Feel Me Feel Me

Álbumes

Groundislava GroundislavaFeel Me

7.5 / 10

A cualquier tipo que sacara partituras emocionales de gran profundidad de la paleta de sonidos de una Sony Megadrive le calificaríamos de mago, alquimista, prestidigitador, David Copperfield… El arte de Groundislava debería tener un mayor reconocimiento más allá de los círculos freakérrimos del beat futurista. La sensibilidad mayúscula de sus experimentos traspasa membranas dimensionales como un cuchillo caliente hundido en mantequilla. Hay algo mágico en las abluciones mercuriales con sabor ochentero que practica el beatmaker de Los Ángeles, una gracilidad hipnótica en los movimientos, una reverberación llorosa y embriagadora, un reguero de sensaciones epidérmicas brotando de un manantial de sonidos de videojuegos extintos y consolas fosilizadas.

El debut homónimo de Groundislava, del que servidor dio cuenta en estas páginas, fue una revelación muy gratificante. La fórmula de aquel bautismo –básicamente, la utilización del libro de estilo chiptune para hacer canciones de amor– quedaba patentada de forma irrevocable por Jasper Patteron. Lo que encontramos en “Feel Me” es el refinamiento melódico y el pulimentado perfeccionista de lo que ya escuchamos en su primer LP. Y también se podría hablar de un enriquecimiento de la receta. Si se presta atención, se detectan suaves injerencias bass, tímidos intentos de aportar nuevos colores a la pintura, sin dejar mácula, eso nunca, en las credenciales que hacen de Groundislava un productor especial.

Todas las impurezas de su sonido primigenio, pues, se eliminan con antigrasa melódico y un afán mucho más pronunciado por crear atmósferas ensoñadoras. El infantilismo alienígena del primer corte –magnífico “Cider”– es una muestra inequívoca de los derroteros del LP: sintetizadores estilo “Planeta Imaginario”, programación de ritmos lo-fi con sabor retro, nebulosas de 8bits… A partir de ahí, Patterson se dedica a construir nanas galácticas para psiconautas del puchero sin mirar atrás. Aquí no hay sobrantes. “Olympia” es una canción de amor tocada por los personajes de “Adventure Time” y el Mike Paradinas de los 90. En “TV Dream”, con Clive Tanaka, apuesta por un synth-pop rococó remojado en melodías crepusculares de consola barata. En “After Hours” se deja llevar por las programaciones líquidas del bass, que sabe combinar con una sensibilidad asombrosa con esos sintetizadores de dibujos animados marca de la casa. “Cool Party” es lo mismo que juntar a Clams Casino y Mouse on Mars en el estudio y obligarles a jugar a la ruleta rusa mientras graban una tema. “Bottle Service”, pergeñada junto a su compañero de algunas fatigas Shlohmo, te acaricia el esternón con teclados sinusoidales, espirales de voz psicoactivas y colchones de subgraves que rebotan en tu sien como globos de helio remojados en LSD. La conclusión no podía ser más entusiasta: un disco de juguete que hace mucha pupa.

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