Everyday Grace Everyday Grace

Álbumes

White Car White CarEveryday Grace

7.4 / 10

Elon Katz, el tipo que se esconde tras el alias White Car –junto a Orion Martin–, se refiere a este grupo como su proyecto pop, tras un breve pasado en las aguas fangosas de la improvisación analógica y el noise. Una descripción que puede inducir a equívocos, primero porque no estamos ante una banda pop al uso, y segundo, porque su música es enciclopédica; el desfile de géneros que pasan por su álbum de debut en Hippos In Tanks es interminable. Resulta, pues, curioso que Katz y Martin huyan de lo que llaman “fascismo del género”, o lo que es lo mismo, ponerse a enunciar todas las influencias que hay en su música. Más aún si describieron con gran acierto su primer EP, “No Better”, como “industrial space funk”. Irónico, vaya.

Igual que otros artistas de Hippos In Tanks, White Car comparten esa pasión por el hedonismo, la oscuridad y la nostalgia. Pero en lugar de querer sonar de manera idéntica que un polvoriento vinilo de una banda de mitades de los 80s que sólo cuatro gatos trasnochados recuerdan, el dúo reinterpreta ese discurso en clave moderna, es decir, con una producción cuidada a base de sintetizadores analógicos y digitales, cajas de ritmos, samplers y procesadores. La creación de “Everyday Grace”, su primer álbum, tuvo lugar durante casi todo 2011 en su propio estudio de Chicago, The Techno Dungeon (más adelante comprenderéis por qué este nombre es tan pertinente y elocuente).

Ponerte “Terminal Body” es imaginarte a Ron Hardy pinchándolo en el Music Box de la Windy City con todo el club patas arriba. Un corte que, además, ahonda en una de las obsesiones de White Car: la tecnología. Esa fijación se puede descifrar en medio de los siguientes versos: “Everywhere I go there is the right technology / Everything I am in just won’t let me be me”. No es tarea fácil intentar entender lo que Katz está cantando; probablemente sea algo premeditado, pero si hacemos caso a lo que se nos dice desde el sello, la narrativa tiene una alta carga de sexualidad, menciones sobre el abuso del tiempo y demás temas más propios de la ciencia-ficción, como la conexión virtual y física que se establece en las interacciones humanas. Son letras en las que, en los pocos momentos en los que la voz no está altamente procesada y distorsionada, se disciernen mensajes explícitos, casi militantes, una de las señas de identidad del aggro, referente palpable aquí. “The Factor” tiene un ritmo agresivo, con el tono de las voces modificado a su antojo, en lo que parece un cruce entre los Depeche Mode más ásperos (véase: “People Are People”) y la mala hostia belga de Front 242. Más malrollismo encontramos en “In The Second Month Of The Year” y en “She The Bodiless”, que imaginamos que será desde ya, una pieza esencial en los sets de EBM con los que a veces nos deleita nuestro idolatrado Ángel Molina.

La música de White Car no siempre es tan escurridiza. Lo demuestran en esa tan synth-pop “Feed Me”, muy Nine Inch Nails toda ella, y en la que, por cierto, se escucha la voz de su amiga y compañera de piso, Lindsay Powell, una de las colaboraciones que se pueden encontrar en “Everyday Grace”. El cierre también sirve para mostrar su vertiente más cálida . “Now We Continue” es una pieza a medio camino entre el electro-funk y el boogie que debe mucho a Prince, otra influencia explícita de Katz. Y si I-F escuchara algún día “When”, si es que no lo ha hecho ya, tras la erección que experimentaría se cagaría en lo que no está escrito por no incluirla en uno de los plásticos de Viewlexx o en cualquier otra de sus muchísimas plataformas.

Vuelve a asomar la cara menos amable de los 80s en un disco que suena a banda sonora imaginaria de David Cronenberg (el de la época, claro), y que repasa los muchísimos subgéneros que se derivaron de la música de baile durante esos años para meterlos todos juntos en un reconfortante cóctel que se convertirá en tu nuevo aliado indispensable para tus noches de ocio nocturno.

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