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Álbumes

Agoria AgoriaFabric 57

7.1 / 10

Agoria  Fabric 57 FABRIC

La elegancia es un regalo que Dios Nuestro Señor otorga en cuentagotas al género humano. Uno de los pocos afortunados en recibir tal bendición fue Sébastien Devaud. Digamos que el productor francés tira de su allure para compensar las limitaciones que tiene como compositor. Generalmente, la treta le sale a pedir de boca. Su techno es limpio, mayestático, regio, aristócrata, aunque muchas veces, cuando lo despojas de esa coraza de buen gusto, quedan al descubierto sus flaquezas, que no son pocas. Ahí tenemos el reciente “Impermanence” como ejemplo. Ahhh, amigos, pero cuando el capo de InFiné pincha, la cosa cambia. Estamos hablando de un estajanovista de las sesiones, de un tipo que juega con las capas y las mezclas, que reinventa las canciones, que derrama sudor sobre los platos.

En dichas aguas, Agoria es una firma de garantías. Esta vez, Devaud parece alejarse de las coordenadas de su mix más reciente para la serie “Balance” y así hincar los caninos en la pista de baile y no complicarse la vida. Sin experimentos extraños, sin eclecticismos asimétricos, sin mayores intenciones que hacer bailar al rebaño y dejarle una sonrisa de gustirrinín postcoital que asusta. Y lo cierto es que le sienta muy bien la sencillez de los ritmos bailables, porque sabe manejar con una fluidez asombrosa un cambio de marcha a tres simples velocidades: sonido Detroit, deep house y tech-house. Se trata de una base perfecta para que el francés ponga a prueba sus dotes como cirujano de la mezcla eterna –muchas veces resulta imposible adivinar dónde empieza un corte y termina otro–, practique el solapado de tracks sin red y en pelotas –atención al triple bypass con STL, Ranges y Moritz Von Oswald– y navegue a toda vela en charcos sin remover: los bpms aguantan un ritmo muy equilibrado de principio a fin, aunque, eso sí, el tono se oscurece a medida que avanza la incursión.

Después del despliegue de veteranía rabiosa del eximio Derrick Carter, Agoria aterriza en Fabriclandia con mucho menos estrépito, en un avión monoplaza que planea como una gaviota sobre nubes house y algún que otro anticiclón acidulante y, contrariamente a lo que podría denotar el pelaje monocromo del set, ofrece minutos de baile de altísima calidad. ¿Lo mejor del mix? Sin duda alguna la cirugía que aplica a su “Speechless”, Carl Craig y Sun-Ra mediante, el funk acelerado con radiación 303 de Cottam y los despuntes ácidos que le arranca al “Belvide Beat” de Mark E. Una sesión medicinal: alivia los síntomas de la “agoriafobia” cosa mala.

Óscar Broc

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