For Years For Years

Álbumes

Airhead AirheadFor Years

7.6 / 10

El nombre de Airhead ha estado vinculado desde el principio al de James Blake, y desde el principio significa remontarnos hasta 2010 –que parece ayer, pero es una eternidad al ritmo que van las cosas en la galopante hipertrofia editorial de música–, cuando editaron un maxi conjunto en el sello Brainmath, “Pembroke”, al que siguió un año después el 12” “Paper Street”, éste ya en solitario. La colaboración con Blake se ha mantenido hasta hoy, en un plano muy secundario, tocando la guitarra en las giras del chico maravilloso del post-dubstep transmutado en soul, y en realidad ese es el lugar en el que le gusta estar a Rob McAndrews, muy lejos de los focos. Sólo así se comprende el perfil extraordinariamente bajo que ha mantenido en todo este tiempo, a pesar de haber ingresado, tras el paso fugaz por Brainmath, en un sello de más nivel y mejor distribución como R&S. Volviendo a James Blake, los dos entraron prácticamente a la vez, como si fueran parte de un quantum indisoluble. Pero mientras Blake se ha convertido en una estrella y cuenta ya con dos álbumes brillantes al amparo de una multi, es sólo ahora cuando Airhead publica su debut en largo. Ha tardado, y esa es la razón del título: “For Years” significa que se ha tomado su tiempo para darle forma a sus temas, y también que espera que estos duren un largo tiempo en la memoria y el corazón de quien los escuche.

No había gran expectación con “For Years”, como si la hubo en 2011 con “James Blake”, porque él mismo –volvemos al discreto segundo plano y la poca necesidad de ser protagonista– se había encargado de apaciguar el hype. Como anticipo a este álbum, R&S sólo había puesto a la venta dos EPs: “Wait / South Congress”, un 10”, y más tarde “Pyramid Lake”, ambos en 2012, ambos identificativos de sus líneas de expresión principales: una especie de pop etéreo con intrigantes juegos de texturas, tipo The xx, y otra firme en sus orígenes dentro del dubstep atmosférico, en la línea de Mount Kimbie (a quien ya había remezclado, por cierto, en “Carbonated”), con samples de voz triturados como en una túrmix garage, sintetizadores de algodón y breaks huidizos; ambas piezas en la cara A de los maxis aparecen recuperadas en el álbum. Y son el referente en el que se basan el resto de producciones, ya que “For Years” es una especie de ping-pong en el que de una canción intermedia entre el dream-pop y el post-rock se pasa a otra instrumental y ahogada en bajos mullidos y sintes de resplandor pálido.

“For Years”, no cabe dudarlo, es un buen álbum. Airhead siempre ha sido una figura de culto a la que se le respetaba en el underground; un guitarrista eficiente que a la vez sabe pinchar con buena mano, una de esas figuras liminales que hacen fácil la transición del bass británico al pop indie de mayor detallismo, alguien que vive entre dos mundos y que puede pasar del uno al otro sin obstáculos. Su problema, en todo caso, es el timing, o sea, el sentido de la oportunidad: parece más consistente, arriesgado y logrado que el primero de Mount Kimbie, “Crooks and Lovers”, y ya ni digamos en comparación con el segundo editado hace unos días. Pero llega en un año en el que esta propuesta ya no convulsiona el presente como sí lo hacía en 2010. Es el riesgo que se asume al hacer las cosas con tanto cuidado, tanta paciencia y, sobre todo, tantísima indiferencia por lo que podríamos llamar ‘el momento adecuado’. Aquí hay minutos como los de “Fault Line”, que pinchados en un buen sound system y a la hora correcta pueden hacer levantar el vuelo a una sesión, y justo después, una fantasía de dubstep espiritual –como un Burial más iluminado– en forma de “Lightmeters”, donde deja entrever su pasión por las arquitecturas rítmicas más complejas del grime. Y previamente hemos tenido “Autumn”, una canción de cuna con voz ‘björkoide’ que podría ser perfectamente una de los mejores Lali Puna. Discos como este son la demostración de que es necesario un poco de pausa en la vida: a veces, los árboles no dejan ver el bosque, pero también conviene olvidarse (vicente) del bosque para concentrarse, tranquilamente, en uno de los árboles, en singular, que puede no ser ni el más alto ni el de más perímetro troncal de toda la fronda. Un árbol normal, bello, bien hecho, tan sencillo (y tan difícil) como eso.

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