Forget Forget

Álbumes

Twin Shadow Twin ShadowForget

8.3 / 10

Twin Shadow Forget

TERRIBLE RECORDS

Disculpen el listado de nombres que sigue – Twin Shadow se merecía una intro más coqueta–, pero atravesamos la segunda manga anual de grandes lanzamientos, las listas acechan y se hace necesario recapitular por un momento. Veamos. ¿Debuts reveladores de 2010?: Tame Impala, Surfer Blood, Salem, Perfume Genius, Mountain Man, The Drums, Avi Buffalo. ¿Discos más sexys del año?: Beach House, Caribou, Four Tet, LCD Soundsystem, Matthew Dear, Owen Pallett, The Radio Dept., Erykah Badu. Tercera pregunta, la buena: ¿discos que encajarían en las dos categorías? Wild Nothing, Violens, Sleigh Bells, Janelle Monáe, How to Dress Well, Best Coast, Mount Kimbie y, sobre todo, Twin Shadow. Con el sex-appeal bien subido –no se pierdan el videoclip que ha entregado para “Slow”, en el que simula un cásting de escorts a la batería–, George Lewis Jr., 26 añitos, entrega con “Forget” un debut de altura, pulcro y de una sinceridad apabullante a la hora de revisitar la resaca de los años ochenta. “Forget” viene subido en unos buenos tacones vintage y lleva el peso de aquella década sin dejarse aplastar por sus hombreras. Nada que ver con el pastiche de Hurts, con quienes me resulta inevitable compararlos: ambos beben de las mismas fuentes pero en Twin Shadow importa más la esencia que el recurso.

Residente en Brooklyn pero de ascendencia latina como la del capo glo-fi Alan Palomo ( Neon Indian), Lewis le canta a la nostalgia de forma arrebatadora. Su excelencia como songwriter y cantante consigue convocar en una canción a Bryan Ferry, The Smiths y New Order (gloriosa “Slow”) y lo hace de forma inusual, guiándolos por una senda similar a la que sigue Wild Nothing. Además de cantarle a la desolación del “yo”, Lewis utiliza costuras electrónicas bastante frivolonas que, de repente, pueden recordar a Depeche Mode o Tears For Fears. Sensual por aceitoso, reversible y duradero, el sonido de “Forget” se presta a ser diseccionado todavía más. Llama la atención en su hoja de créditos el nombre de Chris Taylor, miembro de Grizzly Bear y encargado de pulir todo el material que Lewis grabó en su casa tocando él solito casi todos los instrumentos. Taylor se erige aquí como uno de los productores pop del momento, pero lo hace manteniéndose siempre en un ajustado segundo plano (lo contrario de lo que hace con The Morning Benders), tras una mezcla que, aunque siempre elástica, suena almidonada. Delicatessen new wave, “Forget” incorpora a su ideario de estilo gestos secos que hacen pensar en el Manchester de 1979, humedales funk, bajos disco y cuerdas con chorreras; todo ello estructurado de manera casi perfecta: apesadumbrado al principio ( “Tyrant Destroyed”), desbocado a la altura del ecuador ( “At My Heels”) y sugerente en el tramo final ( “Forget”).

Lewis titula el álbum con sarcasmo. ¿Olvidar? Para nada, todo lo contrario. La clave está en el recuerdo. Las canciones están escritas con una pluma cuya suavidad remite a noches de blanco satén de veinticinco años ha, todas rebozadas en una cinética ternura que confiere al disco su dosis extra de cariño. La cosa promete ya desde la estática “Tyrant Destroyed” con frases como “if it wasn’t enough just to hear you speak, they had to give you lips like that?”, y durante todo el metraje mantiene ese acabado tan cotizado hoy en día, ese toque con sabor a dial ligeramente rancio. Extrayendo lo mejor del soft-rock –aquí mandan, por encima de los aditivos sintéticos, aspectos vocales y riffs ardientes–, sacándole a bailar a la pista de baile, en “Forget” se intuye una ambición diferente a la de otros herederos chill-wave, un destino distinto a la hora de vislumbrar el lugar a dónde quiere llegar Lewis con su música. Al contrario que el talante bohemio del que gustan de presumir tantos productores hipnagógicos ( “For Now”, la canción que Thierry Matioszek se muere por escribir), Lewis asegura haber fundado este proyecto para vivir de él, entenderlo como una maquinaria de remembranzas bien engrasada que le dé dinero. Pretende que “Forget” plante cara a tanta y tanta música mediocre que circula por las radios de todo el mundo. Y puede conseguirlo, porque ha escrito un disco maravilloso.

Cristian Rodríguez

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