A Fondness For Fancy Hats A Fondness For Fancy Hats

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Moon Wiring Club Moon Wiring ClubA Fondness For Fancy Hats

7.6 / 10

Se ha convertido en una tradición de cada diciembre, como los maxis a última hora de Burial (y quien sabe si como los discos digitales de Beyoncé): ese nuevo álbum de Moon Wiring Club, y ya van nueve, que se edita a última hora y que, pese a su excelencia, raramente aparece premiado en las listas de resumen del año. Aunque eso a Ian Hodgson le debe importar poquísimo: su universo sonoro -y gráfico, y espiritual- no es para cualquier público, ni tampoco está necesitado de una palmadita en la espalda para que a su autor le suba la autoestima. Moon Wiring Club es un ovni en el firmamento electrónico como lo son Pye Corner Audio, The Caretaker o los artistas del sello Ghost Box: un apasionado de las máquinas antiguas, de los procedimientos caducados, de los sonidos analógicos con sonido ajado, los viajes en el tiempo inyectados en el imaginario popular británico gracias a la serie “Doctor Who” y un sentido del humor tan surrealista como inteligente. Las portadas siempre han ayudado a que Moon Wiring Club entre por los ojos antes que por los oídos. Luego es cuando su música flota de manera peculiar y produce ese dulce trance hipnótico, ocupado por voces tenues, texturas espectrales y ese tipo de ciencia-ficción sonora que se asocia con paisajes verdes en la campiña.

La novedad en “A Fondness For Fancy Hats”, en general, está en el aumento de los recursos rítmicos. Ahora Moon Wiring Club suena más musculado, y aunque el Club de su título suena más a sociedad victoriana para caballeros de clase alta que practican la ciencia de manera amateur, ahora tiene una mínima oportunidad de llamar la atención de DJs heterodoxos en el otro club -a pesar de que esta vez el álbum no se edita en vinilo, sino en CD y en cassette, y en ambos formatos la música es completamente distinta-. El contenido del compact es ciertamente delicioso: hasta un total de 22 cortes que suenan como si las bandas de videojuegos se hubieran inventado en los años 60 de la mano de compositores lounge. Por momentos tiene esos halos envolventes, esos arpegios lentos y volátiles, que distinguen a los mejores Boards of Canada, todo subrayado por una batería rota y simpática. Luego se vuelve ambient evanescente, que se escurre entre los dedos, para volver a cuajar en una materia densa y equivalente, desde lo esotérico, a la baja fidelidad de la IDM que se practica hoy. Moon Wiring Club siempre pasa de puntillas, pero cada vez que lo hace es con un buen disco detrás. Éste no es una excepción. Que se haga justicia con él ya no lo vemos tan claro.

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