Expo 86 Expo 86

Álbumes

Wolf Parade Wolf ParadeExpo 86

8.5 / 10

Wolf Parade Expo 86 SUB POP

El título del nuevo disco de Wolf Parade, según ha confesado Dan Boeckner, no guarda ninguna relación directa con el puro contenido del álbum. Eso no quita que podamos jugar a buscarle su significado. Titularlo con el nombre de la Exposición Internacional del Transporte y la Comunicación celebrada en Vancouver en 1986 se les ocurrió a los actuales miembros de la banda cuando cayeron en la cuenta de que todos ellos habían asistidos de críos a aquel evento. Pensaron que, quizá, sin conocerse todavía, sus miradas se cruzaran allí por un segundo, de lejos, o incluso puede que se tropezaran unos con otros sin darse cuenta. Esa evocación nostálgica y melancólica de aquella Expo 86 que vivieron por separado, resulta cuanto menos curiosa por lo que dice de este trabajo, uno de los más macizos y rocosos del año y aquel en el que el grupo funciona unido como nunca. Su recuerdo común de la visita por separado a aquella feria titula sarcásticamente el que es su álbum más cohesionado como banda, el álbum en que se les nota más unidos, apuntando todos al mismo sitio como cogiditos de la mano. Veinticinco años después del invisible encuentro, “Expo 86” es su particular celebración de facultades. Boeckner y Spencer Krug se muestran estilísticamente excitados por sus diversos proyectos paralelos ( Handsome Furs, Sunset Rubdown, Moonface), Dante DeCaro toma parte como nunca en el proceso compositivo, y Arlen Thompson sustituye a un Hadji Bakara que ha abandonado definitivamente la formación para centrarse en sus estudios de literatura. De esta forma organizados, les ha salido, como decíamos, su gran disco como banda, uno engrasado al máximo y con infinitas ideas hirviendo a cada minuto; aquel del que se sienten más satisfechos y el más fiel a la estética del grupo. En resumen, y por decirlo sin rodeos, el mejor de su carrera.

Allí donde el seminal “Apologies To The Queen Mary” –su disco pop– sigue sonando fabuloso aunque un poco torpe en la producción, allí donde el buen fondo de “At Mount Zoomer” –su disco psicodélico– resultará por siempre saturado a los controles, para este asesino “Expo 86” –su disco rock– han decidido grabar en directo corrigiendo los errores del pasado, exactamente del mismo modo que hiciera Krug con el magnífico “Dragonslayer” de Sunset Rubdown: registrando únicamente las voces por separado y pasándolo luego todo a cinta. El comandante en jefe ha decidido grabar de esta forma todo lo que haga a partir de ahora y, al entenderse que Wolf Parade fueron, son y serán una bestia del directo a la que la música le sale por las heridas a borbotones, la decisión no puede parecer más lógica por lo que respecta a esta empresa. A “Expo 86” le han dedicado sólo el tiempo mínimo necesario, algo que cuesta creer. Como premisa, Krug y Boeckner intentaron escribir canciones “que se pudieran bailar” y el resultado no es precisamente para botar en la pista del club pero sí que da para pegar unos buenos bandazos de cabeza y algún que otro guitarrazo al aire. Tirando del mismo empuje uptempo que diera forma al violento “Dragonslayer”, la vertiginosa catarsis que se propone aquí (letras densas, infinidad de melodías cruzadas, estructuras cual rizomas) cobra vida propia. Cada canción encierra en su interior posibilidades potenciales para cuatro más y todas aparecen gobernadas por ese señuelo maximalista que algún día se convirtiera en santo y seña de la escena canadiense.

La capacidad para trenzarlo todo según esa marca de fábrica (poderío multiinstrumental, habilidad para la superposición de capas, estructuras pretenciosas), hace de ellos el verdadero arquetipo musical, el motor escondido no sólo de su país, sino de todo Estados Unidos. Pero acotemos la comparación a la citada Canadá, un país radiante de nuevo en 2010 como lo fue hace algunos años. Por ejemplo: nuestros protagonistas simbolizan la más maravillosa pesadilla soñada por Arcade Fire, un grupo completamente diferente en planteamientos pero muy afín en resultados. Allí donde los autores del esperado “The Suburbs” gozan de un controlado éxito comercial, Wolf Parade son indie a volantazos pero de tapado, un art-rock desbocado sin control que recupera los presupuestos de los más indies Built To Spill, Sonic Youth o sus padrinos Modest Mouse para barnizarlo con brochazos de glam desquiciado y new wave reventona, las dos debilidades, respectivamente, de Krug y Boeckner. Los siderales sintetizadores de “Oh You, Old Thing” –puro OMD– o el oculto tejido jamaicano de “Ghost Pressure”, una canción para obsesionarse sin remedio, lo demuestran. Como ellas, “Expo 86” contiene once impresionantes chorrazos de esa incomparable energía que se activa cada vez que el grupo se pone a tocar. Once canciones grandes y locas, bulímicas y agrestes, que se antojan inabarcables a la primera pero que empiezan a destapar sus encantos poco a poco. Sí, siguen pareciendo un grupo con síndrome de Diógenes aunque resulte imposible encontrar ni una pizca de basura en su interior. Aquí, como en el cerdo, se aprovecha todo. Conclusión: aunque resulte difícil prever en qué desembocará todo esto de seguir por sendas tan dispara(ta)das, por ahora Wolf Parade se alza como el refugio indestructible de unos músicos en una envidiable forma física. El verdadero atrapasueños del indie norteamericano.

Cristian Rodríguez

Oh You, Old Thing

Cloud Shadow On The Mountain

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