Fabric 55 Fabric 55

Álbumes

Shackleton ShackletonFabric 55

9 / 10

Shackleton  Fabric 55

FABRIC

Para todos los que creen que una sesión debe aspirar a la perfección de ser contada, vivida y sentida como un viaje, ésta de Shackleton es uno de los mejores y más extraños periplos jamás experimentados en esos tres niveles. La narración de este “Fabric 55” empieza una madrugada, en la Room 1 de Fabric. Sam Shackleton –que comenzó su brillante trayectoria delante de un ordenador cuando el amigo con el que tenía un grupo lo dejó todo y se convirtió al Islam– recuerda que le sorprendió que Fabric le requiriera: “Nunca imaginé que estuvieran interesados en la música que hago. Así que me llevé una sorpresa muy agradable cuando me dijeron si me apetecía actuar allí, mucho antes de que otros clubes londinenses se pusieran en contacto conmigo, o incluso, que supieran que existía”. Lo que sucedió aquella noche fue tan increíble, perturbador, original, inesperado e hipnótico –los comentarios de los asistentes son tan vehementes que es imposible no rechinar los dientes de pura envidia– que la gente de Fabric le propuso editarlo como una de sus archifamosas referencias. Shackleton estuvo de acuerdo, pero prefirió re-grabarlo: “Con este mix he intentado representar lo mejor posible todo lo que toqué aquella noche. Y quitando los fallos. Algunos temas son revisiones de material antiguo (editado en Perlon, Skull Disco y Hotflush). Otros son nuevos. Hay canciones que nunca verán la luz de otra manera que no sea ésta. Y otras tantas ni siquiera son canciones; simplemente, partes que coinciden y emergen entre temas... Creo que eso es lo mejor, la verdad. No espero que le guste a todo el mundo porque no se ajusta al gusto general. Pero sí espero que le guste a alguien”. Es un viaje de ochenta minutos que se desliza en espirales de oscuridad. Es hípercomplejo, denso y, en muchos momentos, asfixiante. Atmósferas turbias y desorientadoras pero elegantes al máximo, tambores tribales que van subiendo en intensidad como en una invocación lovecraftiana, voces siniestras que se convierten en cánticos huecos y melódicos. Los sentidos se elevan y se afinan, se paladea la delicadeza que reside en lo retorcido. Es terrorífico, aterradoramente rítmico, pesadillesco y también luminoso. Es dubstep, es techno, es jungle exótico, drum ‘n’ bass jodidísimo, una mezcla bizarrísima de todos; pero, sobre todo, es tribal. Es, probablemente, la música electrónica más bella que se puede escuchar este año, aunque con sesiones como ésta las medidas de tiempo son inútiles. Este “Fabric 55” (compuesto, como el de Ricardo Villalobos o el de Omar-S, sólo con material propio, bordeando así los límites del mix y del álbum), es de esas sesiones que en un club –y más con el casi pluscuamperfecto sistema de sonido que tiene Fabric– atrapa, sume en silencio a una elite clubber, hace cerrar los ojos y hace bucear entre capas de sonidos indescriptibles pero llenos de significado. Cuando parece que llega la asfixia, un repiqueteo inesperado hace abrir los ojos por un momento y boquear. Las capas de oscuridad vuelven en oleadas y, con ellas, el glorioso atrape que se desvanece cuando enciende la luz y hay que abrir los ojos definitivamente y se parpadea sonriendo y entendiendo, durante unos minutos, todo. Es la banda sonora que debería acompañar un viaje de peyote, a la búsqueda del “inner child” o el vuelo sobre las Líneas de Nazca. Que cada uno introduzca aquí sus viajes soñados. Estos son míos.

Marta Hurtado de Mendoza

Shackleton - Hypno Angel

¿Te ha gustado este contenido?...

cerrar
cerrar