Fetch Fetch

Álbumes

Moritz Von Oswald trio Moritz Von Oswald trioFetch

7.4 / 10

A razón de un disco por año, y un total de cuatro desde 2009 –primero fue “Vertical Ascent”, más tarde “Live In New York” y el año pasado el continuista “Horizontal Structures”–, ya se puede decir que el Moritz Von Oswald Trio no es un capricho de una leyenda del techno a la busca de nuevos límites para su expresión musical dentro de los difusos confines del jazz, sino un proyecto sólido y en permanente funcionamiento, siempre engrasado para estar en condiciones óptimas para cuando llegue el momento de ir al estudio de grabación a improvisar o pisar un escenario. La formación, además, es estable –con Vladislav Delay en la percusión y Max Loderbauer manejando sintes–, y el discurso se ha vuelto líquido, como un fluido constante y sin forma precisa que se adapta a fases de rítmica respingona o de indecisión ambiental. Recordemos que el Moritz Von Oswald Trio nació como un equipo de ensayo que pretendía ensamblar piezas del lenguaje del techno con el de la improvisación libre –un poco como Narod Niki, el grupo paralelo, inestable y reunido sólo en ocasiones especiales que comanda Ricardo Villalobos–, y que por comodidad y formación (Vladislav Delay había tocado la batería antes de empezar a firmar sus maxis en Chain Reaction), fue derivando al jazz.

En “Vertical Ascent” se alcanzó un primer punto de contacto prometedor. Gracias sobre todo a la pericia de Loderbauer con los sintetizadores, capaz de tocar módulos analógicos en tiempo real e ir haciendo que los cauces de sonido se fueran adaptado a la percusión de Delay –un cuerpo sonoro sobre el que Von Oswald puede entrar con total libertad con su arsenal de ecos y efectos para acabar de darle volumen al sonido, y casi se diría que un volumen fungoso–, el lenguaje del trío encontró una forma a partir de la cual desarrollarse. Con “Live In New York” se confirmó que, además de aprovechar las horas de ensayos, también sabían encontrar recursos e inspiración en el momento decisivo del directo, y el tercer título solidificaba la propuesta: era como echarle el hormigón a un cimiento que se intuía fuerte para empezar a construir el edificio. En ese sentido, “Fetch” es el primer piso de lo que puede acabar siendo un rascacielos. Es un disco distinto en algunos aspectos –la portada rompe con la estética de las tres anteriores, cuatro si sumamos “Restructure 2”, el 12” con el remix de Digital Mystikz, y nos muestra un auditorio concentrado, con la luz baja, una portada de tonos oscuros que se encara frontalmente con la claridad blanca de las anteriores–, pero en lo sonoro no hay ninguna transición violenta, ningún choque de intereses. Es el mismo equipo desarrollando la idea de origen y buscando intuitivamente ese paso adelante.

Tal como suena “Jam”, parece como si el trío hubiera ganado en músculo. La batería es preeminente y los bajos son más protuberantes que nunca, se hinchan como ampollas y van estallando –quizá la mejor imagen sería un caldo hirviendo, del que surge vapor y también esas burbujas de aire que desaparecen tan rápidamente como brotan–, y aún así el disco atraviesa fases etéreas, en las que los músicos parecen estar mirándose con un mensaje en los ojos –¿y ahora qué?– antes de volver a recuperar el tono físico y pisar el acelerador. Como los movimientos del corazón, hay diástoles ( “Jam” y “Club”, que es lo más cercano que ha sonado el Trio a los preceptos del techno-dub del que vienen todos originalmente) y sístoles ( “Dark”, que son siete minutos de ajustar el lenguaje y buscar un camino por el que adentrarse, y “Yangissa”, un final de especulación, de hasta 14 minutos, en el que el eco retumba y consume cualquier deriva rítmica o textural). Esta ganancia en fibra y en fuerza, y ese afinamiento de la intuición para saber cómo conducir la energía improvisada, nos dan la medida del grupo ahora mismo: están finos y saben lo que quieren, se sienten cómodos formando equipo.

Lo que ocurre con “Fetch” es que el factor sorpresa ya no existe; es el quinto título que nos llega con esta firma y conocemos sus maneras, sus intenciones y sus posibilidades. Ya nadie debería esperar una epifanía, como sí pudo suceder en “Vertical Ascent”, pero sí que se puede esperar el mismo tipo de relación que tenemos con artistas jazz de trayectoria larga, como Keith Jarrett o Brad Mehldau: que cada disco esté a la altura del prestigio ganado. Y “Fetch” no sólo iguala el prestigio. También lo amplía.

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