Fabriclive 50 Fabriclive 50

Álbumes

Instra:mental Instra:mentalFabriclive 50

8.1 / 10

D-Bridge & Instra:mental present Autonomic  Fabriclive 50 FABRIC / PIAS SPAIN

El drum’n’bass era un género condenado a extinguirse. Durante años –durante toda una larga década– no había vivido una sola transformación de entidad, y entre sus filas sólo se contemplaban deserciones hacia el garage o el dubstep. Sus grandes figuras habían entrado en decadencia y sólo ofrecían un destello de talento de vez en cuando, como los futbolistas al borde de la retirada: imposible pedirles continuidad, y menos aún una idea nueva. Salvando reductos marginales de experimentación –que básicamente jugaban con las texturas, nunca con la estructura, como Equinox, Breakage o el sello Offshore de Nueva York–, o revivalistas de la rama más cálida y funk del género – Calibre, High Contrast–, el drum’n’bass era como esas familias que, de tanto reproducirse entre ellas, se ven afectadas de hemofilia. Mientras el dubstep le daba nuevos bríos a la electrónica de club británica, el drum’n’bass se revolcaba entre breaks maquinales a 180 bpms y subgraves que rugían como un dragón; lo de siempre. El tremendismo techstep era un callejón sin salida. El problema, pues, era la velocidad: el drum’n’bass sólo parecía justificarse a sí mismo a partir de un patrón concreto de aceleración, como el techno hace ocho años, y sólo se podía volver atrás echando el freno. El drum’n’bass tenía que dejar de ser drum’n’bass para salvarse.

Algunos tránsfugas no han vuelto. Breakage está haciendo ya más dubstep que jungle, así que la transición hacia la salvación o el fin definitivo parece recaer ahora en D-Bridge e Instra:mental, trío –Instra:mental son dos, Alex Green y Damon Kirkham– por cuyas manos pasa la solución del problema. Paradójicamente, antes habían sido causantes del problema, pues Instra:mental llevan diez años editando maxis sin haber resaltado entre la masa y Darren White, o sea, D-Bridge, había sido miembro de Bad Company –el tipo malo y feo de las rastas–, aquel grupo que alcanzó, en los días de Kemal & Rob Data y la segunda juventud del sello Ram, la punta más alta de fiereza y tremendismo post-industrial. Sorprendería verle aquí si no fuera porque ya hace tiempo desde que se declararon en rebeldía, planearon la fundación de sus sellos respectivos –refundación en el caso de D-Bridge y Exit Records, antes más cercano al liquid funk; Instra:mental crearon Nonplus en 2009; ambas son las marcas fundamentales del nuevo drum’n’bass lento, cinemático y zigzagueante– y comenzaron a tramar los podcasts Autonomic, entregas periódicas de mixología sin fronteras en los que despachaban jungle raro, dubstep, techno, house e IDM, siempre al mismo tempo. Es decir, el drum’n’bass debía hacerse más lento y dejar más espacios.

Aquí se podría hacer broma ahora con la frase que José Mota está convirtiendo en su muletilla, la de “dame hueco, dame hueco, que habiendo hueco yo ya sabré”. Pero es que es así: lo que hacen D-Bridge & Instra:mental es dar hueco para que las músicas se cuelen y, una vez dentro, afianzarse, ponerse cómodas e integrarse en la dinámica rítmica del drum’n’bass. Aquí más lento, como se ha dicho: ritmos suaves y aún así circulares, especulativos, con la paciencia de un cazador. No es difícil recordar al primer Photek, al que se inspiraba en la ceremonia del Japón medieval y las capas de textura gélida propias de una película de suspense. En aquellos podcasts, White, Green y Kirkham intentaban refundar el lenguaje del drum’n’bass: las mismas combinaciones de bajo lento y breaks disparados en varias direcciones, el mismo fondo ambiental de turbulencias, mareas y algodón artcore, pero con el tempo rebajado. Y tras haber puesto la idea en marcha, sólo quedaba perfeccionarla.

“Fabriclive 50” es, por supuesto, una traducción a CD-mix de las sesiones que estos tres forajidos del break traman algunos viernes al año en el club londinense. Pero también es, como indican ellos, el mejor podcast hasta el momento de la serie Autonomic. Podcast de pago, claro, pero también con una bonita funda de hojalata y un tracklist de hasta 31 nombres que cubre la última oleada de drum’n’bass pausado y resplandeciente, con la cara lavada y los ojos brillantes – Loxy, Genotype, Consequence, Abstract Elements y los anfitriones– y en el que se pegan, como lapas contra la quilla de un barco, outsiders del dubstep como Scuba o Vaccine, la letra pequeña del funkstep ( Pearson Sound y “Down With You”) y artistas que se podrían incluir tangencialmente en el saco wonky, como ese final firmado por Actress “Gen Ohn (Screwed Version)”–, que es un cierre enrarecido, un boxeo con sombra.

La sesión es ejemplar porque nunca es previsible: comienza con una torch song apasionada y con extra de caramelo, tanto que podría venir firmada por Kosheen –pero no, es “Seems Like”, de Riya, buen neo-soul a la inglesa–, y rápidamente comienzan los quiebros, las pausas, las croquetas y las fintas rítmicas. Cuando parece que la cosa va a ir rápido, se frena ( “Love Hotel”, del propio D-Bridge); cuando se entra en una fase comatosa, o se gira el manillar para darle gas a la máquina o se cambia de tercio de manera pasmosa y lógica ( “Phobos”, de ASC: puro neurofunk de la era Prototype); si hay que reforzar una idea, se refuerza (tres temas seguidos caen de Instra:mental entre la pista 11 y la 13: “End Credits”, “Watching You” y “Fist (Level 2B Mix)”, y si hay que dispersar las influencias para mantener la idea de eclecticismo, se hace sin problemas, escorándose incluso al techno si hace falta ( “Eclipse”, de Scuba). Plantear el mix de esta manera, con luz y sombra y tensión y distensión, es admitir que el drum’n’bass ha perdido su fuerza y que, o se alía con otros géneros –que es igual que reproducirse con otros genes, para que tu propia estirpe no degenere en una especie de profundos lovecraftianos–, o saldrá con los pies por delante. Esta sesión, magnífica a todos los efectos, sólo nos da dos opciones: o el drum’n’bass ha encontrado su wonky –o sea, su escapatoria hacia una cosa distinta–, o ha encontrado su tumba. Punto y aparte, o punto y final, éste es sin duda uno de los capítulos más bellos de esta historia. Javier Blánquez

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