Fin Fin

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John Talabot John TalabotFin

8.5 / 10

A propósito de John Talabot, siempre se habla de la luz. De los veranos y las sonrisas, de toda esa cosa feliz que sugiere la música despreocupada con abundancia de sintes claros y ritmos que parecen sacados de una selva en miniatura. Su progresión no se puede entender sin repasar primero aquel “Sunshine” (Hivern, 2009) que le situó en el mapa del revival house en Europa, con su crescendo al borde de la euforia, pero hay más –y menos obvio– en este álbum de debut, un ?in que, en cierta manera, obliga a reexaminar su estética, sus intenciones y su forma de conducirse en el estudio. No es un John Talabot distinto al que habíamos escuchado en los EPs previos –especialmente “Families EP” en Young Turks, que fue su primer intento verdadero por producir algo mínimamente identificable como pop–, pero sí es ahora un artista completo, con más posibilidades y más variado que el que habíamos conocido –o no conocido: hay que recordar su gusto por el anonimato, su celo, no enseñar la cara en las fotos, responder casi siempre por email, ocultar su nombre y ese ritual sanitario para que la gente se preocupara por su música, no por su ropa o su pasado–. “?in” no es un álbum en una sola dirección, sino varios álbumes en uno en sentidos a veces coincidentes y a ratos contrapuestos, porque John Talabot gasta un enfoque mucho más complejo de lo que hasta hoy nos había dejado entrever.

Hay hilos conductores: el tempo lento (“?in” no sirve para ponerlo en un club, al menos no cuando ha subido la temperatura y la sala reclama velocidad), la pulsión deep house, el uso de voces erosionadas –sólo son reconocibles como humanas las de Pional en “Destiny”, un impecable ejercicio house-pop, y la de Ekhi ( frontman de Delorean) en “Journeys”, de formas más psicodélicas– y el fino equilibrio que dispone John Talabot entre la alegría y la introspección. Con esos elementos, el álbum va girando sobre sí mismo y adoptando formas precisas según el momento, y se tiene la impresión, a medida que avanza, de haber viajado por una senda muy poblada –volvamos a la idea del disco y su sonido como una selva virgen– en la que siempre están pasando cosas. Quizá el arranque de “?in” pueda llevar a confusión, porque “Depak Ine” no sólo es el tema más largo, sino también el que más responde a la idea que a priori se tiene de John Talabot: forestal, tribal, house a cámara lenta que se baña en esperanza. Pero a medida que evoluciona se van distinguiendo emociones distintas, tonos menos unívocos. En “El Oeste”, por ejemplo, hay tres minutos de absoluto suspense, el aroma es nocturno, las líneas de sintetizador se arquean como olas de un mar que se empieza a picar.

En términos hitchcockianos, hablaríamos de McGuffin: “?in” es un disco que promete una conclusión que no llega; es un viaje que no conduce a ninguna parte –la gracia está en el viaje en sí, claro, nunca en el destino (resulta curioso que haya, por tanto, títulos conclusivos como “Fin” y “Destiny”, tan distintos en evocación a “Journeys” o “El Oeste”)– y que consigue algo que no muchos discos ni siquiera son capaces de esbozar: un mundo personal. Cuanto más se escucha el disco, más difícil es ubicarlo en un lugar geográfico concreto –si suena a Barcelona, es a Barcelona en otoño, pero nadie en Barcelona hace house así, a menos que sea en el sello donde John Talabot empezó a brillar, Hivern–, y aún más complicado de encajonar en la escena mal llamada balearic; incluso resulta demasiado poliédrico y gaseoso para un sello como Permanent Vacation. Lo que al principio puede parecer un sonido sin ganchos se acaba revelando como un disco en movimiento que a veces penetra hacia profundidades submarinas ( “Missing You”), sube hasta las alturas ( “Last Land”, con esas cuerdas al final con las que se cambia de golpe de la melancolía a la felicidad) o incluso se detiene abruptamente. “Estiu” es un tema que reúne muchas de las características de “*in”: empieza como una especie de revival de aquellos ambient-breaks de finales de los 90s –en sellos como Hardkiss, y en artistas como God Within– y acaba anunciando un final de gran riqueza melódica que, de golpe, se corta y no avanza. La misma frustración se siente en “When The Past Was Present” –también con recuerdos del viejo house progresivo, rico en pianos saltones, en la onda de Junior Boy’s Own–, que nunca estalla como el himno que podría ser, y “So Will Be Now”, final a lo Chicago años 90, con bassline ácida y punzante, donde Pional se transforma en un gurú post-disco de voz distorsionada.

“Fin” es un disco difícil al principio, precisamente porque no es obvio. Se reconocen las partes y las influencias, pero están movidas de lugar, como cuando alguien cambia la disposición de la ropa en un armario. Hay que situarse en coordenadas poco habituales, y a partir de ahí seguir la ruta que marca John Talabot. Puede ser obvia, errática, laberíntica, maravillosa, según el momento concreto, pero la sensación final se fortalece con cada escucha: no sólo parece haberse guardado cartas para el futuro, sino que además éste es un paisaje distinto, ameno y sombrío, y precisamente por eso altamente valioso.

Destiny feat. Pional by John Talabot

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