Fabric 60 Fabric 60

Álbumes

Dave Clarke Dave ClarkeFabric 60

7.3 / 10

FABRIC

La estepa tiembla en la penumbra vespertina. Es la hora del lobo, es la hora del depredador: los animales se esconden, callan como tumbas, cualquier ruido podría desatar la ferocidad del lupus. Es Dave Clarke, joder, y aunque calce patas de gallo y sus pantalones de cuero pertenezcan a otros tiempos, sigue siendo una de las bestias más temidas de la Manchuria technoide.

Los que pudimos vivir sus sesiones en directo a finales de los 90 sabemos lo que significó el titán de Brighton. En los tiempos en que mandaba el vinilo y las muñecas más habilidosas partían la pana, este hombre marcó con su espada candente las nalgas del personal. Trepidante, ruidista, más rápido que una cobra, el tipo cambiaba galletas cada 30 segundos, perforaba las paredes del local con una ecualización apocalíptica, metía scratches en medio de un tema de Ben Sims y conseguía lo imposible: tener una cohorte de freaks que se pegaban al cristal de la pecera empastillados perdidos, sin moverse, solo para verle en la mesa de operaciones metiendo y sacando el bisturí a doscientos por hora.

En el 2011, en plena era de los programas de ordenador que pinchan solos y de los CD-mixers, la estética y el romanticismo no son valores en alza. Clarke ha cedido mucho terreno –pese a tener uno de los programas radiofónicos más incorruptibles del momento: White Noise– y ha dejado sus vinilos aparcados en casa, pero ha mantenido intacta su integridad estética y se ha mantenido firme en esa estrecha franja que va del electro rabioso al hard techno, pasando por al acid, el sonido Detroit y el industrial más sulfúrico. Por suerte, sesiones como las de este volumen de Fabric ayudan a poner las cosas en perspectiva y nos muestran que, más allá de modas, en este mundo de la música de baile todavía hay tipos que no saben lo que significa el término sell-out y siguen dándole al martillo pilón le pese a quien le pese. Brutal, arrollador, agotador hasta para los triatletas más preparados, el Dave Clarke actual sigue infundiendo miedo y haciendo mucha pupa.

Lo demuestra en 70 minutos trepidantes en los que va directo a la yugular, con un despliegue de electrónica infernal no apta para espíritus débiles. El artífice de “Archive One” –15 años después sigue siendo un disco fundamental en el mundo de la música de baile– pone sobre la mesa sus mejores cartas y lo hace con baraja nueva, es decir, material actual, nada de nostalgia, pero eso sí, con el sello gótico-punk-insano-siderúrgico que siempre ha caracterizado al Barón del Techno.

Así pues, Clarke nos sube a su bólido –normal que el tipo sea un amante de los coches deportivos– para marcarse unos trompos que te encogen el píloro. El electro más afilado deviene en el nexo conector de una travesía llena de guijarros rasposos que va de la EBM al hard techno, sin olvidarse del acid, del house de Chicago más peleón y de la IDM de guerrilla. Resulta del todo inútil buscar matices entre tantos bajos atronadores y tanta mala follá: es este un set primario, un patadón en la sien que corta la respiración, una declaración de principios que pondrá los pelos de punta a la familia minimal. Oscurísimo, satánico, el mix no da tregua desde el primer hasta el último de los 17 tracks incluidos. Gesaffelstein, Cristiano Balducci, Tommy Four Seven, Cute Heels, Scape One, Clatterbox, Dez William… Los nombres se suceden a velocidad terminal en el magma, fundiendo los núcleos de sus átomos a temperaturas inimaginables y con el maestro lanzado mezclas increíbles, milimetrando los tempos, añadiendo efectos martilleantes, sacando de la chistera trucos muy 90s y cuajando uno de los sets más irrespirables y frenéticos que recuerdo en mucho tiempo en la factoría Fabric. Rugged and raw: si eres hombre te va gustar.

Óscar Broc

Dave Clarke - Fabric 60

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