bola de billar londinense, ni está preparando ninguna música para film, pero nadie ha sonado tan similar a las partituras del Nyman de la última época –la que se inicia con “El piano” y culmina con los scores para Michael Winterbottom– con la excepción de Max Richter. Y tiene el futuro, si lo desea, a sus pies.

“Found Songs” no nos viene de nuevo y, por tanto, no juega el factor sorpresa: se sabía de la habilidad de Ólafur Arnalds para tocar la fibra sensible de la manera más sencilla e intensa desde el más neo-barroco “Eulogy For Evolution” (2008), en el que sonaba a Nyman, pero el Nyman de “The Draughtsman’s Contract” sin tanta pompa purcelliana, y el decisivo “Variations Of Static” (2008), en el que los violines, las violas y las notas tristes saltaban entre glitches y otros arreglos vía software. Ahí estaba Ólafur Arnalds para quien lo quisiera descubrir, todavía medio plegado entre la gama media de la actual escena neoclásica, postulándose sibilinamente como la nueva sensación de la Islandia que nos trajo a Sigur Rós, Amiina o Jóhann Jóhannsson. Es joven y le queda recorrido, pero con lo que tiene publicado hasta ahora sabemos que nada puede fallar: tiene el duende de la melancolía, sabe sacarle el polvo y el brillo a cada nota, y en sus manos incluso un piano puede llorar. Pero sobre todo, el mérito de Arnalds está en sus dedos líricos y sus ganas de inventarse retos. Lo que nos lleva a “Found Sounds” como un proyecto en el que se puso a prueba y la acabó superando con nota abrumadora.

“Found Sounds” es un disco que ya existía. Lo publicó en formato mp3 durante la primavera pasada, en su página web, a razón de un tema por día y durante una semana entera. La propuesta de Arnalds implicaba componer una pieza por noche, dejándose llevar por la musa, sin nada preparado, sin esbozos ni segundas tomas: de la primera improvisación, y del trabajo de unas pocas horas, tenía que salir una composición final en papel que luego él tocaría al piano, sólo ocasionalmente acompañado al violín por Margrét Soffía Einarsdottír y el cello de Pórður Guðmundur Hermannsson. Así durante siete días. Que el chaval tiene talento ya lo deja claro que de una semana de trabajo le haya salido una obra intensa y sin fisuras, de desesperada desolación noctura, que a cabezas más laureadas les llevaría meses –y, ni por asomo, conseguirían el mismo pellizco–. Los recursos de Arnalds son fáciles, hay que reconocerlo: un impresionismo cinematográfico que le hemos escuchado a Helios, a Peter Broderick, pero que él hace más próximo que simple. El mérito no está tanto en lo previsible de las armonías y de las frases del piano y el violín, sino en cómo consigue que una fórmula mil veces utilizada cobre en sus manos la vitalidad y una inspiración de la primera vez. Cualquier compositor de bandas sonoras –sección emo, en la que ya está Nico Muhly– quisiera tener estas miniaturas en su libro de partituras.

Éste parece un disco menor de Arnalds por su brevedad y porque ya había circulado en descarga gratuita, pero no lo es. Es un ejercicio de afinación de puntería absolutamente certero que confirma todas las sensaciones de sus dos trabajos previos y deja con ganas de más. Es una demostración de disciplina de trabajo –la inspiración llega trabajando, decía Picasso– con resultados artísticos de primer nivel. Es la sensación de que a este zagal, ahora mismo, le están llegando emails y faxes de productoras de cine para que comience una carrera que será fulgurante y que podría culminar, como la de su modelo Nyman, con un Oscar. Es la intuición, también, de que Arnalds no se quedará sólo en la filigrana romanticista y que, a la par que su chopinismo sin muchos ornamentos, seguirá entrelazando electrónica y cuerdas en los discos por venir. Y sobre la necesidad de comprar, o no, este disco pudiéndolo bajar gratis en pocos minutos, sólo se pueden esgrimir cuatro argumentos: el lomo mola, cada canción viene acompañada de una sugerente foto en el libreto, el audio suena mejor, y quizá sirva para dar más confianza a un autor que, a cambio de pocos euros, te llenará la vida entera de poesía.

Javier Blánquez

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