Fade Fade

Álbumes

Yo La Tengo Yo La TengoFade

7.9 / 10

De todas las bandas que en el universo indie son, ninguna resulta tan entrañable como Yo La Tengo. Puede parecer un detalle banal, pero a poco que lo piensen a fondo, convendrán conmigo en que esa es la clave de todo. La clave para entender la particular relación que mantiene la banda respecto a la industria, la prensa y hasta su público, y también la clave para comprender el porqué de esa imagen que los tres de Hoboken llevan más de dos décadas cultivando: la de unos zarrapastrosos que van por la vida desastrados y con un brillo ingenuo en la mirada; que se dedican a lo suyo, y que no quieren saber demasiado de lo que ocurre fuera de su local de ensayo (una estética que, por si alguien no sabe de qué estamos hablando, quedó reflejada de manera magistral en el vídeo que grabaron para “ Sugarcube”, hace la friolera de quince años).

Hacen bien, claro. En un mundillo tan superpoblado de personajes pagados de sí mismos y de supuestos literatos-que-se-equivocaron-de-profesión; en un paisaje sobrado de tipos atormentados, introspectivos o directamente coñazos, de yonquis vestidos a la moda y de supuestos salvadores del pop, el incombustible trío que conforman Georgia Hubley, Ira Kaplan y James McNew siempre ha funcionado como un refugio cálido y reconocible, en el que cobijarse cuando la actualidad musical pierde los papeles. Ajenos a contaminaciones y veleidades, conscientes de que la única manera de no pincharse en ese zarzal que son las modas (casi siempre flor de un día, que esa es otra) consiste en permanecer fieles a sí mismos, nuestros tres héroes han terminado por dominar el raro arte de pasar desapercibido: a diferencia de lo que sucede con otras bandas (pienso en Radiohead o Coldplay, pero también en jóvenes cachorros como The xx o Beach House), las noticias acerca de nuevos discos de Yo La Tengo no levantan apenas revuelo. No hay colas de seguidores esperando en las tiendas ni fans que se muerden las uñas esperando a que llegue una fecha concreta, y eso a pesar de que, de todas las bandas que en el universo indie son, pocas resultan tan fiables. Sus discos, que llegan cada dos o tres años, no bajan nunca del notable alto y son un valor seguro a la hora de esquilmar la tarjeta de crédito (la única excepción sería su entrega del 2003, “Summer Sun”, pero incluso un volumen tan irregular como ese contiene joyas del calibre de “ Today Is The Day” y “ Take Care”, que justifican tenerlo en la estantería); y eso se extiende a las supuestas obras menores que publican en su propio sello, Egon, a títulos como “The Sounds Of The Sounds Of Science” (2002), “They Shoot, We Score” (2008) o la estupenda banda sonora de “Adventureland” (2009).

Como era de prever, “Fade”, la decimotercera entrega “oficial” dentro de esa larga carrera, no supone ningún giro de estilo dentro del particular ideario de la banda. Producido por John McEntire en Chicago (que además ha convocado a un lujoso puñado de músicos de sesión, como Jeff Parker o Rob Mazurek), es también uno de los discos más limpios y delicados de Yo La Tengo a nivel de sonido. Algo que se comprueba nada más comenzar, con un Ohm eléctrico y musculoso, que pone sobre la mesa todas las virtudes del trío –el muro de sonido crujiente y ligeramente desvaído, la base rítmica en tensión, los coros luminosos y los devaneos de guitar hero de Kaplan– y las amplifica gracias a unos alambicados arreglos de percusión. Y es sólo el primer acto de un disco gobernado por una psicodelia líquida y luminosa, de bordes un poco difusos y coloración extravagante (una estética que, por cierto, refleja a la perfección el bonito artwork diseñado por Mark One). Una psicodelia que igual toma la forma de canciones pop preciosistas y encantadoras ( “Is That Enough”, “Well You Better”, “The Point Of It”), que se sumerge en esa cámara de ecos y distorsiones ( “Stupid Things”, “Two Trains”) que la banda lleva perfeccionando desde los días de “Painful” (1993), o se pierde por delicados atajos acústicos ( “I’ll Be Around”, “Cornelia And Jane”). Un puñado de canciones gloriosas, entre las que sobresalen “Paddle Forward”, uno de esos ejercicios de pop ruidoso y adhesivo que nadie sabe hacer tan bien como ellos, y la preciosa “Before We Run”, pequeña sinfonía de pop orquestal, concentrada en seis minutos sublimes, pero que podría haber durado para siempre. Una joyita que pone el broche perfecto a “Fade”, un disco que no conseguirá hacer más famosos a Yo La Tengo, pero que certifica que no han perdido ni un ápice de clase o de inspiración; que siguen siendo los más entrañables del barrio. Y que así sea.

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