Field Rituals Field Rituals

Álbumes

Koen Holtkamp Koen HoltkampField Rituals

8.1 / 10

Field Rituals Koen Holtkamp TYPE

Muy poca gente ha oído hablar de Mountains, son menos aún los que han catado alguno de sus dos discos – “Mountains” (2005) el primero, “Sewn” (2006) el segundo, ambos bordeando la frontera entre lo sublime y lo extraordinario–, y encontrar a alguien con la predisposición a defenderles a capa y espada debe ser ya como localizar un partidario de Ruiz Gallardón en el PP: complicado. Y sin embargo, Mountains importan. Con base en Brooklyn, el sello que ambos dirigen –por ambos nos referimos a Brendon Anderegg y Koen Holtkamp–, Apestaartje, puede considerarse como el equivalente acústico al muy digital 12k de Taylor Deupree: hacen bella la abstracción, la granulación de un sonido que parte de lo amorfo y acaba filtrado como hermosos ambientes concisos de olor, color y luz. Mountains hacen un ambient –o ambient-folk, que también vale como etiqueta aproximativa– que no se puede describir con símiles acuáticos o atmosféricos, porque para ellos sólo vale lo terrestre. Es música frágil, de escasa densidad, que se mueve despacio y que se puede atravesar, o ignorar, o incluso permite esconderse en ella, pero de una densidad superior a la de Fennesz, que sería agua, o a la de Ezekiel Honig, que sería aire. Mountains son tierra, hierba, la ladera de una montaña –con una inclinación suave, de modo que le permite a uno deslizarse en trineo–: si es fluvial, no es el agua del río, sino el cauce. Disculpen lo cursi del párrafo; el exceso de melaza es para que entiendan tan inaprehensible idea, si esto fuera posible.

De Mountains hace tiempo que no se sabe nada, y Apestaartje lleva un año parado. Pero Koen Holtkamp ha proseguido esa línea estética –a mediados de año ya lanzó un mini-LP en vinilo, “Make Haste”, que costaba un dineral, pero el dispendio valió la pena– que mezcla field recordings –en medio de un tema se oye el entrechocar de unas piedras, o la risa de un niño, o el resquebrajamiento de la rama de un rosal–, drones suaves, rasgueos pausados de guitarra acústica y orlas ambientales que quedan suspendidas a modo de toque final de la decoración del paisaje, pero nunca como la base del paisaje en sí. Es un paisaje de media tarde, hacia el anochecer, cuando los rayos de sol tocan con la última calidez del día, cuando las horas se hacen lentas. O es un paisaje de amanecer, tibio, perezoso, y a la vez esperanzador, porque es el comienzo de algo nuevo. Las ocho piezas de “Field Rituals” son así: un ambient que crece del suelo, un folk microscópico, una música concreta de campo en vez de urbana, la neblina en los ojos al despertar. Suena como una turbina que arranca, y succiona. Es tan envolvente y hermoso como eran los dos discos de Mountains. Servidor confía en que, después de la enjabonada, mañana los fans seamos unos cuantos más. Id con dios.

Javier Blánquez

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar