Femme Fatale Femme Fatale

Álbumes

Britney Spears Britney SpearsFemme Fatale

8.3 / 10

Britney Spears  Femme Fatale

JIVE RECORDS

No esperábamos nada de ella a estas alturas. Pero de improviso, Britney vuelve a hacernos creer en el pop de masas sin necesidad de raparse la cabeza, abusar de los sedantes o copar, día sí y día también, las portadas de la mugre sensacionalista. Cuando su vida se convirtió en un culebrón televisado, allá por 2006, Ms. Spears descubrió las grandezas del autotune y la sobreproducción embellecedora como un medio ideal de paliar su mermado talento. No hay mal que por bien no venga, y de aquella pesadilla nacida de la mente de Danja y los suecos Bloodshy & Avant acabó naciendo una masterpiece urban llamada “Blackout” (Jive, 2007), un álbum que sigue siendo objeto de culto aún en nuestros días. Ahora, inmersos en 2011, el pop palomitero se mueve por otras zonas templadas. El mercado estadounidense ha aceptado ese eurodance que tanto se le resistía en las listas de éxitos, las princesas del pop nos encasquetan menos baladas de relleno en sus discos y las bases de house choni de David Guetta son el hilo musical de cualquier templo del baile que se precie. Britney, que de tonta no tiene un pelo, ha sabido aprovecharse de la situación y ha reinterpretado “Blackout” a los tiempos que corren. Sí, tenemos permiso para quedarnos con “Unusual You” y lanzar el resto de “Circus” (Jive, 2009) al contenedor de la basura.

“Femme Fatale”, pese a un título tan topicazo, es una coherente montaña rusa de baile, un disco con una producción mimada al detalle que debería recetarse como lo que realmente es: un chute de entretenimiento en vena. Para hablar de Britney es de vital importancia detenerse un momento a escrutar su plantel de productores. Max Martin –quien la acompaña desde su etapa de lolita en “…Baby One More Time”– y Dr. Luke –el culpable de que Ke$ha o Taio Cruz hayan entrado en nuestros reproductores– se reparten el pastel casi en su totalidad introduciendo, incluso, un deje dubstep en la ya conocida “Hold It Against Me” o en “Seal It With A Kiss”. Al final ni Danja, William Orbit –te seguimos esperando con los brazos abiertos– Rusko o Diplo se pasean por aquí. Ni falta qué hace. “Femme Fatale” consigue por méritos propios ser una orgía de singles potenciales a pesar de la segunda elección de “Till The World Ends”, con su onomatopéyico estribillo vocoderizado, escrito por la mamarracha andante de Ke$ha. No vamos a pararnos en el mensaje de las canciones, más que nada porque no sabríamos por dónde empezar. Pero una mujer que dedica un tema a la gasolina prescindiendo del reggaeton –lo adivinaron, la susodicha se llama “Gasoline”–, y sale del todo indemne, se merece todos nuestros respetos.

Gracias a “I Wanna Go” y el bonus track “Selfish” –ésta última ideada por Stargate–, los sedentarios se plantearán por primera vez pasar por el gimnasio. Y, por su parte, will.i.am, empeñado en las operetas poligoneras, consigue sacar petróleo de una canción, “Big Fat Bass”, predestinada a acompañarnos en los probadores del señor Amancio Ortega. Aún hay más. Bloodshy & Avant vuelven –como siempre– a dejar el listón por las nubes con la juguetona “How I Roll” y ese “Trip To Your Heart” que es una lección de arte y solera para la pista de baile –y encima, en este caso, sin abusar de las trampas vocales–. Ya sin apenas aliento, tras haber quemado un par de kilitos, el álbum se guarda un par de sorpresas más: el medio tiempo con flauta de pan “Criminal” –una reformulación del venazo acústico que Madonna explotó en “American Life”– y “Don’t Keep Me Waiting”, un perfecto cierre para la edición especial en el que definitivamente se vuelve loca del coño por el electro-rock.

Disculpen la parrafada. Uno se ha dejado llevar por la emoción de encontrar un digno sustituto al “Body Talk” de Robyn. Como lo leen. No me lapiden públicamente por esta última afirmación, pero la mujer que da sentido al vocoder –o mejor dicho, sus productores– ha vuelto para cerrar bocas y ya, de paso, dejarnos claro por qué es y será una institución del pop. Chris Crocker vuelve a llorar en su habitación. Y esta vez sí que tiene motivos de peso para hacerlo.

Sergio del Amo

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