Flashmob Flashmob

Álbumes

Vitalic VitalicFlashmob

7.3 / 10

Vitalic  Flashmob DIFFERENT / PIAS SPAIN

Si Marco Carola es el apolíneo de la pandilla, si Sven Väth es el jorobado tóxico, Óscar Mulero el asesino de “Hostel” y Valentino Kanzyani el killaco makinero con ciclomotor de pedorreta, que nadie lo dude, Vitalic es el desvirgador de elfas más efectivo del reino de Truchalandia. Lo suyo es mancillar la inocencia, la magia, la ingenuidad y la bondad feérica con sus sintes y su aparato (de hacer música, se entiende). Y para tales menesteres, como buen sibarita de virgos con sabor a Pichurri de los Bosques, el francesito se lo monta al más puro estilo Quagmire, es decir, con musicón suavesito, chimenea, un cóctel en copa Martini y una camisa roja con topitos amarillos. Hay que tener estilo en esta vida, aunque en el fondo todos tengamos el mismo cerdo egoísta fornicador dentro; y si algo está claro es que Vitalic es sinónimo de sutileza rabiosa, lo que él hace es la música que pondrías en el Montseny una madrugada de diciembre para que todas las elfas, gnomas y hadas de la zona acudieran hambrientas a tu regazo en busca de morcilla humana.

Pascal Arbez tiene su particular french touch colgando de la tocha cual piercing o resto de colombiana. Sabe utilizarlo, pero lo hace a su manera, es decir trasladando el aroma a baguete y cafetito a un paraíso ochentero de beats technoides, conatos de EBM, electro pop con pus y crucifijos colgando de la oreja. Nada nuevo, de hecho ya lo dejó bien claro en “Ok Cowboy” (2005): a este hombrecito de poco pelo y mucho bombo siempre le ha pirrado el ruido ochentero y el pedete belga. Basta con escuchar trallazos como “Chicken Lady”, una especie de Daft Punk meets Fixmer & McCarthy que te encoge las pelotas hasta convertirlas en diminutos garbanzos seminales. O “Flashmob”, por poner otro ejemplo, en la que también nos arrolla con una apisonadora que podría pasar por una versión de eurobeat-makinoide de Mr. Oizo.

El potingue tiene su miga, la verdad, Vitalic sabe deslizarse en estos terrenos de oscuridad electro, hard disco con moscas y melodías bailables con clembuterol ochentero. Tiene una pegada bestial, pero también hay seda, lencería de encaje, popper y boquita de pitminí. “Flashmob” es un disco perfecto para los que quieren zapatilla de la buena, pero con estilo, sin guarradas, sin sudores de rave chusca o tipos de rodillas en el suelo con el mechero encendido buscando la pirula perdida. Para entendernos, el viejo Vitalic hace techno con trufa blanca para la parroquia gay del mal rollo. En “One Above One” apela a una garganta femenina para encender la mecha de un temazo que sabe a festival de Benicàssim, carpa techno, siete de la mañana: gordo, retro, electrorrabioso. Si algo está claro es que Pascal surfea en una espesa sopa de sintetizadores mucosos e incluso pedorretas en 8-bits, como las que oímos en “Your Disco Song”, a mi modo de ver el mejor trallazo del álbum. Es como si hubieran juntado al gitano de la cabra, le hubieran dado una Gameboy y le hubieran ordenado que imitara el estribillo, con una Magnum apuntándole en la sien. Y sabe dar buenas collejas el francés, para qué negarlo: lo de “Terminateur” es tan quillo, machacón y acelerado que hasta tiene su gracia.

No lo sé, debo admitir que esperaba mucho menos de un tipo al que ya se le comienza a pasar el arroz (en este caso quizás debería decir el suflé), un soldado de la vieja guardia, vamos. Pero me he topado con una especie de sopa EBM con sintes, vocoders, hombreras, crepados y el teclista de Camela que me ha dejado muy a gusto y contento. Pascal sigue vivo.

Óscar Broc

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