Famous Places Famous Places

Álbumes

Goldmund GoldmundFamous Places

7.8 / 10

Goldmund  Famous Places WESTERN VINYL

Goldmund siempre ha sido la zona de seguridad, de confort, de Keith Kenniff, irreductible campo de pruebas post-clásicas que ha conseguido mantenerse alejado de las inquietudes y filias experimentales del autor, sobre todo cuando a éste le atacó una necesidad irrefrenable de cantar y trastocar el discurso musical de Helios, su proyecto madre, para acercarlo a territorios de neofolk perezoso y predecible. Y quizá por eso, en un balance general y global de la trayectoria del compositor norteamericano la línea argumental de Goldmund se mantiene más sólida, intachable y compacta que la de Helios. En los cuatro lanzamientos publicados hasta la fecha, incluido su recopilatorio de rarezas “Two Point Discrimination”, su fórmula apenas ha variado o mutado, pero en todo momento ha mostrado claros síntomas de solidez y consistencia, con el palmarés de esos cuatro títulos magníficos, de intensidad y resultados parejos, que forman parte ya inexorable del recuento más brillante de la cosecha neoclásica de la última década.

Así pues, mientras en el discurrir de Helios siempre hay lugar para la sorpresa, el descubrimiento y el desconcierto, y no siempre en términos positivos, en Goldmund prima la fiabilidad y el guión más o menos conocido. Aquellos que ya hayan sucumbido al embrujo crepuscular de alguno de los álbumes de este proyecto menor ya sabrán a qué atenerse con “Famous Places”, apenas hay novedades. El piano vuelve a ejercer de hilo argumental y sonoro de todas las canciones, marcando el tono, la pauta y la emoción del viaje. A ese punto de partida se le añaden y se le suman arreglos sutiles, delicados, de guitarras acústicas, algún sintetizador ambiental y leves retoques electrónicos. Son pinceladas que complementan esa base de piano, pero una vez más aparecen de manera espontánea y puntual, cuando el cuerpo de la canción los necesita para crecer y ambicionar más emoción. Es cierto que se trata del disco en el que Kenniff ha empleado más recursos al margen del piano, y eso incide en la sonoridad más expresionista y romántica del álbum, pero en ningún caso hay supremacía o sublimación de los satélites instrumentales que enriquecen su punto de arranque.

Se repiten, pues, los esquemas de canciones breves, entre dos y tres minutos de media por tema, la construcción circular alrededor del piano y la noción precisa y muy contenida de la melodía como catalizador de emociones. Y esta vez, además, se añade al vagón de cola un concepto que en cierto modo ayuda a darle más empaque cinematográfico y evocador al conjunto. Los lugares famosos a los que alude el título y que encontramos explicitados en los nombres de las canciones se refieren a sitios que por un motivo u otro han tenido importancia en la vida personal y creativa de Kenniff, motivos de inspiración y evocación que nuestro protagonista aprovecha en este periplo por la memoria y las vivencias de su propia experiencia para hilar muy fino y ofertar sus canciones más accesibles y epidérmicas desde aquel portentoso debut, “Corduroy Road”. La idea es vieja y en cierto modo algo tópica, pero funciona realmente bien en este contexto.

¿El proyecto Goldmund parece atrapado en su propia fórmula? Sí. ¿Acusa cierta repetición de esquemas y patrones? También. ¿Se le detectan los tics con facilidad y los ves venir? No hay duda. Pero dicho esto, y asumidos los principales problemas de un discurso que, sin embargo, no aspira a grandes revoluciones ni saqueos creativos y es capaz de sobrevivir con facilidad a sus propias limitaciones, nos queda un ejercicio limpio, nítido, impecable en ejecución y planteamiento, que añade un nuevo episodio notable a su trayectoria, sin quejas de ningún tipo. “Famous Places” confirma, a la postre, que el autor necesita de la existencia de este proyecto para recordar quién es y de dónde viene, mientras que para sus fieles seguidores se consolida, si no lo estaba ya, como el seguro de vida para tenerlo atado en corto y evitar que sus divagaciones y curiosidades le lleven por el camino equivocado más tiempo de la cuenta.

Tim Ryback

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