En Fin Tid En Fin Tid

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diskJokke diskJokkeEn Fin Tid

7.8 / 10

diskJokke, En Fin Tid SMALLTOWN SUPERSOUND

Cuando Joachim Dyrdahl puso en la calle su primer álbum, “Staying In” (Smalltown Supersound, 2007), no sucedió nada especialmente destacable. No se detuvo el mundo. Nadie se asomó por la ventana a proclamar la buena nueva. Algunas revistas publicaron críticas positivas, algunos DJs pincharon sus temas y se hicieron fieles devotos de su sonido, varios centenares de fans de todo el mundo recogieron el mensaje y apoyaron en la distancia, pero en ningún caso le sucedió lo que a su compatriota Hans-Peter Lindstrøm cuando salió a la venta su odisea disco “Where You Go I Go Too” un año después. No hubo medallas alrededor de su cuello, nadie le señaló como una estrella del revival cósmico de la disco music porque ese era el destino de Lindstrøm, que por entonces ya era la cabeza principal de lo que por entonces ya se llamaba la “mafia disco de Oslo” –el mismo clan al que pertenecen Todd Terje y Prins Thomas–. Así que Dyrdahl no tuvo ni giras largas, ni ofertas de trabajo lucrativas, ni muchas menciones en webs, pero con aquel LP consiguió despertar la suficiente atención como para que pudiera dejar su trabajo, dedicar todo su tiempo a la música, ir sumando remixes a su currículum –los mejores están en “Dislocated Remixes 2007-2008”, con liftings sintéticos para Bloc Party, Lykke Li o Foals; otro disco que no causó ningún revuelo destacable– y tomarse la grabación del segundo álbum con mucha calma. Y aquí está, ha llegado casi sin avisar.

Me gusta cuando brotan discos espléndidos sin que se los espere. La escucha suele ser libre de complejos, incluso de expectativas, y el disfrute suele ser más satisfactorio. En su día me escuché “Staying In” entero un par de veces, y me quedó la sensación de que diskJokke era un nombre a seguir de cerca a pesar de que había circunstancias que le podían mantener en un segundo plano por siempre. La moda del space disco no iba a durar toda la vida, y aunque él tenía un toque algo más IDM –incluso diría que pop–, el ser noruego ya le encajonaba. Había otras condiciones capaces de disminuir su importancia: no haber sido un pionero de su escena local, no estar tan cerca del entourage del líder como otros, no tener imagen, no sacar el disco oportuno en el lugar adecuado. Son cosas del azar: el día en que se repartieron los papeles en esta película de ciencia ficción sonora, a él le tocó el de secundario. Pero a veces los secundarios ganan Oscars, y “En Fin Tid” –que se traduciría como “un momento de felicidad”– es mejor disco que el primero, mejor disco incluso que el de paisanos como Prins Thomas, y le saca ventaja a Terje en que éste ni siquiera tiene álbum en la calle y empata con Lindstrøm a dos LPs por cabeza. Pero el éxito de “En Fin Tid” consiste, sobre todo, en lo equilibrado que acaba siendo y en la justicia que le hace al título: el enfoque pop de diskJokke sigue ahí, pero ha rebajado la complejidad estructural y el porcentaje de texturas ásperas, y de principio a fin nos lleva de viaje al fondo de la galaxia sin perder ni la sonrisa ni el deseo de diversión. No es un disco solemne –algo que, en cierto modo, “Where You Go I Go Too” sí lo era–, sino un despreocupado desfile de piezas que reúnen los tópicos y los argumentos valiosos del revival disco, de las percusiones abundantes en congas ( “Big Flash” tamborilea mientras busca inspiración en el Hi-NRG antiguo) y las citas constantes –voluntarias o involuntarias, eso es lo de menos– a los nombres del pasado que ayudaron a instaurar la era de la música sintética.

Por ejemplo, en “Reset And Begin” me parece escuchar homenajes a Kraftwerk –los de canciones como “Europe Endless”, que nunca fue parte del repertorio más popular del cuarteto alemán–, por cómo la melodía marca el paso con firmeza y elasticidad, y a la vez sumando ese punto romántico que ayuda a que escuchar esta música sea tan sencillo y natural. No sólo hay más elasticidad, sino también conducción firme gracias a unos patrones rítmicos que no dan rodeos: pueden ser más o menos lentos –el beat en “The Bund” es perezoso, pesado, como la pisada de un elefante–, pero siempre se dirigen hacia la profundidad, hacia lo lejos, de ahí que los cortes de diez minutos le salgan a diskJokke con una naturalidad pasmosa. Amante de todas las cosas retro, su paleta de registros va más allá del cosmic disco o de rendir pleitesía a toda la música antigua realizada con sintetizadores y pellizca detalles de acid house en “Nattestid” y en la breve “En Fin Tid”, pero es sorprendente el poco purismo intransigente que transmite el minutaje completo. diskJokke cubre todo el espectro que va de Moroder a Walter Gibbons y, de ahí, a Gino Soccio, Kraftwerk, Tangerine Dream, Patrick Cowley y D-Train. Hay veces en que la producción le suena más orgánica –percusión con tambores y congas, pads de sintetizador en los que lo grácil de la melodía obliga a olvidarse de la textura retro– y otras en las que es rabiosamente sintética –y no siempre retro: ¿no se parece “Big Flash” a los Underworld de 1993?–. Lo que sí es siempre “En Fin Tid” es un entretenimiento desprejuiciado y feliz. Cuenta Joachim Dyrdahl que empezó a pensar este álbum cuando nació su hijo, y quizá no sea necesario decir nada más. Un disco que llega de manera inesperada, que le ha salido del alma y que siempre te atrapa. Y él seguirá sin estar de moda, pero su música sobrevivirá. Richard Ellmann

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