Fight Softly Fight Softly

Álbumes

The Ruby Suns The Ruby SunsFight Softly

8.3 / 10

The Ruby Suns  Fight Softly MEMPHIS INDUSTRIES / COOP SPAIN - NUEVOS MEDIOS

Otro título que aupar a lo alto de este fructífero año de nieves y bienes. Allí donde el olvidado debut de The Ruby Suns fue su disco de presentación y “Sea Lion”su trabajo de expansión, “Fight Softly” es el lugar definitivo al que siempre ha querido llegar el multiinstrumentista neozelandés Ryan McPhun. Una meta definida sólo por él mismo, que recoge todos sus antecedentes y los amplifica y compromete con una amplísima visión de futuro. Todo sigue en su sitio pero en otro estado, como si hubiera mutado entonces de sólido a líquido y ahora se convirtiera en gaseoso. Esta tercera entrega de la banda que completan Imogen Taylor y Amee Robinson, es mucho más que la suma de sus partes y acaba conformando una especie de ambiente o estado transcontinental que podríamos imaginar fácilmente recalando en estaciones tipo Brooklyn, Tenerife, Londres o Madagascar. Las varias vueltas que nuestro hombre se ha pegado alrededor del globo dan sus frutos ahora, cuando tiene su mochila a punto de estallar, cargada de ideas recogidas de aquí y de allá. El turista accidental está radiante y feliz, y se le nota. Parece flotar en una piscina de bolas de colores y enviarnos desde allí, como por telepatía y directo a nuestro inconsciente, todo lo que bulle en su viajera cabeza. Cargada de canciones extranjeras, es una aventura mucho más experimental y frontal que las anteriores pero también un viaje interior (allá cada cual con el suyo, hablamos del de su autor) más recóndito y particular.

Los pluscuamperfectos 45 minutos de “Fight Softly” discurren a mil por hora. La cabeza se va sola, se registran altibajos en la electricidad cerebral e impulsos continuos contra la pereza. Es un sentimiento epidérmico y jovial que se escapa entre los dedos: todos los temas resultan difíciles de atrapar y se resbalan de las manos como pescados vivos. Uno parece no enterarse de nada, mas al acabar la escucha algo importante ha ocurrido. Enseguida se quiere volver a ella para agarrar y fijar todo bien, porque pareciera que si lo soltaras, el sonido se escaparía hacia delante. Y es que el McPhun de 2010 suena apegado pero también muy avanzado a su tiempo, como si abriera una ventana pop hacia el futuro. En su descomposición del movimiento y en el fascinante trato aplicado a marchas y velocidades, el álbum se torna futurista. Mirando a través de su bola de cristal, parece mostrarnos las diferentes carreteras secundarias por las que podría desviarse el provenir de las cuestionadas rutas del afro-indie y el chill-wave. Ecuaciones arriba, incógnitas abajo, los The Ruby Suns que el año pasado giraban con The Dodos ahora se preparan para su próximo tour junto a Toro y Moi. Y quizá sea sólo un espejimo, sin embargo eso dice mucho: no cabe otro contexto mejor en el que enmarcarlos y la mejor forma de definir su lenguaje es ésa: la suma de la ritmia acelerada de una etiqueta con el relajo retardado de la otra. Una sinergia potente y fructífera que viene a confirmar y poner sobre la mesa todo lo que a ambos géneros les queda aún por recorrer.

Moviéndose en unos terrenos movedizos en los que la electrónica es casi incapaz de diferenciarse del indie, el de las antípodas da un giro a la ya de por sí alta elasticidad de su sonido para hacer de él algo atractivamente maleable. Resultado de los bailes y el fervor que ha venido observando en su público durante los directos, de entrada no se ven aquí hits tan perfilados como “Oh Mojave” o la mítica “Morning Sun”. En cambio, el trato general del conjunto es más de tono, más atmosférico, un continuum en el que los temas van mutando unos en otros para acabar alzándose por separado igual de rotundos o más. “Closet Astrologer” tutea a la anterior “There Are Birds” y “Cinco” brilla tanto como la alucinante “How Kids Fail”, perfecta para cuadrar en un hipotético salto de a Lo-Fi-Fnk a Memory Tapes. “Dusty Fruit” es la mejor canción de El Guincho que escucharás este año, mientras que “Cranberry” se balancea sinusoidal entre los jj de “Masterplan” y la alquimia enigmática de High Places. Ideal para combatir la astenia primaveral que nos azota la cabeza estos días, “Fight Softly” dibuja una síntesis perfecta de todo lo que nos había enamorado hasta ahora del grupo: psicodelia muy “alegranza”, gelatina de exótica de varios sabores, esperanza indie tornasolada e incluso una concepción reluciente del shoegazing que por momentos parece acercarles a cosas del estilo de Miracle Fortress.

Exquisitamente medido y filtradísimo, este precioso disco provoca unas cosquillas muy embriagadoras que no paran de brincar de los sesenta a los noventa y que tan pronto cruzan referencias a leyendas del jazz (Charles Mingus y David Pike en “Mingus And Pike”) como lanzan guiños a la cultura rave. “Fight Softly” es multiforme: a cada escucha suena diferente. También es surrealista, interesante e inteligente, definiéndose más por lo que no dice que por lo que dice. Mientras suena, todo burbujea chispeante con una radiante inercia que lo empuja continuamente hacia arriba. Y cuando termina, la sensación final es de extrañeza y regocijo. Mano de santo si lo que necesitas es desengrasar el oído.

Cristian Rodríguez

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