Fluorescent Black Fluorescent Black

Álbumes

Antipop Consortium Antipop ConsortiumFluorescent Black

8.3 / 10

Antipop Consortium  Fluorescent Black BIG DADA

Poner el palabrejo anti delante de cualquier cosa implica odio. No puedes ser anti-algo y no odiar ese algo. Antipop odian el pop. Y los anti-Antipop odian a Antipop, no al pop. Yo antes fui anti-Antipop, pero de un tiempo a esta parte admito que soy pro-Antipop. Pero pro, pro, sin peros. Es una sensación de cambio que he venido experimentando desde hace unos años y que ha cristalizado por completo con esta bestialidad de hip hop digital a la que uno debe rendirse incondicionalmente. En otras palabras: es necesario entregarse sin reticencias a esta partida del Imperio Cobra rapero, pero con las reglas, los aparatitos, los experimentos y los delirios futuristas que rigen el universo Antipop. Nada de obviedades, nada de manuales universales. Si aceptas su propio código (entiendo que algunos no quieran hacer el esfuerzo), entras de lleno en un apasionante universo de relojes Casio, bandas sonoras galácticas y profetas cibernéticos.

Han sido siete años sin disco de Antipop (el último, aquel lejano y discreto “Antipop vs Matthew Shipp, en el que encima sólo curró como debía Beans; los otros se rascaron la ingle); siete veranos viendo cómo el mismo Beans paseaba sus judías por medio mundo y sus colegas High Priest y M. Sayyid hacían cositas –como dúo en Airborn Audio no me desagradaron– por la viña rapper del Señor. Nada que ver, de todos modos, con los momentos en que juntan seso y se ponen (m)anos a la obra para dar vida a ese cyborg rimador que todavía nadie ha conseguido igualar. “Flurorescent Black” es un Terminator que vuelve a estar engrasado y persigue su particular John Connor en un árido futuro de robots implacables, naves gigantescas, neones parpadeantes y pastores alemanes que ladran ante la proximidad de los pellejudos. Que no os engañen algunas mutaciones en el discurso, el espinazo de la bestia sigue siendo el mismo: sintetizadores de película de serie B, bleeps varios, chispazos digitales, patrones rítmicos en formato pedorreta y rimas alucinadas con aliño de épica galáctica.

Esto es la locura. Los primeros 50 segundos de “Lay Me Down” son como presenciar desde platea un delirio instrumental de los Iron Maiden más épicos (con redoble de batería heavy y unos guitarrazos medievales que asustarían a cualquier fan de Rata Blanca). Veo en “New Jack Exterminator” un homenaje claro al mítico “New Jack Hustler” de Ice- T, pero en formato apocalíptico- giallo. Lo mejor viene en espirales de electrónica bastarda como “C Thru”, con un puchero lleno de garbanzos de Detroit, caldo de grime, rave moscada, y vapores de rap nervioso. Ahí están los mejores Antipop: enardecidos, experimentales, imprevisibles, sin ley. Los mismos pirados que intentan mover las fronteras del hip hop en Timpani, apostando por un ritmo imposible sacado del instrumento de percusión que da nombre al corte –¡¡parecen tambores de guerra mongoles en una estepa post-nuclear!!– y metiendo un cambio de ritmo technoide que parece robado de una versión de “Blade Runner” para adictos al crack. Y qué se puede decir del festín de sintetizadores y digitalismo retro en la apabullante “The Solution”: el soul robótico para paladares lisérgicos de este temazo de tintes épicos es uno de los momentos más bestiales del viaje. También me apasiona “NY To Tokio”, puro ritmo electro ochentero pasado por el filtro de Polygon Window, Kraftwerk y Front 242. Me estoy mareando.

Los renacidos Antipop, los Antipop de Big Dada, lo meten todo. Casi no hay momentos para la flojera. Y es que incluso con sus acrobacias más ortodoxas y conservadoras consiguen también cosechar pepinos enormes. En “Volcano” parece que hayan juntado a Lil Wayne, Luke Vibert y Outkast en la misma canción. “Capricorn One” es rap-makinero. “Fluorescent Black” es como escuchar una canción de Madlib, pero con dos cojones como sandías y muchas ganas de poner al oyente en Defcon 1. “Reflections” es quizás el corte más simple, pero esconde sorpresón al final, con treinta segundos de rock-funk con guitarra eléctrica que te dejan con los ojos a cuadros. Incluso la broma de “Born Electric” –con piano gay, sintes de peli de terror barata y caja juguetona– me parece jugosa. Buf, “Fluorescent Black” es “Rojo Oscuro”, “2001: Odisea En El Espacio”, “La Naranja Mecánica”, “Reanimator”, “Planet Terror” y “Atmósfera Cero” en formato hip hop. Para colmo, la portada me fascina tanto o más que la música. Esto no es un disco, esto es un maldito pelotazo.

Óscar Broc

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