Extra Wow Extra Wow

Álbumes

Nice Nice Nice NiceExtra Wow

8.1 / 10

Nice Nice  Extra Wow WARP

El otro día conversaba con un tipo muy guay acerca de esa dicotomía que ya se extiende demasiado en el tiempo y que divide a la gente en dos grandes dogmas: los rockistas y los electronistas. Aunque el tipo guay y yo coincidíamos en que era difícil encontrar practicantes ortodoxos en cualquiera de los bandos, sí que es cierto que todavía existen reproches entre un lado y otro. Que si la electrónica no puede evolucionar, pues anda que el rock que lleva repitiendo fórmula 50 años, que si las máquinas no tienen alma, que si obviar la tecnología es de snobs… Sin embargo, en ningún momento de la conversación barajamos la posibilidad de que pudiera existir un punto de encuentro entre las dos razas, un producto que echara por tierra tanto los reproches de un bando como los del otro. Dos días después me topaba con “Extra Wow” y mi juicio de valor sobre esta eterna trifulca sufría una evolución conciliadora y pacifista. Quizás Nice Nice no hayan dado con la fórmula definitiva, pero muy probablemente estemos ante el principio de algo que demuestre que el enfrentamiento es contraproducente para todos. Y no hablo del mero hecho de que el dúo de Oregón utilice guitarra, batería y maquinitas, cosa ya habitual en la música. Hablo de formas y estructuras, de absorber lo mejor y más intenso de la genética rockista y lo mejor y más intenso de la fórmula electrónica.

Sin embargo, y a pesar del efecto pacifista y “buenrollero” que ha tenido sobre mí, “Extra Wow” ha sido una pesadilla, un dolor de muelas, un forúnculo en la ingle. Digerir un botillo con repollo en agosto se me antoja más fácil que este disco. A merced de “ See Waves”, que apareció en el recopilatorio de Warp 2010, quería encontrarme con un disco de rock con ínfulas world music, algo parecido a mis adorados Rainbow Arabia. Sin embargo, la percusión tribal y rítmica de este tema, así como el punteo guitarrero de rock bereber resulta anecdótica en el conjunto del álbum. El único rastro world music se queda aquí, en el repicar metálico de platillos y crótalos de “ Everything Falling Apart”, en alguna guitarra emulando los glissandos de un sitar, como al final de “ Big Bounce” o el principio de “ New Cascade” y en esa especie de omh budista que abre “ Set And Setting”. “ Extra Wow” es, sobre todo, ejercicios de psicodelia lisérgica, de distorsión noisecore y ruido blanco sobre loops infinitos, a veces más orgánicos, a veces más espirituales, a veces más mundanos y narcóticos. Pero siempre cabalgados unos sobre otros; y sobre estos, instrumentación. Y sobre la instrumentación, voces o sonidos ambiguos, creando un paisaje épico de sol abrasador y dunas de colores, como las botellas de sal y tiza que se hacen en el colegio.

Épica es la apertura del disco, con “ Set And Setting”, “ One Hit” o “ On And On” (como su nombre indica, un subidón continuo con modales de electrónica a lo Rollin’ & Scratchin), donde la actitud grunge se pone al servicio de las estructuras electrónicas y las guitarras distorsionadas y baterías estruendosas toman formas repetitivas en una especie de viaje por un túnel de luz blanca cegadora. ¿Cómo pueden dos personas hacer tantísimo ruido? Hasta el quinto tema, “Extra Wow” es como un final antológico de un concierto de rock. A partir de “ Everything Falling Apart” la fuerza e intensidad se relajan, ganando presencia ritmos más cadenciosos, sonidos más oníricos y melodías más digeribles. El groove pueril de “ Big Bounce” inaugura una segunda mitad del disco donde el ritmo motorik y las influencias del rock progresivo son más palpables. La intensidad de la primera parte sólo se retoma en una joya llamada “ Double Head”, que me hace pensar en los Fuck Buttons ciegos de peyote cruzando Nuevo México a pie camino de California. Un tema apocalíptico, lleno de capas y texturas que beben tanto del techno y del acid como de la omnipresente psicodelia.

A expensas de lo que hagan en directo (un tema que me “preocupa”, ya que de vídeos recientes de la banda en directo sólo hay éste, que puso en circulación Warp y en el que no existe el audio de las actuaciones), Jason Buehler y Mark Shirazi han parido un engendro que, a pesar de sonar a cosas ya hechas o inventadas, es imposible de clasificar. Y que es como el monstruo de Seat: cuanto más amor le des –y más dedicación le ofrezcas–, más crecerá. Sólo por rebatir uno de los tótems de nuestra década, el “ya está todo inventado”, habría que sacarse el sombrero y pedir aplausos. Por conseguir una fórmula que concilie sentimientos y sensaciones entre el ejército rockero y las hordas de la electrónica se les podría dar el Nobel de la Paz… ¡Joder, si se lo han dado a Obama y ni siquiera ha hecho un disco!

Mónica Franco

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