Fabric 52 Fabric 52

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Optimo (Espacio) Optimo (Espacio)Fabric 52

8.5 / 10

Optimo (Espacio)  Fabric 52 FABRIC

Sin Optimo (Espacio) –el club– la noche de Glasgow se queda huérfana de riesgo. En abril se daba por concluida una aventura de 13 años que, cada domingo, con regularidad imperturbable, daba argumentos serios para trasnochar e ir al trabajo con grandes ojeras y la musculatura fofa, con una sensación de jet lag insoportable pero con la experiencia bien acomodada en el recuerdo: la posibilidad de ver en directo, por ejemplo, a los ruidosos Whitehouse o a la mítica banda post-punk Liquid Liquid–de cuyo tema “Optimo” tomó su nombre el club de JD Twitch y JG Wilkes– y luego cerrar el local con una sesión de DJ sin reglas, sin modas ni peajes, era algo que no tenía precio. Valía la pena pagar el cansancio por un día porque aquellas sensaciones permanecerían con los años. Los habituales de Optimo (Espacio) lo saben, y aunque sus artífices han prometido volver a las andadas –ya han pasado las elecciones británicas, así que ya es momento de que se pronuncien y se postulen ideológicamente a la contra, pues han ganado sus denostados tories–, esta entrega para Fabric es el testamento final y definitivo de una manera de entender la noche en la que el primer mandamiento consistía en valorar por igual lo primitivo y lo moderno.

Twitch y Wilkes son animales omnívoros que degluten vinilos con la misma facilidad con la que el Monstruo de las Galletas se zampaba sus rosquillas. Han acumulado con los años una colección de música que les capacita para pinchar en todo tipo de entornos y ante cualquier público, incluido el más exigente y entendido. De eso iba Optimo (Espacio): de estar por encima de los clientes sin querer en ningún caso plantear una humillación. Todo lo contrario: el respeto era la base de cada noche. Sabiendo que iba a acudir gente entendida –sólo se sacrifica un domingo por la noche si se sabe a lo que se va y, sobre todo, si se necesita estar pese a todo–, ellos elevaban el listón de exigencia poniéndose en la piel de quien paga la entrada y sacrifica horas de sueños. En directo, te podías encontrar a LCD Soundsystem cuando sólo podían actuar durante veinte minutos –no tenían repertorio para estirar más el concierto– o algún veterano del post-punk o la minimal wave, y a los platos tres cuartos de lo mismo. JD Twitch y JG Wilkes, por tanto, se tenían que tatuar un mantra en sus brazos para no olvidarlo mientras despachaban sus mezclas directas, crudas y exactas, siempre a la vieja manera de vinilo en el plato y gran dominio del mezclador y el pitch: “all killer, no filler”, todo chicha, nada de relleno, sesiones intensas, con sorpresas, con descubrimientos, cubriendo todo el espectro que va de la EBM temprana al synth-pop primitivo, de la música disco sintética al acid house, de Detroit a Leeds, del techno de Berlín al house de Nueva York, y todo lo que hubiera sucedido después con la suficiente solera como para presentar candidatura para pasar a la historia de la música de baile.

Por eso, este “Fabric 52” se me antoja como un intento de resumen en ochenta minutos de más de una década de actividad repasando las dos décadas anteriores y la que estuvo en curso. Una tarea de colosos, qué duda cabe, pero no imposible para Twitch y Wilkes, que si algo han demostrado es que tienen el material, la técnica y los huevos para meter todo eso en la trituradora y conseguir que de ahí no salga una papilla inconsistente, sino un bloque de sonido duro y sin fisuras. Son 22 cortes en círculo perfecto –empiezan con el protopunk electrónico de Fad Gadget y concluyen con el “Heartbeat” de Xex, otro de los descubrimientos del revival de la minimal wave–, y lo que hay entre medias es, sencillamente, una locura de bombos trotones que trazan un arco ascendente en el primer tramo del mix: Hi-NRG reimaginada para el presente por Prins Thomas en su remix de “Cosmorama” (Discodromo), el techno narcótico de Basic Channel (“Q1.1”), el techno volcánico de Spencer Parker, la primera salpicadura ácida escupida por Locussolus – “Gunship”; luego viene otra firmada por The Minister con el “Amigos Cómeme” de Rebolledo (una especie de remake sudamericano del “Teachers” de Daft Punk) a modo de puente–, minimal renqueante y cubista (Altz, Thomas Brinkmann), disco-punk de ayer y hoy (Rheingold, Capablanca & T Keeler)…

En ese momento, la mezcla se rompe con un inciso funky de Rosca y otro instante afro – “Shacalao”, de Cumbia Moderna de Soledad– que tendrán una réplica más adelante con el “Inflation” del timbalero Crazy Cousinz, pero es sólo un descanso, una bajada de ritmo quizá necesaria para tomar aire y recobrar impulso, porque en el tramo final el mix se hincha con más galopadas de secuencias hipnóticas del Hi-NRG primitivo ( “Spys”, de Roni Griffiths, producción original de Bobby O.), neo-Detroit profundo (Levon Vincent, Oni Ayhun), neo-italo (Desire) y minimal-pop caliente (el “Walter Neff” de Matías Aguayo). Esto es el mix, y es muchísimo, porque por un lado deja la sensación de que Optimo (Espacio) ha terminado cuando aún tenía mucho que ofrecer y muchos tesoros que desenterrar, y por otro culmina en su propio clímax, obligándote a desear más minutos, otro vinilo extra. El punto de frustración de acabar forzosamente una noche que estaba siendo memorable y el confort de espíritu que sólo dan las experiencias memorables. En verdad, hay que estar orgullosos de que la aventura Optimo (Espacio) haya acabado tan bien y con esta sesión-testamento fiel punto por punto a su espíritu. Sólo puedo acabar este texto con una palabra: gracias.

Richard Ellmann

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