For The Ghosts Within For The Ghosts Within

Álbumes

Wyatt, Atzmon & Stephen Wyatt, Atzmon & StephenFor The Ghosts Within

8.8 / 10

Wyatt, Atzmon & Stephen For The Ghosts Within DOMINO

Uno de los signos que demuestran la grandeza de Robert Wyatt es su capacidad para seguir sonando a sí mismo a pesar de rodearse de músicos de naturaleza y pelaje muy distinto. Una capacidad para mimetizarse con el entorno, para funcionar como un camaleón, cuya clave consiste en que cede gran parte del protagonismo a los que le rodean: les deja desarrollar todo su potencial y luego se acomoda en el escenario que le prestan. Es cierto que, al final, casi siempre es su inconfundible voz la que tempera ese babel de músicas distintas, la que consigue unificar todos los registros que pone en juego, la que da coherencia a discos tan aventureros como “Cuckooland” (03) o “Comicopera” (07), sus dos entregas de la pasada década. De hecho, su voz tiene tanta potencia que es capaz de apropiarse (dando validez en el proceso, además) de todo tipo de producciones ajenas, ya vengan por parte de espíritus afines, como Pascal Comelade o Anja Garbarek, de discípulos como Björk, Hot Chip o Barbara Morgenstern, o hasta de pesados del calibre de Bertrand Burgalat: en todos los casos Robert Wyatt es, ante todo, Robert Wyatt.

Pero también es cierto que suele escoger a sus compinches en función de sus intereses: el escenario no queda del todo al azar, siempre hay una intención, una paleta de colores con la que el bardo inglés (que también es pintor, por cierto) quiere trabajar. Y si en los dos discos citados más arriba el tono de esa paleta era de colores vivos y de aires latinos (sobre todo en “Comicopera”, cuya última parte estaba cantada casi por completo en español, adaptando poemas de Carlos Puebla y García Lorca), parece que con la entrada en la vejez a Wyatt le ha entrado el gusanillo de lo clásico y lo sentimental: melodías a media luz, jazz de salón, pequeñas piezas de cámara y un curioso espíritu melancólico gobiernan el “ ciclo de canciones” que compone “The Ghosts Within”. Un disco para el que ha buscado dos compañeros de viaje que le ayudaran a llevar a cabo esa interpretación tan particular del jazz que tenía en la cabeza: Gilad Atzmon, saxofonista y clarinetista excepcional, que ya había acompañado a Wyatt con anterioridad, y Ros Stephen, violinista y directora del Sigamos String Quartet.

Es una elección que se antoja idónea desde la primera canción, “ Laura”, que se abre con unas cuerdas temblorosas, de espíritu cinematográfico, que enseguida relajan el tono para adoptar la forma de un jazz sedoso y humeante, muy años cincuenta. Una base casi etérea, sobre la que flotan la voz de Wyatt y el saxofón de Atzmon en exquisita armonía, y que avanza el tono otoñal que gobierna el disco. Un disco que en su primera parte, compuesta por el trío (con ayuda puntual de la mujer de Wyatt, Alfreda Benge), explora caminos cercanos a la torch song (“ Lullaby For Irena”), sonoridades que comienzan apoyándose en oriente, rozan la forma de un himno y terminan embebidas por el espíritu del tango (la compleja, estupenda “ The Ghosts Within”) y canciones ligeras que se complican de manera maravillosa (“ Maryan”). Todo eso sucede en una primera parte que también esconde el único punto negro del álbum, “ Where Are They Now?”, una suerte de jazz callejero, multirracial y saltarín, rematado por el fraseo hip hop de Stormtrap (vocalista de Ramallah Underground), que rompe la cuidada atmósfera del disco sin aportar nada a cambio.

En cuanto a la segunda parte de “The Ghosts Within”, está gobernada por estándares clásicos del jazz, interpretados de manera sentida y liviana, con detalles de tanta clase como los coros y silbidos que dan forma al “Round Midnight” de Thelonious Monk, la desarmante sencillez del “What's new?” de Bob Haggart, o los aires neoclásicos con los que están modelados “Lush Life” (BIlly Strayhorn) e “In A Sentimental Mood” (Duke Ellington). Una versión fantasmagórica, henchida de melancolía, de “At Last I Am Free” (de Chic, que no todo va a ser jazz clásico) y una revisión de “What A Wonderfuld World” que es pura seda, cierran uno de los discos más intimistas y mágicos de la temporada. Palabras mayores.

Vidal Romero

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar