Fabriclive 66 Fabriclive 66

Álbumes

Daniel Avery Daniel AveryFabriclive 66

7.7 / 10

Tiene 27 años y hasta hace dos, como aquel que dice, no se sabía de su existencia. Sus producciones de 2011 vienen firmadas con un alias que se movió mucho y con agilidad en el underground inglés, Stopmakingme, sinónimo de un house de sonido elástico y una fuerza sometida a tirones desde el lado del electro y el de la música disco moderna, y todo eso ha acabado desembocando en un giro personal a su vida que le ha llevado a adoptar su nombre propio para producir y pinchar, sobre todo pinchar, porque quizá no haya un DJ en Londres ahora mismo que trabaje con tanto ardor y omnipresencia como Daniel Avery. La consecuencia lógica es evidente: el secreto ha corrido de boca en boca y en Fabric han estado atentos para reclamarle un mix al que muchos identifican como ‘el nuevo Erol Alkan’.

“Fabriclive 66” no es un cd-mix comparable a los de Erol Alkan, de todos modos. La comparación viene dada por dos cuestiones personales –la amistad y el apoyo de Alkan hacia Avery, algo que es puramente geográfico y sentimental, pero no estético– y también por una cuestión de actividad frenética: la irrupción de Avery en el circuito de la música de baile recuerda mucho al de Erol hace ya una década, situándose en una escena al parecer desatendida, fuera de la moda, pero con un potencial tremendo por ser el recambio al ‘midstream’ clubber del momento en Inglaterra. Donde antes había los restos del trance de masas, él proponía un batido energético de electro, house y rock; donde ahora hay deep house de cuarta y una atrofia de la escena bass, Avery parece querer hacerlo sencillo y volver a un house típicamente inglés, con mucho bleep y texturas digitales, una volada cósmica y graves de goma dura, localizándose allí donde varias temporadas atrás encontrábamos a Terry Francis –el gran mago del tech-house, ese concepto en desuso– y Paul Woolford, y aún mucho más tiempo atrás a Chris Duckenfield.

Esta sesión de Daniel Avery para Fabric no destaca por su capacidad de sorpresa o sus virguerías. Destaca precisamente por todo lo contrario: si bien eso hace que asumamos el riesgo de llamarle ‘el DJ sin atributos’, en referencia a la novela de Robert Musil, lo cierto es que Avery tiene todo lo que un DJ necesita; un DJ clásico, por supuesto. La técnica es sobria y exacta, cada track forma parte de un bloque macizo al que no se le ven las costuras por ninguna parte, como mucho algunas grietas en su pétrea densidad allí donde, necesariamente, se cambia de un tema a otro y, al cabo de unos segundos, te das cuenta de que ha variado un matiz, ha entrado una voz o ha subido el bpm sin haberte percatado al instante –excepto cuando opta por el recurso, no siempre bien aprovechado por otros DJs, de introducir un elemento separador casi silencioso ( “Effect Tweak”) y volver a comenzar de nuevo.

El mix tiene tres momentos. El primero es claramente tech-house e incide en temas de nuevos productores de house vigoroso como Nautiluss, él mismo y los últimos Simian Mobile Disco ( “Supermoon”) para marcar su territorio: su lenguaje es el 4x4, no es un DJ de los que cambie el patrón, sino que confía el éxito de la noche a un clasicismo casi solemne. El segundo, que comienza a partir de “Water Jump” –producción propia que arranca con un breakbeat, prácticamente la única excepción a la regla del bombo a negras, y que tiene una robusta línea ácida y unas voces exóticas, claramente retro–, es la que Avery destina al viaje: la selección se estira, se retuerce, comienzan a asomar melodías progresivas y basslines ácidas (el final de “Water Jump” y “Something Borrowed” de James Welsh), y rápidamente explora zonas de oscuridad ( “Elegant Mistakes”, un inciso techno firmado por Forward Strategy Group) para regresar al camino e iniciar una tercera fase donde todo se mezcla finalmente y Daniel Avery nos da la esencia de su sonido: mecánico, elegante, airoso, noventero y generoso en minutos de éxtasis emocional. Y entonces es cuando la comparación con Erol Alkan se disuelve y tenemos otra intuición: ¿y si Avery fuera el nuevo Ewan Pearson? Por ahí van los tiros, diría yo.

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