Face Tat Face Tat

Álbumes

Zach Hill Zach HillFace Tat

7.1 / 10

Zach Hill Face Tat

SARGENT HOUSE

Hay a quien estar en el paro le desespera y se dedica a matar el tiempo a base de ingerir cervezas hasta la indigestión, y luego está Zach Hill, que desde hace años no se han tomado ni un solo minuto de descanso. Así de injusta es la vida, pero la leyenda del batería de Hella retorna con “Face Tat”: después de “Astrological Straits”, reemprende su carrera con otra entrega orientada a su esquizofrénica concepción del noise rock, la electrónica enfermiza y la rabieta sonora propia de un simpatizante de las huestes hardcoretas. Según él mismo ha contado en varias entrevistas realizadas mientras gestaba el álbum, el origen de estas trece canciones radica en un artículo que llegó a sus manos que afirmaba que las personas con un tatuaje en la cabeza son las más propensas al suicidio –hipótesis que, obviamente, él no comparte en absoluto–. Lo que no queda claro después de oír “Face Tat” es si Hill, más que llevarnos al suicidio, pretende que nos marquemos un Van Gogh y nos cortemos la oreja al escuchar un tema como “Ex Ravers”, en el que el batiburrillo sonoro en bucle, además de ensordecedor, nos impide identificar de qué instrumentos está echando mano.

La destrucción y deformación del sonido como emblema melódico ha sido su religión durante todo este tiempo en el que ha estado colaborado con Prefuse 73, Marnie Stern o bandas lo-fi como Wavves –he aquí el porqué de su obsesión por las partes vocales difuminadas y escondidas tras efectos–. El tipo va a otro ritmo, marcado por compases dopados a unos terroríficos 380 bpm: por el momento, nadie le ha recetado un chute de flores de Bach para que se tranquilice. Después de esto pueden hacerse la idea de que “Face Tat” es uno de esos discos que hay que colocar en la estantería al lado de los de HEALTH y dosificar las escuchas si no pretendemos convertirnos en unos sociópatas de cuidado. Pero más allá de los temas “accesibles” –por decirlo de algún modo– como “Memo To The Moon” –con su conga de estalactitas tropicalistas pasajeras– o “Second Life” –donde Devendra Banhart deja su granito de arena cooperativo emulando las armonías vocales de Beach Boys–, el segundo trabajo de Hill es un collage de sus obsesiones musicales marcadas por una árida y extremista personalidad punk. Aquí precisamente es donde entra en juego Dean Spunt, de No Age, haciendo doblete en “The Sacto Smile” y la distorsionada “Total Recall”.

Buscando paralelismos absurdos, “House Of Hits” y “Burner In The Video” podrían ser perfectamente las melodías que suenen en los despertadores de Liars. Aunque hay más. Hill ha confesado que algunos de los efectos sonoros registrados provienen, entre otras fuentes, de varias patadas a la pantalla de un ordenador o el sigiloso ruido del orín cayendo en una pila de Rolling Stone caducadas –está suscrito a la revista, por si les interesa el dato–. Se hace imposible identificar estos sonidos a lo largo del minutaje –a lo mejor se hallan en “Green Bricks” o “Gross Sales”, una pieza de electrónica experimental que si nos viniese de Aphex Twin nos lo creeríamos a ciegas y para la que ha contado con la colaboración de otra bestia parda de las baterías, Greg Saunier, de Deerhoof–. “Face Tat” es una pesadilla musical de dificultosa digestión que no se recomienda a cualquiera. Pero en poco más de 40 minutos pone de manifiesto que Hill es capaz de hacer tambalear los cimientos del rock destruyéndolos desde su esencia y quemándolos sin compasión. Sólo hace falta ver su portada.

Sergio del Amo

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