Fields Fields

Álbumes

Junip JunipFields

6.9 / 10

Junip Fields MUTE / COOP SPAIN - NUEVOS MEDIOS

Justo antes de que saliera a la venta el último tomo de “Scott Pilgrim”, muchos habíamos perdido la esperanza de que Bryan Lee O’Malley diera una explicación digna sobre qué era aquello de los viajes interdimensionales, y resultó que la historia se cerraba, sorprendentemente, con una dulce metáfora sobre la ascensión del gran mal entre los modernos treintañeros: la tendencia hacia la introversión hermética, a encerrarnos dentro de nuestras cabezas parapetados tras muros de contención de brillante adamantium que impermeabiliza de la influencia (emocional e intelectual) externa. Será que mi lectura del final de la saga pilgrimiana y el lanzamiento de “Fields” han coincidido en el espacio y en el tiempo, por lo cierto es que es inevitable pensar en ello cuando te plantas delante de una personalidad tan ensimismada como la de José González: un genio creativo que, pese a la dulzura de sus creaciones, no deja de ser una especie de niño superdotado que está pasando por su particular etapa genital. Un artista encerrado en su propia cabeza, a la que sólo unos pocos colegas se les está permitido acceder, a través de puertas con estrellas escarbadas en el umbral, para que se maravillen viajando a través de dimensiones vaporosas y multicolores. Pero no nos flipemos: sigue siendo la cabeza de José González. No la de sus colegas.

El problema es que, cuando se lanzó “Rope & Summit” (Mute, 2010) antes del verano, muchos fueron los que atesoraron una esperanza en doble dirección: para empezar, aquel EP significaba que, tras casi doce años de existencia, el debut en largo de Junip debía estar cerca; y, para acabar, pero acabar de verdad (dicho esto como algo positivo), que aquellas canciones apuntaban hacia una revisión cálida de un novedoso kraut-folk brumoso que arropara el ya conocido corazón débil de José González. Lo primero se ha cumplido. Lo segundo, menos. Vayamos por partes. Para quien se haya sorprendido con el apunte de que Junip son una banda con doce años de solera, deben saber que el grupo formado por González, Elias Araya (percusión) y Tobias Winterkorn (teclados) se bautizó oficialmente en 1998. Desde entonces, parece que han vivido buscando permanentemente una grieta en la carrera en solitario del de “ Heartbeats”. Con “Fields” resulta que han descubierto que esa grieta va a parar a un universo en el que las matemáticas musicales germanas se entrelazan con el folk pastoral británico de toques psicodélicos.

Buen punto de partida. Pero, de nuevo, hay que puntualizar que parece como si los tres suecos tuvieran miedo de cortar el cordón umbilical que los une con la realidad conocida y así explorar las posibilidades a la deriva de este nuevo universo. Siguen quedándose demasiado cerca de la grieta, demasiado cerca de esa pared de cemento que es la carrera (y el sonido) de aquel que firmó el ya mítico “In Our Nature” (Mute, 2007). Cuando más alto vuela “Fields” es cuando, por encima de la personalidad musical de González, se expanden sigiliosa y ordenadamente los teclados espaciales de Winterkon mientras la percusión de Araya actúa de red de contención acotando la fisicidad de las canciones. Así suenan temas poderosamente hipnóticos como la bellísima “ To The Grain” (con un xilofón que suena a infancia y a líquido amniótico), la estilizadísima “ Rope & Summit” (que, al fin y al cabo, es la que sintetiza con mayor acierto el libro de estilo kraut), la dulce “ It’s Alright” (con un pulso que resuena como un radar en la distancia) o la expansiva “ Without You” y sus sintetizadores robóticos y fantasmagóricos. Mención aparte merece la obsesiva “ Always”, que se cuela en “Fields” como uno de sus actos principales, pero que bien podría ser un fascinante y acertadísimo descarte de “Veneer” (Peacefrog, 2005).

Lo dicho no quita que, al fin y al cabo, la escucha del debut en largo de Junip se vea achacado por la dolencia de lo difuso: las canciones transcurren con demasiada placidez, sin sorpresas a la vista que puntúen altos en un camino excesivamente lineal. Todo está en su sitio, todo es correcto. Pero, con tan buen material de partida, no estaría de más que los tres suecos se mostraran más aventureros, e incluso ambiciosos, a la hora de alcanzar la excelencia por la vía de lo genuino. Ya lo cantan en “ Always”: “ Turn a deaf ear, no matter what they might say”. De eso trata “Fields”: de hacer oídos sordos y seguir encerrados en la cabeza de José González. De invitar a que pasen y vean, pero siempre mirando desde cerca de la puerta. Cuando lo mejor que podrían hacer estos tres es mandar a la mierda la pulcritud buenrollera y cortar el cordón umbilical a pleno mordisco. Aunque eso les deje la boca llena de sangre.

Raül De Tena

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