1000 Forms Of Fear 1000 Forms Of Fear

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Sia Sia1000 Forms Of Fear

7.3 / 10

Desde la sombra, que es donde a ella realmente le gusta estar, Sia viene marcando a su antojo la batuta del pop mainstream interplanetario. 1000 Forms Of Fear es su sexto álbum de estudio, pero para entender lo que este trabajo supone hay que retrotraerse hasta 2010, cuando la australiana empezó a conseguir notoriedad en los medios gracias a un We Are Born, el álbum que le abrió las puertas de los royalties y los encargos para tótems de la industria del pop de masas. Rihanna, Britney Spears, Christina Aguilera, Beyoncé, Ke$ha, Kylie Minogue y, en definitiva, todas las divas del pop que vive de las listas han utilizado alguna de sus sentidas letras en los últimos años. Por eso, siendo el suyo un nombre más que consolidado en su labor de compositora por encargo, resulta cuanto menos curioso el auténtico hastío que le produce a nuestra protagonista, una mujer de frágil equilibrio, lo de ponerse delante la cámara o defender ante los periodistas sus propias creaciones. Este disco viene, de hecho, marcado por una premisa en lo que se refiere a la promoción: Sia queda totalmente liberada de la obligación de hacer entrevistas y no tendrá que mostrar su rostro en las apariciones promocionales o giras que puedan llegar. La australiana prefiere que sean sus canciones las que den la cara por ella.

En un principio podría parecer que 1000 Forms Of Fear no es más que un contenedor de temas de su lista de encargos que se quedaron sin novia (no resulta difícil imaginarse a Adele cantando Big City Girls o a Beyoncé homenajeándose a sí misma en esa suerte de spin-off de Halo que es Fire Meet Gasoline), pero lo cierto es que estamos ante de uno de los discos de pop más disfrutables del año.

Sin duda, Chandelier ya se ha colocado por méritos propios entre los himnos pop del año (a su popularidad también ha contribuido el poderío que se gasta la niña bailarina Maddie Ziegler en la coreografía del vídeo). Pero los méritos no acaban ahí: la emoción contenida de la soulera Eye Of The Needle o sus devaneos más uptempo en Hostage y la espectacularmente producida Free The Animal (ambas podrían haber encajado perfectamente en la primera mitad de We Are Born) puntúan entre lo mejor del disco. También una Burn The Pages que pide a gritos ser single. A algunos les puede llegar a empalagar tanto azúcar sonoro a lo largo del minutaje, pero el disco no deja de ser la cristalización de un sonido que podría definirse ya como marca de fábrica de Sia, y cuya huella no cuesta rastrear en el pop contemporáneo. De aquí a romperlo en la próxima ceremonia de los Grammys sólo hay un pequeño paso.

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