Father, Son, Holy Ghost Father, Son, Holy Ghost

Álbumes

Girls GirlsFather, Son, Holy Ghost

9.1 / 10

Girls  Father, Son, Holy Ghost TURNSTILE

En la primera escucha corres el riesgo de quedar destrozado, y para cuando suene “Vomit” a la mitad del metraje es posible que hayas tirado la toalla. Por suerte para nuestra salud, “Father, Son, Holy Ghost” no es el disco doble que Girls habían anunciado. Sin embargo, suena pesado como si valiera por dos. Cuesta digerir sus crudos 54 minutos de una sentada, pero cuesta porque Girls no escriben canciones para oídos casuales sino para oyentes dispuestos a comulgar con su dolor hasta el fondo, a dejarse pinchar por cada espina. En ese sentido, es un álbum-religión. Un vía crucis o un valle de lágrimas en el que el arrollador talento como compositores de Christopher Owens y Chet Jr White no se doblega ante nada. Ni teme conceder a sus nuevas canciones lo que estas le pidan –desarrollos dilatados de gesto antipático–, ni necesita esforzarse en embellecerlas. A Girls la honestidad brutal parece desprendérseles de encima sin quererlo y su alcance expresivo triunfa sin máscaras. Magno, verdadero.

Rotos por dentro, aquí se resarcen de todos sus pesares. Lo hacen de forma visceral, huyendo del exotismo de “Broken Dreams Club” y del eclecticismo de aquel bombón llamado “Album”. Pero no teman: no se han olvidado de nosotros y se guardan de hacernos el tormento soportable con píldoras de pop amable que ayudan a no claudicar. Inteligentemente salteadas por el repertorio están la fabulosa “Honey Bunny” para coger aire –cumpliendo la misma función de apertura que “Lust For Life” en el disco anterior–, “Saying I Love You” o la sencillamente perfecta “Magic”, perfumada con un seductor aroma cincuentas. Son los temas menos graves del disco y los que hablan de posibilidades, aunque sean recónditas, de encontrar la felicidad. La mayoría del resto de cortes hereda el tono catártico y masoquista de “Hellhole Ratrace”. “Die”, “Vomit”, “Forgiveness” o “Just A Song” lo dicen prácticamente todo desde sus títulos. Hablan con letras secas sobre amores irrecuperables y su desidia se escucha con el corazón en un puño, como un quejido ajeno por el que sentir compasión.

Menos lustroso que en sus otros lanzamientos, el sonido del grupo ha ganado en ardor. Siguen presentes esas genialidades en forma de detalles que ya caracterizaron a su debut, entre otras, sonar importantes con apenas unos acordes y el vacío de por medio ( “Jamie Marie”), unir milagrosamente los agresivos solos de guitarra de “Die” con la tierna “Saying I Love You” o permitirse despertar a “Forgiveness” de su bajona cuando ya lleva suplicando cinco minutos y medio. Pero lo mejor de las canciones es que, más o menos digestivas, todas purgan por igual. Son cuchillas cortavenas pero su filo se siente en la piel como el de una necesaria redención. El conjunto al completo suena como un rezo dirigido a alguien imposible de alcanzar, y el listado de letras, transcrito al completo en la portada, certifica dicho tono salmódico, además de servirnos para emparentar a los de San Francisco con los Spiritualized más gospel. También con el melancólico glamour de los Pulp más crepusculares o con la abisal desolación de Big Star. Girls conocen perfectamente esas sendas y, lo más importante, saben hasta donde pueden llegar al atravesarlas. No sólo se han crecido con once gigantes nuevos temas, sino que se han fortalecido instrumentalmente demostrando que su cancionero resiste mejor los envites cuanto más desnudos los enfrente. Sin maquillaje que valga para tapar las cicatrices.

Cristian Rodríguez

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