For My Parents For My Parents

Álbumes

Mono MonoFor My Parents

8.1 / 10

La conclusión más fiable que podía extraerse de “Hymn To The Immortal Wind”, su anterior disco en estudio, es que Mono habían decidido apostar de manera clara y explícita por los arreglos de cuerda como vía de oxigenación y reformulación de su discurso. Ya entonces su presencia y protagonismo eran pronunciados, más allá del papel secundario o complementario que se le suele otorgar en grabaciones de post-rock, y hacia presagiar lo que finalmente tiene lugar en “For My Parents”, su nuevo álbum y el más refinado y estilizado que ha publicado hasta la fecha la banda japonesa, que vuelve a contar con la colaboración de The Worldless Music Orchestra para darle ese toque de distinción a su sonido.

“For My Parents” contiene cinco canciones, y en realidad uno tiene la sensación de que el disco está planteado más como una historia en cinco actos o cinco movimientos que en cinco piezas al uso. La joya de la corona es “Legend”, el corte de inicio, doce minutos en espiral en los que la formación utiliza las guitarras casi a modo de cuerdas y los arreglos de cuerda casi a modo de guitarras, y que da como resultado una explosión sinfónica no apta para almas frágiles. A los cinco minutos de recorrido ya estalla un primer clímax que nos hace pensar en el Joe Hisaishi de “La Princesa Mononoke” o incluso en la banda sonora de “Conan” o “Juego De Tronos”, por la épica y contundencia de sus partituras. Y en la segunda parte de la pieza Mono consiguen darle un sentimiento y una esencia muy japonesa a su nube de guitarras shoegaze, casi como si invocaran el espíritu Hisaishi pero con distorsión, percusión contundente y ese inquebrantable latido post-rock que les caracteriza desde que iniciaron su andadura.

“Nostalgia” y “Dream Oddissey”, los dos siguientes movimientos, insisten en esta convivencia pacífica y de gran intensidad emocional entre la base rítmica habitual y el papel destacado de la orquesta. Ambas demuestran que Mono han encontrado el punto de equilibrio necesario para su propuesta, y que la exploración de su predecesor ha obtenido la recompensa que estaban buscando. En un subgénero tan acotado estilísticamente ellos han encontrado una voz propia que, además, se desmarca ya del cliché y el tópico más trillado de su fórmula para abrazar nuevas trayectorias y chocar con otras escenas, como la neoclásica, por ejemplo, con la que estrechan al máximo los lazos afectivos en “A Quiet Place (Together We Go)”, ceremonial título de despedida que culmina con casi cinco minutos de chelos y violines que parecen beber claramente de Max Richter o Jóhann Jóhannsson. Mono crecen, maduran, se reinventan y, además, firman su grabación más intensa y emocionante. Esto es un discazo, oigan.

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