Filth Filth

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Venetian Snares Venetian SnaresFilth

6 / 10

Venetian Snares  Filth PLANET MU

Con cada disco que publica Aaron Funk siempre existe la duda de si se habrá tomado en serio lo que hace o si habrá preferido dedicar su energía a chotearse del oyente incauto. Uno sólo puede relajarse cuando sabe que el tipo se ha puesto sentimental y grave, cuando entrega títulos como " Rossz Csillag Alatt Született" o " My Downfall (Original Soundtrack)", en los que las cuerdas tienen un gran peso específico y la idea de música "compuesta" es evidente y necesaria. En todos los demás casos, romper el precinto del disco supone afrontar una lotería, y si fijamos la atención sobre " Filth" (o sea, "mugre") hay razones de peso para apostar a favor y en contra. A favor, que Funk lleva casi un año sin publicar un disco (cosa bastante atípica en alguien famoso por su incontinencia), y que el último que lanzó al mercado, " Detrimentalist", pertenecía a la categoría de "álbumes que parecen hechos de coña", un exabrupto más cercano al chiste fácil (y grueso) que a la cosa seria y bien pensada. En contra, la ristra de títulos con los que ha bautizado los temas ( "Deep Dicking", "Chainsaw Fellatio", "Calvin Kleining", "Crashing the Yogurt Truck"), fruto de un sentido del humor bastante anal, y sobre todo la promoción que están haciendo desde Planet Mu, donde afirman que "este es el disco de acid más chungo que se ha hecho nunca. Venetian Snares ha cubierto su TB-303 con sus propias heces y se dedica a manejar los potenciómetros con la polla".

De acuerdo: todos sabemos que a Venetian Snares no le pegan mucho las sutilezas, pero ¿era necesario ser tan burro para vender su nuevo disco? La respuesta es que no, que " Filth" da mucho menos miedo del que promete y, lo que es peor, no aporta gran cosa al imaginario de su autor. Como en muchos de sus títulos anteriores, Funk construye los temas utilizando técnicas de collage, entrelazando ritmos endiablados con melodías que nunca llegan a desarrollarse del todo, bajos en síncopa continua con retales de algo que una vez fue IDM, fragmentos de ambient distópico, algún detalle gabba (cada vez menos, por fortuna), samples de origen indeterminado y alguna ración, moderada y acelerada, de dubstep. Todo metido dentro de un continuo en el que las ideas y los detalles se van sucediendo a toda velocidad, lo que significa que " Filth" viene troceado en diez temas, pero podrían haber sido veinticuatro, o siete, y no hubiera cambiado nada. Y es que este virtuosismo exagerado es a la vez la gran baza y la gran losa de Venetian Snares: está claro que nadie programa ritmos como él, con esos tempos y tránsitos tan atípicos y floridos, pero también está claro que le cuesta mucho trabajo desprenderse de sus gestos y manías; ni siquiera el recurso a una caja de ritmos tan reconocible como la 303 le permite dar un salto adelante, abrir una nueva senda por la que esparcir su mala baba. Sigue siendo un buen artesano, pero los días de gloria le quedan cada vez más lejos: ya sólo es capaz de epatar con sus notas de prensa y eso, en su caso, es bastante poco.

Vidal Romero

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