Fading Parade Fading Parade

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Papercuts Fading Parade SUB POP

Jason Quever, que como muchos otros neófitos comenzó en esto de la música con grabaciones caseras y que la oleada del famoseo vía Myspace le ha pillado en pleno crecimiento creativo, dice inspirarse en la serie “The Twilight Zone”, Django Reinhardt e incluso Nirvana para componer sus discos. Pero lo cierto es que va un poco más allá, si uno lo escucha detenidamente, de influencias típicamente adolescentes o de las que quedan bien (¿cuántos de ustedes han escuchado o se han comprado un disco de Reinhardt, vamos a ver?). Papercuts es un proyecto que va más allá de todo lo que creó Phil Spector, de todas esas copias de copias que se pierden en un mar de atmósferas sin sentido, indefinibles, amorfas y más correosas que las fluctuaciones cuánticas que se verán próximamente en el LHC. ¡No! Resulta que en “Fading Parade” nos hemos encontrado con una portada preciosa, retro, con mucho estilo, de pista de baile paralizada y pensativa, que es el perfecto resumen del conjunto de temas que oiremos después: jangle pop retro, doloroso y dulzón ( “Do You Really Wanna Know”), reverberación perfecta, en su justa medida (en el single “Do What You Will”), y un montón de melodías emborrachadas (sobre todo en la desconsolada “I'll See You Later, I Guess”). Pero lo que más sorprende, la seña de identidad más poderosa de Papercuts, es la habilidad de Quever por exteriorizar su mundo interior con llantos y quejidos vestidos de esmoquin, en un grupo de temas lentos que están muy por encima de la media dentro del horizonte dream pop (grandes “Charades” y “Winter Daze”).

Hay que felicitar a esta gente por ser capaces de asimilar el espíritu de Belle & Sebastian, Slowdive o, por qué no, Cocteau Twins, y no despreciar las melodías que enganchan mediante los guitarreos (en la susurrante y muy afectada por la atmósfera densa, pero aún misteriosa “Chills”). O por plasmar el despecho en la épica triste de “The Messenger” (donde se adivina algo más verdadero que una producción sonámbula, al más puro estilo dream pop, como decíamos antes: se adivinan rastros de verdad). Ejemplo de todo ello, lo encontrarán resumido en la poesía de ensueño, convertida en música, de “White Are The Waves”. Si Papercuts no tuvieran esta producción, ésta canción sería un tema folclórico, de los que son cantados con el corazón en la boca. Imagínensela sin el envoltorio, y no hallarán más que dolor.

Jordi Guinart

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