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Álbumes

The Haxan Cloak The Haxan CloakExcavation

9.1 / 10

“Excavation” pertenece al selecto club de los discos recientes que dan miedo. No en un sentido figurado, no como una exageración sin base, porque muchas veces hablamos por hablar: esto da miedo de verdad. Cuando lo pones puedes sentir un hedor reseco de gruta oscura, puedes sentir el frío. The Haxan Cloak ha hecho todo lo posible por sacar de su música cualquier rasgo de humanidad, calor o luz, y el sonido de su segundo álbum es una perfecta traducción del arte de portada –negro profundo, con algún rastro de blanco– y también de los tiempos que corren. De entrada parece extraño que algo así aparezca en un sello tan identificado con lo reluciente, el agua y los beats líquidos con adornos pop como es Tri Angle; sin embargo, en Tri Angle siempre ha habido una fascinación por la oscuridad y reclutar a Bobby Krlic es una maniobra muy hábil. Ya que no pueden tener (por ahora) a los máximos representantes de la onda oscura actual, el dúo Raime, había que aprovechar la opción de hacerse con The Haxan Cloak para su roster. Su primer disco, en 2011 ( “The Haxan Cloak”), nos descubrió un talento descomunal para la fabricación de atmósferas opresivas y la representación del mundo en su esterilidad, habitado por brujas y fantasmas; un paisaje que se puede interpretar de manera literal –una representación de un estado de ánimo desesperanzado como el de ahora en occidente– o de manera lírica/metafórica, abundando en la belleza de lo triste. Una imagen, esta sí, apropiada y conveniente para Tri Angle.

“Excavation” comienza donde se quedó “The Haxan Cloak”, refinando la tradición de la música esotérica inglesa –un poco de library music de los 70, otro poco de industrial en la línea de Coil o los más ambientales Throbbing Gristle– y acomodándola a un momento presente dominado por figuras como Demdike Stare, Raime o el belga Kreng. Y al comenzar a desarrollarse, lo que ha hecho Krlic ha sido excavar –de ahí el título– hacia el fondo, aún más hacia lo hondo y lo desconocido. No cuesta mucho imaginarse un gran taladro agujereando la tierra, abriendo una gruta hacia un espacio pavoroso, inhóspito y yermo: sin ser música industrial dolorosa, sí es cierto que las texturas conseguidas por el productor inglés cavan hasta el fondo de la psique y plantan en el cuerpo y la mente una sensación de inquietud, desasosiego y miedo. Desde el primer minuto ( “Consumed”), y sobre todo en la segunda pieza, “Excavation” (en dos partes), The Haxan Cloak se aplica a fondo sin piedad, cada vez maximizando el efecto opresivo –en “Mara” aparecen voces de psicofonía y una línea de bajo tan sutil, pero tan impactante, que afecta la estabilidad de las vísceras–, utilizando la percusión en golpes aislados que desatan una cadena de ecos deformantes. Imaginad esto escuchado a oscuras, a un volumen ensordecedor, en un lugar sin posibilidad de huida: sí, da miedo. Aterra.

Más allá del efecto subjetivo, la música en “Excavation” está elaborada con una precisión clínica. Es un perfecto disco de acompañamiento a “Quarter Turns Over A Living Line” de Raime, la continuación ideal después de que se haya acabado éste, o al revés, para prolongar una atmósfera difícil de conseguir, y aún más difícil de abandonar cuando se ha entrado en su loop obsesivo de distorsiones sutiles, drones que suenan como una cadena arrastrada por un suelo de gravilla y la sensación de estar delante de un paisaje quemado, apocalíptico, como el de “Miste”: sus cinco minutos y medio se hacen larguísimos, como si te asfixiaran con una almohada, y sin embargo hay una poética de la extinción muy difícil de mejorar. Quizá el primer tramo de “The Mirror Reflecting” (otra pieza en dos partes) sea el único momento de descanso de todo el disco, por la bajada de tensión; es un espejismo, porque la segunda toma prolonga el desasosiego, la ansiedad, multiplica los chirridos, refuerza el bajo, y no es hasta el final cuando The Haxan Cloak –como ocurriera en su legendario “Observatory EP”– echa mano de los beats: “Dieu” tiene trazos de techno lento (en paralelo al material que se edita en Blackest Ever Black), y todo llega a su clímax con los 13 minutos de “The Drop”, un cierre en el que por fin aparece la luz, pero una luz tibia y sin calor –es el efecto que crea un primer loop aparentemente amable–, vuelta a tapar por un arreglo de cuerdas estremecedor.

“Excavation” no deja margen para la duda: es una obra mayor, y uno de los discos que mejor recogen –volvemos a lo poético– la desesperación del presente. En lo sonoro es también una adicción, porque la manera en que The Haxan Cloak ha pintado su paisaje desolado hermosa en su derrota a la vez que violenta. Aunque duele, aunque plante la semilla del miedo, una vez que entras es imposible salir de aquí. Es un disco negro, de un negro perfecto.

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