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Álbumes

Lukid LukidFoma

8.8 / 10

Lukid  Foma WERK

Entre la colección de discos de mi hermano mayor estaba el primero de Enigma, hoy quizá ya abandonado al tiránico azar del tiempo, pues nadie se ha molestado lo más mínimo en reivindicarlo, pero que tenía una forma de empezar que siempre me pareció intrigante y notablemente acertada para un viaje musical que, ante todo, perseguía la conquista del universo desde un sillón de orejas: “turn off the lights, take a deep breath and relax”, o en castellano para que lo entendamos todos, “apaga las luces, respira hondo y relájate”. Quizá la cagada venía cuando empezaban a sonar los cantos gregorianos con un fondo house, o quizá ni siquiera fuera un problema. En realidad me da igual, porque esta crítica versa sobre “Foma”, un disco al que le hubiera venido bien aquella intro, ya que el proceso de entrar en él es idéntico: con luces apagadas se percibe mejor –al desactivar la vista activamos un oído cánido, agudo–, con el pulmón lleno destensamos la musculatura y entonces, uno, flota en este suave oleaje de beats de marcada tendencia downtempo.

Lukid, inglés de nombre real Luke Blair, cuenta en su haber con un álbum previo a este – “Onandon” (Werk, 2007)– y, según hemos podido leer en revistas y blogs, podría ser la persona detrás de esos dos maxis misteriosos etiquetados bajo el emblema Thriller y que pasan por ser dos de las rodajas de neopreno más preciadas para los coleccionistas del emergente wonky. Si eso fuera cierto, parecería claro que Lukid opera en dos bandos, quizá con un desdoble de personalidad a lo Jeckyll/Hyde o Jaime Cantizano en ‘DEC’/Jaime Cantizano en la portada de ‘Shangay’, más para dividir diferentes áreas de su creación que por desajuste bipolar: en esos maxis se desmadra, afila la forma y samplea a muerte loops de disco y bajos del grosor de un intestino ídem, mientras en los álbumes libera la tensión, expulsa el aire de su pecho y practica la electrónica de bajas revoluciones. De todos modos, “Foma” se intuye como un disco en el que las dos personalidades afloran y se mezclan. “Onandon” era más hip hop en sus cimientos, esculpido a base de beats suaves, y retocados con post-producción IDM, en la mejor tradición de Prefuse 73 o DJ Signify: era más un disco para el sello Lex que para una nueva plataforma orientada al dubstep como empezó siendo Werk. Pero en “Foma” todo se diluye. Es downtempo sin ser exclusivamente hip hop, ni ser tampoco exactamente dubstep, y sin ser –ahí está lo brillante del álbum– canónicamente wonky. Es un terreno intermedio inexplorado, en el que van a una la suavidad masajeante de los ritmos, la rareza de la producción a orillas de esa IDM que va a la pata coja y se balancea como un columpio, y la densidad sonora –bajos espesos como manchas de aceite en el océano– del dubstep más premeditadamente humeante.

Si “Foma” merece entrar entre lo mejor publicado este año es por esa inconcisión tan concisa, pues del cruce de caminos crea un nuevo sólo para él. Está a medias entre un disco de Lex y otro de Hotflush, podría ser un disco en Warp publicado tras la estela de Boards of Canada y a la vez la nueva apuesta de Hyperdub para proseguir la emoción que comenzó a liberar Burial. Es, se mire como se mire, un trabajo coherente, fascinante y absolutamente de nuestro tiempo: por ahora, quizá nadie lo haya hecho tan bien, y tan completo, a excepción de Harmonic 313 y su “When Machines Exceed Human Intelligence” en estos tres primeros meses. Lo dicho: apaga las luces, respira hondo y relájate, que esto es el sonido de 2009 en su máxima expresión.

Juan Pablo Forner

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