Exile Exile

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Hurts HurtsExile

6.3 / 10

El éxito de Hurts hace cerca de tres años con su debut “Happiness” pilló a muchos por sorpresa. Revitalizando la balada de radiofórmula engominada y algún que otro número de pop sintético como “Better Than Love”, el dúo levantó pasiones en medio mundo con esa actitud neo-romántica guionizada que, aun así, se veía creíble y contaba con un sobrado arsenal de hits que siguen sonando igual de frescos como el primer día. Theo Hutchcraft y Adam Anderson en ningún momento quisieron disimular su propósito de ser grandes, de querer ser algo así como la nueva banda melodramática revienta-estadios. Por ello sorprende que en su segundo trabajo, este “Exile” que nos ocupa, hayan mutado su discurso con un disco que carece de carácter propio. Hurts suenan menos Hurts que nunca. Y, encima, han perdido gran parte de su encanto al endurecer su sonido y haber prescindido en gran medida de esos medios tiempos marca de la casa que tantos elogios les generó.

Punto número uno: por muy fan que seas de Depeche Mode, todo aquello que suene a copia de Dave Gahan y compañía te hace un flaco favor. El dúo ha querido explorar nuevas temáticas como el sexo y la muerte para la ocasión, pero no sabemos si por falta de ideas propias directamente han usurpado el espíritu más eléctrico de su idolatrada banda en temas como “Cupid”, ese anti-single de adelanto que supuso “The Road” y esa apertura que da título al largo donde Theo, además, copia los tics vocales de Matt Bellamy de Muse sin que nadie se lo haya pedido. La personalidad propia se echa en falta. Sin duda, podrían haberse ahorrado este parecido razonable tan descaradísimo.

Punto dos: pop inofensivo y ocasionalmente poco memorable. No sólo la sombra del “Princess Of China” de Coldplay sobrevuela en “Miracle” (el único single claro), sino que además hay momentos como “Sandman” (los coros aniñados deberían estar prohibidos por prescripción médica) o “Blind” donde parece que se hayan reencarnado en Take That. A rebufo de la moda del dubstep mainstream en “Mercy”, Hurts vuelven a dejar claro que de cara a “Exile” han querido tomar un camino facilón carente de genuinidad. Está por ver si sus fans más talibanes tragarán todo esto.

Punto tres, y último: el baladón relegado a un segundo plano. Los medios tiempos por capricho del tracklist se encuentran en su parte final. Probablemente, lo más disfrutable. Ahí están “The Crow”, la preferida de quien esto escribe, que deconstruye la célebre “Wicked Game” de Chris Isaak para narrarnos una historia de amor enterrada por los errores de pareja, o esa “Somebody To Die For” épicamente noña (aunque sobradamente efectiva en su cometido). Cuando el dúo se deja de tonterías y suena a lo que todos esperamos, siguen siendo ese emoticono del corazón que nos cautivó con su debut. Aunque eso sí, sólo en contadas ocasiones.

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